Skeletal Lamping Skeletal Lamping

Álbumes

Of Montreal Of MontrealSkeletal Lamping

8.3 / 10

Of Montreal Skeletal Lamping

POLYVINYLUn fugaz vistazo por la red y ya he sido testigo de los primeros palos que se ha llevado el último disco de Of Montreal. No los encuentro merecidos, aunque parece que es lo que andaba buscando ese geniecillo que es Kevin Barnes. “The Sunlandic Twins” marcó un pico en su carrera, destapándose en él como un brillante autor de canciones vitalistas y redondas con un toque imprevisible. Pero “Skeletal Lamping” plantea un desafío que algunos no entenderán: el de Athens (la misma ciudad de REM) se olvida de moldear sus canciones y nos ofrece su subconsciente en una bandeja tal y como le salió. Así, el noveno disco de Of Montreal es un desorbitado y destartalado trabajo de vaciado que igual merecía una edición posterior de sus autores para eliminar la paja. Pero también se hace valer como un deslumbrante ejercicio de retales pop, funk, disco o lo que le dé la gana al incontrolado de Barnes. Para entendernos: las canciones no tienen un principio ni un final. Cada una parece contener dos o tres dentro de ella. El propio grupo aseguró que la línea de trabajo consistió en ensamblar pequeñas piezas de diferentes estilos de no más de cincuenta segundos cada una. Y a ver lo que salía. Me temo que buena parte de los fans del grupo pondrán el grito en el cielo ante la alarmante falta de cohesión, ahora que los innumerables destellos de Of Montreal poco quieren saber de estructuras, estribillos y corsés. Si pudiera hacer un ruego les pediría paciencia: en este cajón de sastre hay más oro que chatarra.Repasemos algunas de sus canciones. Con “Wicked Wisdom” los fans de Syd Barrett pasarán en un suspiro de la emoción a la perplejidad, al ser testigos de cómo Barnes cercena su encanto psicodélico para dar paso bruscamente a un ritmo electrónico algo opresivo. “An Eluardian Instant” iba para hit disco-pop, pero su autor nos corta el rollo para reflexionar en voz bajita. “St. Exquisite’s Confessions” es pura balada Prince hasta que deciden que aquello debe concluir al son de un funk psicodélico aprendido en los surcos de “Parade”. Si podemos dominar los nervios por la falta de unidad (tan sólo respetada en “Id Engager”, contagioso single de house-pop), descubriremos un “Sergeant Pepper’s Lonely Hearts Club Band” contemporáneo conducido a territorio funk por un perverso guía. O a Lewis Carroll boicoteando un disco de Parliament. O a Brian Wilson confundiendo las tablas de surf con los pantalones de campana. O cualquier cosa que puedan imaginar. Pocos discos muestran a su autor en semejante estado de brillante (y poco complaciente) incontinencia. César Estabiel

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