Sidetracked Sidetracked

Álbumes

Hercules & Love Affair Hercules & Love AffairSidetracked

7.9 / 10

Hercules & Love Affair  Sidetracked RENAISSANCE / PIAS SPIAN

Quienes querían disentir de Andrew Butler y su carnaval disco tenían argumentos muy pobres. Uno, que el directo no estaba bien rodado y la cantante con pinta de adicta al caballo desafinaba como una almeja. Vale, pero nadie dijo que hubiera que ir a ver conciertos de un proyecto que coquetea con el disco y el old school house: ya sabemos desde los años ochenta que suelen ser todos una mierda o una performance en playback, mientras los discos, que es lo que realmente importa en esta vida, merecerían engarces de diamante. Otra pega, que la cosa es muy, pero que muy gay. Sí, claro, pero como bien dijo Risto Mejide, “los heteros también tenemos orificios”, y no está bien discriminar la música por su orientación sexual, sino por su pobreza estética: en su casa que hagan lo que quieran, como si quieren jugar al Monopoly. ¿Algún argumento más en contra? Ah, sí, que el disco no acabó de ser tan bueno como prometía “Blind”, aquel single con Antony haciendo de Adeva con algún gallo. Vale, no es la mayor obra maestra del neo-retro-house, pero un notable altísimo se lo ganaba sin mucho esfuerzo. Y así podríamos seguir hasta el primer bostezo.

“Hercules & Love Affair” ( DFA, 2008) es un álbum clave para comprender la pujanza de lo disco –que no tanto lo cósmico; su substrato es otro– en la coyuntura actual. Era un manifiesto de fidelidad a Chicago y Nueva York de noche y hace veinte, veinticinco años, cuando lo único que fastidiaba la fiesta era el sida mientras todo lo demás venía de cara: tecnología emergente en forma de nuevas cajas de ritmos, clubes vírgenes de pasado, el resurgimiento de la cultura negra fuera del hip hop, la venganza del DJ y otras mitologías del albor del house. Además, Andrew Butler y su cuadrilla lo hacían pop, lo ponían accesible –que no es lo mismo que masticadito y asqueroseado– a un público general que seguro que nunca antes había oído hablar de Colonel Abrams o Marshall Jefferson, y además transmitía las dos virtudes fundamentales que hay que encontrar en Hercules & Love Affair: pasión y conocimiento sólido de la materia.

Andrew Butler es de los que, de la mano de Tim Goldsworthy –socio de James Murphy en DFA–, se recorría las tiendas de antigüedades vinílicas del downtown de Manhattan y la zona guapa de Brooklyn para saquearlas de maxis de cuando el disco era rey, y más adelante también. En otras palabras: que aunque no presume de enciclopedismo, como Diderot, el hombre que se hace llamar Hercules tiene su buena colección, su punto de vista, sus muchos tiros pegados en esta guerra, y además fue DJ antes incluso que persona, es decir, que la producción le llegó como algo natural después de mucho tiempo dedicado a la aguja y el surco, al fader y a calentar la pista. Ahora, el muy comercial sello inglés Renaissance –comercial porque opera fundamentalmente en el circuito del house progresivo, aunque con una buena y regenerada cartera de artistas– inicia una serie de DJ-mixes, auspiciada por Geoff Oakes, en la que el objetivo es mostrar “el otro lado de las bandas del género electrónico que saben mezclar”. Se busca renombre –hay que vender–, buenas habilidades como compositor, cierta aura pop, pero también dar el callo en los Technics.

La elección de Hercules & Love Affair es acertada, porque aunque se le puede acusar –otra acusación más para añadir a la lista de arriba– de carnaza para modernos, lo cierto es que a él el éxito le ha venido por méritos, no por llevar una gorra rosa o moldearse el peinado con gel de semen. ¿Qué culpa tiene él de haber grabado un buen disco en un sello que sabe lo que hace? Y ahora, ¿qué culpa tiene él de haber coleccionado maxis como joyas, de saberlos escoger para no acabar con una sesión cliché, y de mezclarlos bien, e incluso de ofrecer un tracklist en el que el único hit claro es el “Weekend” de Todd Terry Project –edad dorada del primer house de Nueva York–, donde los nombres más vistos son Gino Soccio, WestBam y Daniel Wang, y que pese a todo no hay ni un solo tópico? En “Sidetracked” hay dos características que elevan el mix a una categoría de notable y valioso: primera, que fomenta su propia moda, no la ajena; en otras palabras, que Butler no se apunta al carro de los Prins Thomas de turno explorando la cosa cósmica y/o baleárica, sino que se concentra en su pequeño mundo de house primigenio, o house primitivo revivalizado, y le sale una selección orgánica, de beatboxes con textura de lata, alguna que otra línea ácida y sudor underground, de garito pequeño y cargado de endorfinas.

No todo lo que pincha Butler es arqueología, pero cuando mejor rinde el mix es cuando se pone antiguo y esotérico, haciendo que te preguntes “¿es esto tan viejo, y a lo que nunca le hubiera prestado interés, tan jodidamente bueno”?, como ese “And Party” de WestBam, que es uno de esos temas del alemán producidos en los buenos tiempos (1989), y no inspirados a toro pasado en el revival (como aquel guiño a la era de los pianos que fue “Oldschool, Baby”, el hit que le promocionaba Michael Mayer). Esa virtud temporal y antiquísima también hay que buscarla en Rhythm Masters ( “Oh Oh Why”), en el “Studio X” de Los Kings Del Mambo y en el “Lady Of The Night” de Ray Martinez Jr., oscuras joyas de cuando el house en Nueva York comenzaba a ser latino y futurista, caliente y crujiente, exultantemente plumífero, y que encajan muy bien con esas actualizaciones también ‘inspiradas en’ que aportan los spacescos In Flagranti ( “I Never Screwed Around Before”) o con maniobras algo más hardcore y post(y pre)-Joey Beltram como ese doblete interesantísimo en el que se confunden “Hold Me Real Tight” de Dubwise –1992, cosecha de NY– y “Sunshine” de Fax Yourself –1990, cosecha belga–. A veces, a un DJ mix no hay más que pedirle que te enseñe cosas. Éste lo que nos enseña es un montón de joyas enterradas en el olvido por la que los coleccionistas irán ahora a darse de hostias. Y encima está mezclado como dios. Sale más caro que bajarte un mix gratis, pero se las da con queso a la mayoría de podcasts.

Javier Blánquez

* Escucha el disco aquí

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