Shut-In’s Prayer Shut-In’s Prayer

Álbumes

Advance Base Advance BaseShut-In’s Prayer

7.6 / 10

El ex Casiotone For The Painfully Alone Owen Ashworth es el tipo que se esconde tras Advance Base (nombre con el que se conoce el lugar de la Antártida donde quedó atrapado durante cinco meses el explorador Richard E. Byrd en 1934), la microbanda de folk tristón y sintético que tanto recuerda al lo-fi desesperadamente melancólico de la primera época de Damien Jurado, con su voz distorsionada (Owen parece estar cantando desde una habitación cerrada y quién sabe, quizá, a oscuras), su modesto sintentizador (a modo de batería, atentos a cómo suena en “New Gospel” y a los vacíos que llena en “The Sister You Never Had”) y sus cosas de chicos (chicos que crecen al margen de lo que se supone que debe ser un chico feliz) y sus cosas de chicas (que no les entienden, chicas incomprensible, diligentemente admirables en su incomprensión: “Riot Grrrls”). Tanto es el parecido que, de no conocer a Owen, de no saber que ha decidido abandonar su viejo yo (el alone-electro de Casiotone), o alejarse un poco, para purificarlo, mientras se escucha “Shut-In’s Prayer” puede tenerse la sensación de haber hallado un inédito del propio Jurado. Pero no es así. Porque Owen pisa el acelerador en lo electrónico (siempre desde el más profundo minimalismo), abandona por completo la guitarra y se emplea a fondo en el piano, un piano del que extrae pequeñas pero asesinas (en el sentido emotivo de la palabra) melodías capaces de convertir un sencillo corte instrumental como “Shut-In River Blues” en algo más que una declaración de intenciones, esto es, el tema que mejor resume el ambient del álbum, ese toque de desesperanza pop que espera levantar el vuelo algún día, pero que sabe que ese día tardará mucho en llegar.

Contundente, sencillo, agridulce y profundamente sentimental, Ashworth explora las muchas virtudes de su voz, tan rotunda que lo aproxima por momentos (en especial, momentos como el de “David Allen”) a Sparklehorse o Leonard Cohen, un Leonard Cohen posmoderno, que hubiese decidido construir la tragedia desde la esencia, la melodía que no tiene dónde sujetarse pero que, pese a todo, resiste y se convierte en algo grande ( “Goldfish In A Robin's Nest”). Así es el nuevo Ashworth. Sintetiza lo que siente ( “More Trouble”) y lo sirve en ediciones limitadas de vinilos rojo sangre. Se hace acompañar de tipos como Nick Ammerman, Edward Crouse y Jody Weinmann y luego se encierra en salas de biblioteca para grabar. Y el resultado es balsámico ( “Summer Music”), por momentos hasta navideñamente balsámico ( “Christmas In Oakland”). Tengamos en cuenta al chico. Ha hecho un disco redondo, pequeño, pero redondo.

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