Six Cups of Rebel Six Cups of Rebel

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Lindstrøm LindstrømSix Cups of Rebel

7.8 / 10

¡Qué aburrido sería todo si no existiesen volantazos estilísticos como los de este disco! En “Six Cups of Rebel”, el noruego Lindstrøm opta por darle la espalda casi completamente a la oleada de cosmic disco de la que él mismo fue su representante más popular hace unos años para intentar un funk-disco progresivo en el que apenas caben pequeños toques cósmicos. El cambio resulta tan brusco que muchos de los que admiraron su anterior álbum probablemente no le darán más de una oportunidad debido a que, en sus primeras escuchas, ciertamente se hace difícil de digerir.

Parece ser que a Lindstrøm no le ha sentado muy bien la unanimidad crítica respecto a su anterior trabajo, “Where You Go I Go Too”, a juzgar por las referencias que está dando en las entrevistas: la noche de amor loca con el vocoder de Neil Young en “Trans” o el lado más inquieto e incluso cercano a la vanguardia electrónica europea de la era Vangelis en “Beauborg” no aportan pistas en el plano sonoro más allá de resultar, ambas, rarezas dentro de las carreras de sus respectivos creadores. Eso es lo que es este trabajo, una rareza, pues Lindstrøm parece querer alejarse lo más posible del sonido de su álbum anterior.

Es esta misma intención kamikaze, a partir de una apuesta estilística parecida, bordeando el exceso y la brocha gorda, con actitud rock y fijación por sonidos de los 80s, que ya habían explorado en la pasada década, con más o menos suerte, Daft Punk, LCD Soundsystem o Justice. Pero lo más interesante es que la apuesta maximalista de Lindstrøm llega tan sólo unos meses después de que Gang Gang Dance abriesen su “Eye Contact” con una frase – “I can hear everything, it’s everything time”– que gente como James Ferraro quieren convertir en icónica, mientras que críticos como Simon Reynolds la consideran representativa de los modos de consumir canciones por parte de la generación que ha crecido escuchando música en internet. Esa frase puede aplicarse perfectamente al que parecer ser el interés de Lindstrøm: hacernos sentir como el alienígena interpretado por David Bowie en “The Man Who Fell To Earth” cuando procesaba simultáneamente la información procedente de varias televisiones, una secuencia premonitoria de nuestros hábitos informáticos actuales, en los que ventanas y pestañas se multiplican sin descanso en la pantalla del ordenador.

Pero “Six Cups of Rebel” se puede comparar sobre todo a uno de los discos clave del año pasado: el “Glass Swords” de Rustie. Ambos comparten atracción por el rock progresivo que, en el caso de Rustie, servía para canalizar toda una serie de influencias y estímulos sonoros en algo coherente que se pudiese reconocer como su propio sonido. La diferencia entre ambos es que Lindstrøm no pertenece por edad a la misma generación que Rustie, y eso, quizás, se nota en el hecho de que mientras el británico se mueve como pez en el agua entre la superabundancia sonora, Lindstrøm acumula capas verticalmente hasta el punto de resultar asfixiante.

Así, la épica y el escamoteo continuo de la liberación de tensión sustituyen al pastoralismo cósmico desde el comienzo con ese bloque de mármol catedralicio que es “No Release” –revelador título, por supuesto–, que desemboca en “Deja Vu”, en cuya letra insiste: “I can’t get no release”. El resto del disco prosigue en el mismo estado de exaltación incansable e hiperactiva, entre funky-disco cósmico ( “Magik”), borbotones ácidos ( “Six Cups Of Rebel”), fulgores disco ( “Quiet Place To Live”), fluctuaciones rítmicas entre el regimentado 4x4 y formas más libres, que acaban convergiendo en “Hina”, corte proyectado, esta vez sí, al espacio.

Lindstrøm ha dicho que no está seguro de si espera que la gente baile con este álbum, aunque es un disco que transmite esa sensación profundamente inmersiva, muy física, que persigue estirar hasta el infinito cada uno de sus momentos climáticos. Excesivo y épico, sí. Irritante, sobre todo para los que buscaban una segunda parte de “Where You Go I Go Too”, también. Dificil, sobre todo al principio. Pero lo que es innegable es que se nota que cada segundo está planeado con mucho cuidado, demostrando un manejo de sus capacidades sin el que un proyecto de las dimensiones épicas que tiene “Six Cup of Rebel” habría sido un absoluto fracaso.

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