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Purity Ring Purity RingShrines

7.2 / 10

Megan James y Corin Roddick cuentan con veinte y pocos años, visten bien hipster y entran en el saco de modísima de dúos chico-chica. ¿Gustos musicales? Básicamente lo más ‘in’ del momento: synth-pop oscurote, dubstep para todas las edades, chill-wave adormecida y una admiración absoluta por luminarias del hip hop sureño y productores como Clams Casino, quien, cómo no, les ha influenciado un montón. Para las canciones cogen un poco de todo eso (se acuerdan hasta del witch house) y lo mezclan con el recuerdo que guardan de los discos de Soft Cell. Componen a distancia, intercambiando por correo beats galácticos y voces en plan robótico-fantasmal, e ilustrando el resultado con letras que Megan rescata de los diarios que ha venido escribiendo desde su adolescencia. Pitchfork alabó sus dos primeros singles cuando empezaban a despuntar, 4AD les edita ahora este cacareado debut y su sueño es producir a artistas de R&B en no mucho tiempo. Sí, es todo tan rabiosamente moderno que asusta.

Ante tal sospecha de hype, las canciones deben ser sometidas a un incisivo análisis. Desde el sello las definen de forma bastante manida como “nanas para el club” y la verdad es que aciertan porque algunas de las que no habíamos podido escuchar hasta ahora ayudan a conciliar el sueño. En particular la perezosa tríada que recorre el ecuador del álbum, con “Amenamy”, “Grandloves” y “Cartographist” haciéndonos sospechar que aún no manejan del todo bien el concepto duermevela defendido desde la chillwave. Son temas en los que intentan expandir su paleta sónica para demostrar que, además de singles relucientes, tienen aptitudes para lo atmosférico. Sin embargo, excitado por los singles de avance y después de que hayan estado año y medio trabajando en el álbum, uno no puede evitar achacar un leve gatillazo ahí. El resto de temas, siempre a la sombra de ese hit urbano y cristalino como un rascacielos que es “Fineshrine”, potencian sus virtudes: “Saltkin” y “Obedear” no las conocíamos, pero las sensuales “Ungirthed”, “Lofticries” y “Belispeak” sí. “Shuck”, un tema compuesto de manera diferente al resto (partiendo de la voz de Megan y no de los sintes de Corin), despide el disco diluyéndolo en tenebrosos vapores y efectos vocales.

Quizá por llegar del mismo país (Canadá), por editar en el mismo pedazo de sello, por poner sus dos mejores canciones justo después de una reluciente intro ( “Crawlersout”) o simplemente por la coyuntura future-pop en que se enmarcan, “Shrines” recuerda inevitablemente al “Visions” de Grimes. Lo que le diferencia de aquel disco elevado es que consigue mantener atento al oyente durante todo el metraje, entre otras cosas porque no se gasta su alocada originalidad ni su contagioso eclecticismo. Al contrario que Claire Boucher, Purity Ring acaban por alinearse en mi cabeza junto a Active Child, jj, XXYYXX o el invitado en “Grandloves”, Young Magic, proyectos de los que resulta muy fácil entender lo que les apasiona y por qué les apasiona, aunque no tanto jurar que sus crossovers vayan a solidificarse con dureza en el tiempo. Esto quizá ocurra, es una teoría, porque se nutren de materias primas y géneros aún tan recientes que no parece fácil regurgitarlos con perspectiva. Otra cosa es que, vestidas como sea, haya canciones y estas sean canciones modernas. Así, convendremos que la gran conquista de “Shrines” pasa por hibridar hábil y jovialmente a, por ejemplo, Washed Out con The Knife y con las crujientes brumas de Clams Casino. Que eso sea un logro definitivo o valioso per se dependerá del cristal de las gafas con que se mire.

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