Sisterworld Sisterworld

Álbumes

Liars LiarsSisterworld

8.3 / 10

Liars  Sisterworld MUTE / PIAS SPAIN

Desde la comodidad de casa, mientras la calefacción funciona a todo trapo y uno tiene a mano cualquier divertimento para matar el tiempo, nos sentimos a salvo de cualquier peligro. Pero fuera de nuestra fortaleza, una distopía que no entiende de ética ni de valores prosigue su maléfico curso. La ciudad de Los Ángeles es un buen ejemplo, y más teniendo en cuenta que todavía colea la última gala de los Oscar. Detrás de esos decorados de cartón-piedra, el glamour hollywoodiense cohabita con una realidad muy diferente de la que las majorsnos han vendido durante décadas. El sueño americano es un mero espejismo, una sarta de mentiras que no hacen puñetera gracia a nadie. Y Angus Andrew lo sabe de primera mano. El líder de Liars salió de su casa un buen día y se topó con un tiroteo. El pan de cada día en los suburbios, dirán algunos. Pero Andrew encontró en ese momento el punto de partida de “Sisterworld”. Un lugar sin nombre, de claroscuros enfermizos, interesante para visitar un día puntual, pero cancerígeno si uno pretende permanecer ahí de por vida.

Liars vuelven a la carga con su quinto álbum de estudio, que a su vez representa la vuelta a Estados Unidos –Los Ángeles, para ser más exactos– después de su etapa berlinesa. “Sisterworld”, producido por Jon Brion y Tom Biller, no significa ninguna vuelta de tuerca a su sonido, sino más bien una ecléctica simbiosis de lo que nos habían mostrado en sus anteriores entregas. De aquel espejismo de fiereza art-punk con el que se cruzaban miradas con Radio 4, The Rapture y otras piezas angulares de la escena neoyorquina de principios de la pasada década ya no queda nada, ningún resquicio. Como mucho esa irónica “The Overachievers”–épicamente shoegazer– que pone en tela de juicio la idea de que los coches ecológicos nos vayan a salvar de los males a los que la madre Tierra está condenada. Liars, como hiciera la tropa de Thom Yorke en “Kid A”, dejó claro con su segundo álbum, “They Were Wrong, So We Drowned”, que se pasaban por el forro el hype y la atención mediática facturando un disco incomprendido en su momento pero con una embrujada atmosfera que se mantiene inalterable cuando uno lo rescata de la discoteca particular. Nunca nos lo han puesto fácil, y se agradece.

La experimentación sonora sigue siendo bienvenida en “Sisterworld”, aparentemente su largo más melódico –si es que esta etiqueta se le puede adjudicar a la banda–. “Drip” –a la que algunos dicen encontrar similitudes con las texturas del “Pulk/Pull Revolving Doors” de Radiohead”–, con ese tortuoso fraseado de piano ejecutado de manera mecánica, o incluso “No Barrier Fun” –un ejercicio de hipnotismo sobrecogedor en el que una línea de bajo queda sepultado por una percusión muy marcada, engalanada con un violonchelo, y que bien podría haber sido entonado por Beck–, no se alejan en exceso de los postulados cerebrales de “Drum’s Not Dead”. Aunque temas como el punto de inicio a lo Nick Cave ( “Scissor”), capaz de pasar de la aparente calma a un festín de frenesí punk gracias a esas guitarras distorsionadas y una batería que emerge del inframundo; o “Proud evolution”, que refljea lo inexorable de la vida en la ciudad en clave de krautrock y dream pop enfermizo; e incluso la grandiosa “Scarecrows On A Killer Slant”–un pulso post-industrial a lo Lard que podría ser una reinterpretación psicótica del “Peter Gunn Theme” de Henry Mancini–, valen su peso en oro en un álbum donde la muerte campa a sus anchas como nunca antes lo había hecho en la discografía de Liars. Para muestra, un botón: la autodestructiva “Too Much Too Much” o “Drop Dead”. “ How can they be saved from the way they live every day […] Stand them in the street with the gun and then kill them all”, entona Andrew en la revisión que hace del trágico tiroteo que, por casualidades de la vida, tuvo que contemplar en primera fila. Pero no se asusten, a pesar del nihilismo imperante en “Scarecrows On A Killer Slant”, la banda no nos sugiere que desenfundemos una arma y nos tomemos la justicia por nuestra mano, sino más bien que cohabitemos con esta desgraciada situación y nos enfrentemos a la realidad. ¿Quizás dándonos la vuelta y pasando de todo?

Aquellos que tengan la oportunidad de hacerse con la edición especial del álbum se encontraran con once versiones en las que Atlas Sound, Thom Yorke, Melvins o Devendra Banhart –entre otros– reinterpretan piezas del álbum a su manera. Podrían haber tirado de remixes perfectamente, pero el segundo compacto, por méritos propios, se convierte en una obra independiente harto degustable y con algún momento poco inspirado como el “No Barrier Fun” que se marca Alan Vega de Suicide, bajo el nombre Duetonal, y en el que únicamente se limita a actuar de corista sobre la pista original. La versión de “Proud Evolution” de Yorke –nos hace rescatar inevitablemente el “Amnesiac”, dada su delicada vertiente atmosférico-electrónica–; el ensoñador “Here Comes All The People” que firma Bradford Cox –Atlas Sound– o los arreglos vocales que el frontman de TV on the Radio, Tunde Adebimpe, se atreve a formular en “ Scarecrows On A Killer Slant” –el “Medúlla” de Björk ha hecho mucho daño–, no hacen más que acrecentar la idea de Liars como una de esas bandas que, habiendo ido por libre durante una década, se han ganado a pulso el estatus y el respeto del que gozan en estos días.

Sergio del Amo

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar