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Álbumes

Mux Mool Mux MoolSkulltaste

8.8 / 10

Mux Mool  Skulltaste GHOSTLY INTERNATIONAL

En esto de los discos, encontrar la plena satisfacción es más difícil que verle las tetas a Julia Roberts. Por supuesto que hay grandes obras, pero casi nunca tienes la sensación de haber alcanzado un clímax completo; siempre hay alguna fisura, alguna disonancia, por muy pequeña que sea, que te impide desligar ese álbum de una simple nota. Los LPs que trascienden esa escala numérica y escapan acotaciones lingüísticas son casualidades imposibles, como la afloración de vida inteligente en un minúsculo planeta en los bastidores del universo o una canasta de espaldas desde la tercera grada del Staples Centre. Pero muy de vez en cuando, el mundo subatómico se alía para brindarnos esa maravillosa posibilidad y descubrir un disco que sabes que es especial porque te suena sencillamente perfecto. “Skulltaste” pertenece a esta escasa y bendita estirpe de creaciones atemporales que dejan muesca, una alineación de casualidades casi milagrosa, uno de esos discos, en suma, que conservas en tu iPod después de haber escrito la crítica. Hacía tiempo que no sentía semejante sacudida.

Lo de Mux Mool es mierda muy seria. El freak de Minneapolis – nerd confeso y admirador de Strak Trek: The Next Generation, lo que denota su buen gusto– ha ido cultivando un mundo interior cuya riqueza musical es inversamente proporcional a su capacidad de socialización. Encerrado en su casa, atiborrado de Red Bull, con la mirada perdida en su sintetizador como si fuera una lámpara de lava y después de haber dejado serios avisos en el EP “Viking Funeral”, Brian Lindgren despega a toda leche merced a una puesta de largo tan arrebatadora y deslumbrante que todavía veo puntos de luz cuando cierro los ojos. Aparentemente, la carcasa sonora de este coloso posee el mismo hormigón que hemos visto en la nueva hornada de alfareros del beat. Hip hop post Dilla, IDM, pop marciano, dubstep, paisajes emocionales estilo Boards of Canada, atmósferas musicales de videojuego retro, claps asonantes… Es inevitable pensar en Bibio, Lone, Free The Robots y compañía, pero a diferencia de lo que cabría esperar, aunque sea Mux Mool el nuevo, es el resto del mundo el que sale miniaturizado en la comparación. Utilizando el mismo sazonador que sus colegas, Lindgren ha conseguido facturar algo completamente excitante; ha sacado del buche una voz tan propia, tan fresca y tan nueva que produce hasta perplejidad.

El sintetizador se convierte en una herramienta fundamental para definir los contornos de un mundo con biorritmos hip hop (el grueso del cancionero, salvo dos temas bailables, se arrastra con beats a velocidad media), estética ultrafuturista y, quizás lo más acojonante del invento, las mejores melodías en 8-bits que he escuchado en toda mi puta vida. Cortes tan asombrosos como “Skulltaste” o “Wax Rose Saturday” son demostraciones fehacientes de lo bien que domina el chaval los sonidos de videojuego: los despoja de cualquier atisbo de infantilismo freakoide y les da un acabado emo-pop sencillamente perfecto. Y va más lejos, explorando la misma fórmula en “Death 9000” pero con vocoder, sintetizadores con la misma caspa de silicio del mejor Vangelis, ecos de IDM, Detroit a ful y un olfato perruno para la épica galáctica. Lo más chocante es que consigue escapar de la uniformidad sin renunciar a su estética, estirando los límites de un universo que se intuye en constante expansión y no para de crecer a medida que avanza la escucha.

En “1st And 4th” acude a los teclados venusianos de los Autechre de Amber y los salpica con un bajo perezoso y una melodía de sintes que haría que los Boards volviesen a Canadá y Sheffield se convirtiera en Portaventura. “Ballad Of Gloria Featherbottom” me recuerda enormemente a los LFO de “Advance”; joder, hasta me emociona, así de claro: sintes barrocos, producción recargada, drum’n’bass cósmico. También sus momentos más hip hop son puro cum laude. Pienso en “Hog Knuckles” porque parece una mezcla imposible de Dr. Octagon, Modeselektor y Dr. Dre, y en “Morning Strut”, algo tan loco que pone en evidencia al 70% de los beatmakers de rap que actualmente se las dan de incorruptibles y modernillos. Y no puedo para de teclear sin rendirme incondicionalmente a “Get Better, John”, desde ya la mejor canción del año y el tema que DJ Shadow lleva 8 años intentando grabar sin éxito. Un disco más grande que Dios. Todos en pie.

Óscar Broc

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