Slave Ambient Slave Ambient

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The War on Drugs The War on DrugsSlave Ambient

7.8 / 10

The War On Drugs  Slave Ambient SECRETLY CANADIAN

Se editan discos extremadamente dependientes del momento que les ve nacer y otros totalmente reacios a encorsetarse en él. Los más interesantes suelen ser los que combinan ambos enfoques, los que suenan clasicistas sin renunciar a las lecciones del momento, los que mezclan pasado y presente sin que se note la fricción. El segundo de The War On Drugs es uno de ellos. Planta cara al post-modernismo de muchos pasatiempos de temporada para subyugar con un clasicismo que requiere oídos entregados y pacientes. Es un gran disco de consagración en el que resuena como una tormenta tranquila la evolución alcanzada por el grupo desde el efusivo “Wagonwheel Blues” (2008) que les dio a conocer. Un disco que, en favor de huellas de mayor alcance, evita los excesos y el impacto inmediato de aquel, y que lo hace inoculando lo aprendido en el EP de tonos ambientales “Future Weather”, del que se retoman, con leves variaciones, tres temas.

Como en “Future Weather”, el discurso pertenece casi en solitario a Adam Granduciel, quien se ha rodeado de algunos de los mejores músicos de Filadelfia para registrar casi todo el disco a partir de primeras tomas. Escucharle decir que un tema como “Black Water” es el resultado improvisado de un arrebato de estudio, da buena cuenta de la claridad de ideas con que tuvo que afrontarse la grabación y de lo maduras que estaban por entonces las composiciones. El sonido final, tan denso como amortiguado, podría haberse compensado con más temas que echaran el ancla con fuerza –tipo las apabullantes “Your Love Is Calling My Name” y “Baby Missiles”–, pero, aún así, “Slave Ambient” suena como una robusta definición de intenciones y como un ejercicio de estilo reversible: es tanto un fantástico disco de post-rock como un notabilísimo ejercicio de americana.

Su reflejo en el espejo vendría a ser otro de los grandes discos rock del año, el borroso “Smoke Ring For My Halo”, de su ex-compañero de grupo Kurt Vile. La perezosa épica de Granduciel persigue el mismo ocaso cantautoril que aquel, y su capacidad para regenerar la tradición y mimetizarse con leyendas tipo Dylan o Springsteen (a quien puede releer con la misma fuerza que Arcade Fire) es igual de válida. Como ocurre en el último Vile, las lentes de “Slave Ambient” se empañan con vapores psicodélicos y su tejido sónico, que hilvana drones, sintetizadores y remolinos de guitarras, acaba convertido en un tapiz tan digno de Spacemen 3 como de U2. Además, la atención prestada a las texturas (ese nuevo amanecer de “The Animator” en clave Eno) no descuida en ningún momento el poderío de unas bellas letras que hablan sobre distancias en general –amores, amigos, lugares– ni tampoco los cimientos de unas estructuras erguidas con firmeza. Crecer así.

Cristian Rodríguez

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