Singular Forms (Sometimes Repeated) Singular Forms (Sometimes Repeated)

Álbumes

Sylvain Chauveau Sylvain ChauveauSingular Forms (Sometimes Repeated)

8 / 10

Sylvain Chauveau Singular Forms (Sometimes Repeated) TYPE

Algo sucede en el pequeño universo de los artistas neoclásicos y en sus galaxias adyacentes, en ese lugar donde los arreglos de cuerda son siempre temblorosos, los metales se dejan crecer con parsimonia, la electrónica sirve para puntuar los ambientes y los pianos de cola asumen un papel director. Algo sucede porque, de unos meses a esta parte, las voces han ido adquiriendo cada vez más protagonismo, ganando espacio en el interior de unas composiciones que hasta entonces habían lucido con orgullo su condición instrumental. Es una evolución que se puede palpar en discos recientes, como “Die Alten Bösen Lieder”, de Vindicatrix, o el (enorme) “Chunk” de Denseland: discos que parten de postulados experimentales, que mezclan lenguajes compositivos clásicos con estrategias de manipulación sonora, pero que sobre todo sitúan en su centro de gravedad una intensa interpretación vocal, cuyo fin último consiste en reinterpretar maneras habituales de la tradición crooner. Es difícil de explicar el porqué de este interés repentino: siempre es posible que la casualidad tenga algo que ver, pero yo prefiero pensar que existe, tanto por parte de los artistas como de los sellos, una voluntad por investigar formatos más constreñidos, por acercarse a una formulación clásica de canción para después someterla a mutaciones y malformaciones.

Es en esta (ejem) corriente donde se inscribe el noveno disco, proyectos paralelos aparte, del francés Sylvain Chauveau, un “Singular Forms (Sometimes Repeated)” de apariencia frágil y sencilla, que para su construcción (o mejor dicho, deconstrucción) apenas utiliza pianos, voces y discretos toques de electrónica. Claro que a Chauveau no cabe acusarle de oportunismo: ya utilizó su voz para “Down To The Bone” (2005), una muy particular revisión del cancionero de Depeche Mode en el que clásicos como “Enjoy The Silence” o “Never Let Me Down Again” recibían un tratamiento acústico, desnudo en su mayor parte de efectos y electricidad (de ahí el título del disco, claro), y tampoco hay que despreciar la influencia que pueda tener en todo esto su novia, Felicia Atkinson, que compone canciones donde la voz sirve como eje central. Canciones a las que Chauveau suele aportar música y arreglos, como en el interesante “Roman Anglais” (2008).

“Singular Forms (Sometimes Repeated)” tiene algo de esos dos discos. Ya hemos dicho que el adjetivo que mejor lo define es frágil: como ya sucedía en “Down To The Bone”, la mayoría de las canciones que hay aquí dentro parecen siempre a punto de romperse, una sensación que se intensifica porque las composiciones propias de Chauveau son mucho más dispersas que las de Martin L. Gore, y en ellas cada golpe de piano podría ser el último, cada frase parece conducir al silencio. La lógica que las guía, en fin, tiene poco que ver con el concepto clásico de canción, y ahí es donde entra en juego la experiencia junto a Atkinson: no existe una estructura de verso-estribillo a la que agarrarse, sino una narrativa fluvial, anclada a ratos al impresionista devenir de un piano que gusta de regodearse en los silencios y en las repeticiones (la comparación con Erik Satie, una influencia que Chauveau nunca ha escondido, es inevitable), y a ratos acariciada por el suave murmullo de un drone. Y es que el discreto papel de la electrónica que también anunciábamos más arriba consiste precisamente en eso: en fondos cargados de electricidad estática, en delicados ronroneos analógicos, en chispazos ocasionales que interrumpen el flujo de la canción. Arreglos que intensifican el aire de misterio que rodea a tan singular obra, y que raramente ocupan el primer plano: sólo en momentos puntuales, como la segunda parte de “The Unbroken Line”, se atreven a levantar la voz. Breves instantes de agitación cuya misión es acrecentar la belleza de un disco escueto, apenas roza la media hora, pero cargado de inspiración.

Vidal Romer o

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar