Skew Skew

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6.5 / 10

Skew Skew RCRD LBL

Si, tal y como se asegura en su hoja de promo, este joven de Rhode Island que responde al nombre de Skew asistió a un concierto de Iron Maiden con tan sólo seis años, entonces su debut homónimo es mucho más fácil de entender. Sustituya la guitarra por sintetizadores (cuanto más vintage, mejor), el virtuosismo por distorsión y la batería por una caja de ritmos (primitiva, claro), y tendrá la primera obra maestra del synth metal. ¿Ya está? ¿Sólo eso? Bueno, después de ese concierto, este joven cuyo nombre permanece en el anonimato parece que descubrió el hip hop, no es difícil imaginarse una post-adolescencia marcada por la electrónica de dormitorio, y uno de sus mayores logros hasta el momento es remezclar el “The Eraser” de Thom Yorke.

Todo eso se también se nota en "Skew" (RCRD LBL), un disco que hace de la economía de medios un modo de vida -aquí no hay nada que huela a software- y que recuerda por momentos a otro chalado coleccionista de equipo analógico como Dan Deacon, aunque su parte gamberra le acerca a los Modeselektor más primitivos. Con los alemanes comparte además sentido del humor, aunque sólo sea desde títulos como "Stadiums Are OK Too" o "Can I Get More Of Everything In The Monitors". No en vano, es famoso por sus mashups y su otro proyecto responde al nombre de I Love My MPC 2000 But I’ve Chosen Prog Metal.

Hasta aquí, bien. El problema surge después. Con el riff entre ceja y ceja, Skew arma sus canciones como si fuesen construcciones de Lego: encantadoras en su apariencia, pero de estructura extremadamente frágil. Y claro, cuando te lo juegas todo a una línea -ya salga de una Gibson o de un Akai- y un beat, más te vale que sean buenos. En los 50 minutos que dura "Skew", eso sólo lo encontramos a veces. La citada "Stadiums Are OK Too" engancha, en el punto medio entre lo naïf y lo macarra. En “Blood on Your Hands” se pone más oscuro y, por momentos, nos lo creemos. Pero en otras ocasiones, su simpleza pasa de ser entrañable a volverse desesperante, por mucho que añada capas de suciedad, una armónica en “Connections” o lo intente con beats un poco más complejos. Tanto es así que, sin ser ninguna maravilla, se agradece el remix de Eliot Lipp incluido como bonus track. Guillermo Arenas

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