Signals Signals

Álbumes

Wen WenSignals

8 / 10

El grime es un género con más de una década de vida, y en este tiempo sus únicas incursiones en el mainstream han venido de la mano de rappers que, en algunas de las fases de su carrera, han intentado un crossover hacia el pop: a Dizzy Rascal le salió bien, a Kano bastante mal, y a Wiley a ratos, porque su caso es el de un chaquetero a conveniencia que ha sabido nadar y guardar la ropa, pillar billetes cuando el underground se despistaba y volver a las catacumbas como si no pasara nada. Pero donde de verdad se cuece el grime bueno y verdadero es en las alcantarillas del clubbing británico, de ahí surgió, ahí volvió cuando el dubstep le sustituyó como género preferido de la juventud, y de ahí regresó hace unos años de la mano de una segunda generación de beatmakers con mayores conocimientos de ingeniería de sonido y un uso de texturas más espaciosas. De esa camada, en la que están Logos, Mumdance o el imprescindible Visionist, es de la que también ha mamado Wen (Owen Darby es su nombre real), un protegido del sello Keysound con trayectoria aún breve, pero ya muy madura. “Signals” es la prueba.

Tras un puñado de EPs, remixes estratégicos y mucho spinning de dubplates en garitos oscuros, este primer álbum de Wen viene a codificar de manera ambiciosa cómo suena el nu-grime. La mugre original asociada al sonido se ha ido por el desagüe y ahora es un audio aseado, con pátina brillante, aunque igualmente duro a primera escucha y frío al tacto. En el caso de Wen, su opción es la de sacarle toda la herrumbre gratuita a los viejos beats de Roll Deep (en el caso de “Play Your Corner”, donde rapea Riko, incluso hay rastro de los samples de acordeón) y obtener como resultado la versión más minimalista, concisa y envolvente de lo que hacía tiempo después Terror Danjah en solitario. A lo largo de todo “Signals”, Wen le da giros de tuerca a conveniencia a toda la tradición ‘tech’ del hardcore británico: él es al grime (o debería ser al tiempo) lo que Ed Rush fue al drum’n’bass o Shackleton al dubstep, un cirujano meticuloso que hiende su bisturí en la costura oportuna y que hace un trabajo fino, aunque derrochando sangre. Wen tiene la habilidad de propinar golpes sutiles en el oído como palmetazos de karateka, dejar moratón y además hacerlo con la sutileza (sígase la línea de bajos en “You Know” o “Vampin’”) de un código morse. Otro disco de referencia, aunque no definitivo, que debemos añadir al árbol genealógico del continuum hardcore.

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