Silly Symphonies Silly Symphonies

Álbumes

Mendetz MendetzSilly Symphonies

7.3 / 10

MUSIC BUS / WARNER

Mendetz, una evolución en tres fases. Primero fueron los comienzos, evidentemente, con aquel primer disco en Sinnamon, “Mendetz” (2006), que se promocionó usando demasiado la muletilla ‘casio-punk’ para definir unas canciones impetuosas con adornos electrónicos de baja fidelidad y mucho optimismo. El casio-punk, que era una broma, se liquidó en “Souvenir” (2009), un segundo álbum maximalista, de piezas barrocas que incluían hasta dos y tres canciones distintas dentro de cada canción, y que podía tomarse tanto como una aventura por los pasadizos secretos del sonido pop –uno que conducía a Daft Punk, otro a New Order– como un pequeño dolor de cabeza. Y ahora “Silly Symphonies”, que es como “Souvenir” con solo una canción dentro de cada canción: depurado, exacto, inspirado en los hooks, sin rodeos y concluyendo cada corte del álbum en los estándares de tiempo de la buena canción pop, tres o cuatro minutos por lo normal. En conclusión, su mejor disco, uno de esos títulos que a una banda le ayudan a dar un paso adelante.

Mendetz parecen haberse estudiado bien ese “Souvenir” –más que parecen, deben: lo llevan tocando en directo por toda España desde hace dos años– y detectado sus virtudes y sus debilidades. Desde mi punto de vista, las virtudes son numerosas y apetecibles: los barceloneses viven en un mundo feliz en el que las permanentes conexiones con los 80s y su positivismo, y los 90s y su música de baile popular de raíz francesa, que saben poner en primer plano sin que parezca un intento forzado. Se nota un mundo interior rico y unas sinceras ganas de compartir, disfrutar y hacer olvidar los malos momentos. Por eso sus canciones, cuando dan con el resorte adecuado que activa el estribillo memorable –y en “Silly Symphonies” hay unos cuantos en tan sólo diez cortes: “2012”, “Hap Your Clands”, “Plasticine”, “Spam” y me olvido alguna más–, multiplican el efecto de hermandad. Están en esa categoría de bandas que te pueden alegrar un día, algo que no es tan fácil como parece. En cuanto a los defectos de “Souvenir” que se han pulido en “Silly Symphonies”, básicamente uno: la dispersión, la acumulación. Aquél era un disco que tenía el optimismo, el acierto y la fiesta, pero condensada a presión en una pelota de ideas que no se desarrollaban completas, era un cut’n’paste que a efectos dance podía funcionar –como funcionan los directos de Girl Talk–, pero que esclavizaba las canciones con un síndrome de déficit de atención severo.

Pero desde que empieza “2012”, aquí hay concentración –en los dos sentidos de la palabra concentrar: las ideas están apretadas en un nugget pop-dance sin sobrantes ni distracciones, y con todos los sentidos alerta para afinar, desde la privacidad de los Abuelita Estudios de Barcelona, cualquier elemento importante, desde la entonación de Stefano Maccarrone al más discreto ruidito, ondulación o zumbido salido de las máquinas de Jan Martí–. Desde que empieza “Plasticine”, también, hay olfato melódico, una cacería –como en el vídeo, protagonizado por Miguel Noguera– en pos del gancho que se graba en la memoria y no se olvida. Hay veces en que esos estribillos no acaban de salir redondos –sí elípticos, como en “Between Sleep And Awake” o “Escalera”, que si tuvieran que ser single algún día deberían esperar turno, por su condición de anti-hits–, pero cuando salen bien, y eso es casi siempre, se recuerdan pasados unos días, por sorpresa, en la ducha.

Además, hay esta sensación de disco en el que se ha echado el resto, como si fuera la última oportunidad y no hubiera margen de error: “2012” puede ser una referencia al supuesto apocalipsis que, según los Mayas, sobrevendrá dentro de doce meses, algo que confirman los créditos vocoderizados de “B.Y.E.”, donde se avisa de que “Silly Symphonies” fue grabado el año anterior al del fin del mundo. Y eso incluye una postdata en elipsis, una moraleja final: Mendetz querían, DESEABAN, hacer ese álbum que puede acompañarte en los malos momentos y transformar la situación, ayudarte a sacar una sonrisa de donde no la hay. Y creo que lo han conseguido. También creo que el margen de perfeccionamiento todavía es amplio y que, si el mundo no se acaba, el cuarto álbum de Mendetz va a ser, aunque ahora parezca imposible, todavía mejor.

Mario G. Sinde

Mendetz - Plasticine from Video Exclusives // Playground on Vimeo.

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