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Eluvium EluviumSimiles

7.8 / 10

Eluvium  Similes TEMPORARY RESIDENCE LIMITED / POPSTOCK!Además de uno de los mejores discos de 2007 y también de la década que abandonamos hace ya un trimestre, “Copia” se convirtió en el canto de cisne de Eluvium tal y como habíamos conocido el proyecto hasta ese momento. Matthew Cooper, su líder, artífice y responsable, adquirió en ese álbum estatus de auteur total del círculo del nuevo ambient gracias, en buena parte, a una propuesta ambiciosa, de trazo dramático y proyección neoclásica que vaciaba las entrañas emocionales, expresivas y creativas de su creador y le permitía avanzar un paso hacia delante en su propio periplo artístico. El tema de despedida del disco, “Repose In Blue”, tenía mucho, a su vez, de conclusión consciente de una etapa, un periodo, un modus operandi o una visión, pero mientras retumbaban los fuegos artificiales sobre un mantra ambiental de sintetizadores hanszimmerianos se estaba cociendo un punto y aparte en su trayectoria que ahora, con “Similes” encima de la mesa, entendemos y comprendemos con más perspectiva y detalles.

En la primera toma de contacto, este regreso se caracteriza, claro, por la inclusión de elementos vocales y cantados en el discurso. Hasta hoy íntegramente instrumental, y de evidente vocación atmosférica, el lenguaje sonoro de Eluvium se había concentrado en la exploración estética y emocional del ambient al uso desde diversas opciones, ya fuera a piano solo, con orquestación y arreglos de cuerda o mediante sintetizadores cósmicos, pero siempre respetando, en cierto modo, los códigos más o menos establecidos del género. En esta ocasión, y como atrevida y valiente medida de motivación, inspiración y reinvención, Cooper ha optado por añadirle su voz al contexto. Es una voz grave, neutra, algo fantasmagórica, a medio camino entre un Ian Curtis sin arrebatos epilépticos y el Brian Eno de finales de los 70. De hecho, “Similes” es un disco que bebe, diría que incluso demasiado, de “Before And After Science”, convertido en brújula de un artista que ha tenido los bemoles de cambiar parcialmente de tercio para no consumirse en su propia inercia.

Es cierto que, a la postre, sobre el terreno, el añadido vocal no resulta tan traumático, sorprendente o chocante como se podía imaginar. Me refiero al hecho de que no es un elemento que acabe destacando con la fuerza y personalidad que pensaba, no rompe ni fragmenta el trasfondo musical; sencillamente lo adorna, lo reformula, lo enriquece y le da un aire más terrenal y orgánico. Sí genera más contrastes, e incluso alguna duda, el acompañamiento novedoso de ciertos pasajes rítmicos y el jugueteo con guitarras y distorsión, que en balance pueden desestabilizar más el poso ambiental e hipnótico de su propuesta, aunque en ningún caso parecen pegotes o excusas improvisadas sobre la marcha. La idea, creo, es darle un pulso más dinámico y vivo al conjunto, acercarse desde su propio universo a una óptica más “pop”, por llamarlo de alguna manera, y, de esta forma, desatascar el embudo ambient en el que andaba metido hasta la fecha. También el de componer algo más parecido a un concepto de canción, que era una característica todavía inaudita en su currículo.

Con este cambio Eluvium ha dejado por el camino una parte de la emoción, el clímax, la épica y el impacto epidérmico de sus highlights, pero a su vez ha ganado tiempo, espacio, agilidad, proyección y concreción. Y mantiene intactos, a salvo, algunos de los rasgos fundamentales de su personalidad: su capacidad evocadora, intensificada ahora más, si cabe, por unas letras que apelan al insomnio, la vigilia, la incertidumbre y cierta morriña; su elegancia y sensibilidad formal, con una refinadísima puesta en escena en la que los pianos repetitivos, el feedback dronístico, alguna percusión liviana y la voz apagada y monótona de Cooper forman un ensemble impecable e implacable; y, por supuesto, su defensa a ultranza de un ambient humanizado, con pulso y alma, que desmiente todos los tópicos habidos y por haber sobre el género. Anda lejos de “Copia” y “Talk Amongst The Trees”, todavía hoy sus obras cumbre, pero eso no debería manchar u ocultar sus méritos, que los tiene a paladas, y, sobre todo, su relevancia dentro de la propia historia del proyecto, pues “Similes” tiene toda la pinta de acabar convertido en germen y anticipo deliberado de un apasionante y, me la juego, trascendente cambio de rumbo sonoro en su trayectoria.

Julio Pardo

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