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8 / 10

“Armchair hater, I wouldn't piss on your coffin but when I see your picture I draw dicks on it” [ “Hater de butacas, no mearía en tu ataúd pero cuando veo tu foto dibujo pollas en ella”]: Aesop Rock está de vuelta. Se trata de uno de los mejores letristas del rap (o si lo quieres ver de otra manera, un innecesario nerd lenguaraz que ni siquiera sabe rapear), que retoma las cosas ahí donde las dejó cinco años con el que es ya su sexto álbum de estudio, “Skelethon”. Tal y como se indica en la frase soez de más arriba, que se puede localizar hacia el final del álbum, Aesoo Rock sigue sin refinar en ese sentido sus palabras, ni simplificando su flow o sus construcciones líricas.

El timing del regreso de Aesop al mundo de la música unos meses después que El-P –el hombre responsable de lanzar sus anteriores tres álbumes en Definitive Jux a lo largo de la década pasada– es quizá sólo una coincidencia, aunque parezca perfecta. Los dos son posiblemente de los nombres más reconocibles de la era del rap independiente y responsables de algunas de sus mejores obras. Como ocurre con “Cancer 4 Cure” de El-P, lo que hace tan grande a “Skelethon” es, ante todo, que Aesop no ha cambiado los elementos clave que le convirtieron en un héroe popular del underground: aún es uno de los maestros de las palabras más elocuentes, aún le importan poco los estándares vocales establecidos del género, y sus letras –y los mundos reales e imaginarios que dibujan– aún son la cereza del pastel.

Para gente como yo, que crecimos con tipos como Aesop tiempo atrás, “Skelethon” es un perfecto recordatorio de que este tipo de hip hop ha envejecido relativamente bien pese a todas las críticas que generó en su momento. De hecho, el tipo de rap intransigente de Aesop es probablemente aún más relevante hoy, en un mundo en el que sus homólogos comerciales campan a sus anchas y en el que el conocimiento de la historia del rap se pierde a menudo entre una generación de fans que han crecido con internet como principal medio de descubrimiento musical. Para los que están leyendo esto y no crecieron con las primeras apariciones de Aesop y la hegemonía de Def Jux en la escena rap de la costa este, me gustaría pensar que “Skelethon” aún tiene el potencial de impactar de modo similar gracias a la singular visión de su creador.

¿Y qué hay de la música? Esto es internet a fin de cuentas y casi hemos llegado a las 400 palabras sin tener que incrustar un vídeo de Youtube (si quieres, puedes ver el videoclip oficial de “ZZZ Top” aquí abajo todas las veces que quieras, merece la pena). La música de “Skelethon” es buena y completamente autoproducida, esta vez aportando al álbum un sentido de cohesión que a veces faltaba en anteriores producciones. Musicalmente hablando, las producciones consiguen mantenerse fieles a los orígenes de Aesop con estados de ánimo oscuros y meditabundos construidos sobre breaks potentes, cortes inteligentes y capas densas que actúan como la cama perfecta para los, a menudo, complejos patrones rítmicos y las historias en las que Aesop gusta recrearse. Es casi como si pudieses escuchar la música de Aesop en distintos niveles: puedes escuchar tanto la letra como la música como un todo, perdiéndote en las capas, o te puedes centrar únicamente en las letras y entrar en las ideas y mundos que Aesop construye. La manera en la que escojas aproximarte depende de dónde lo estés consumiendo: los viajes en transporte público son geniales para lo segundo, y la escucha en casa es mejor para lo primero. Hay un fuerte aroma rock en buena parte de “Skelethon” también, al parecer ayudado por invitados como Kimya Dawson, Hanni El Khatib y Allyson Barker. Los puntos fuertes incluyen “Ruby ‘81”, un tema sin beat construido a partir de sonidos de multitudes y sintes pulsantes, “Crows 1”, con su extraño break rodante, melodías melancólicas y un coro endemoniadamente pegadizo, y las guitarra y los breaks troceados del tema de apertura, “Leisureforce”. Aesop parece satisfacerse en una inclinación hacia los redobles de tambor en la producción de este álbum también: no está mal, es interesante. En última instancia, y a diferencia de muchos lanzamientos de rap más modernos, las partes instrumentales de “Skelethon” no son tan buenas sin la voz de Aesop por encima, pero son una parte clave un todo integral que fluye remarcablemente bien a través de sus 15 pistas, aunque después de múltiples escuchas se vuelve ligeramente repetitivo –algunas de las pistas funcionan increíblemente bien por su cuenta, de todos modos.

Por lo que se refiere a las letras, es fácil imaginarse las críticas por ser resueltamente obtusas y complejas. Aunque Aesop lo hace, de nuevo, por pura diversión. Eso sería olvidarse, de todos modos, de lo que hace a su música tan disfrutable: cribar de entre las densas letras todas las metáforas y las sinalefas vocales para encontrar tus propios significados y entendimientos, robando fragmentos para repetírtelos a ti mismo todo el día. Aesop se sitúa en un extremo del espectro rap –especialmente si escarbas en los rincones menos populares del género–, ese extremo en el que se han echado en falta voces reconocibles y establecidas como la suya. Por todas estas razones, es bueno tenerle de vuelta.

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