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8.3 / 10

A propósito del súbito estallido que ha tenido el género metalgaze más allá de sus escuetos límites en el underground norteamericano, Michael Nelson ha escrito un maravilloso artículo en Stereogum que intenta situar la verdadera importancia de “Shelter” en un mundo que ahora escucha el cruce entre black metal y guitarras celestiales con nuevos oídos tras el impacto que causó el año pasado en el circuito independiente la eclosión de la banda californiana Deafheaven. Deafheaven es un grupo de formación reciente -sus orígenes no van más allá de 2010-, pero que ha ganado peso como banderín de enganche entre las huestes del metal experimental y las comunidades todavía fieles al post-hardcore, y que tiene en su libro de estilo tanto la violencia punk, rápida y directa, como el tejido de ambientes complejos, que describen una naturaleza salvaje, propias de nombres como Locust, Mineral o Burzum. El metalgaze no es una erupción nueva, su semilla puede localizarse a mediados de los 90 y el tallo más robusto a finales de la década pasada, con la irrupción de Earth, Sunn O))) y otras bandas asfixiantes. Pero gracias a Deafheaven, y ahora también con Alcest, está preparada para conquistar nuevo público con una inversión de energía: de la oscuridad a la luz, del frío al calor.

En su ensayo, sin embargo, Nelson se olvida de mencionar a Jesu -el grupo de shoegaze metal del ex Napalm Death (y ex Techno Animal) Justin K Broadrick, y en especial esa maravilla de disco, “Conqueror” (2007), que fusionó como ninguno los lenguajes de My Bloody Valentine, los primeros Explosions In The Sky y cualquiera de tus bandas black metal favoritas. Porque si en algo se refleja, aunque sea en la distancia, la evolución de Alcest es en los primeros pasos de Jesu, cuando aún se intuían zarpazos de intensidad, guitarras pesadas y una voz etérea. Los comienzos de Alcest -cuando el francés Neige todavía estaba rodeado de colaboradores y titubeaba en su imitación de tantas bandas de metal atmosférico, como una versión de Celtic Frost en pleno deshielo- eran black metal en los giros vocales y en la suciedad instrumental, pero con los años las guitarras se han ido trenzando con sintetizadores de grandeur cinematográfica -¿aceptaríamos una influencia de M83 en “Délivrance”?- y la voz de Neige se ha vuelto blanca y clara como la ídem, acomodándose al registro celestial de Cocteau Twins. “Shelter” suena a la culminación del cambio iniciado en “Souvenirs d’un Autre Monde” (2007) y que en “Les Voyages de l’Âme” (2012) todavía arrastraba peso, redobles de batería típicamente metal y la voz gutural, rasgada, desgañitada. Todo eso ya se ha ido, y se ha ido para bien.

“Shelter” es un paso valiente que sabe que debe desprenderse de lastre. Si no se conociera nada del pasado de Alcest, pasarían por una formación shoegaze que ha ido puliendo capas de sonido y las ha dejado destellantes y puras. En el contexto del metalgaze como corriente y de Alcest como núcleo de actividad -con orígenes que se remontan tan lejos como al año 2000-, es un despegue firme y glorioso. No en vano, el primer track se titula “Wings” y comienza como podría hacerlo un tema evanescente de Sigur Rós, para que luego entren los punteos de “Opal”, típicamente Kevin Shields, y la voz en francés de Neige, que tiene ese matiz entre romántico y diabólico de un verso de Baudelaire. Aunque suene herético decirlo tan crudamente, la construcción de canciones es más madura que en “m b v”, y el peso del sonido mucho menos caótico -para convencerse, “La Nuit Marce Avec Moi”, que desprende el dulce aroma de los 90 más entristecidos y escapistas-. Que nadie se lleve a engaño: “Shelter” es un trabajo acogedor, como proclama su título (un refugio para espíritus perdidos, para gente anímicamente destrozada, un reconstituyente del alma herida), pero tiene músculo ( “L’Eveil des Muses”), nervio ( “Shelter”) y corazón ( “Away”). No está en ese estado de gracia superior en el que podríamos proclamar que es el mejor proyecto de guitarras experimentales que ha surgido en Francia desde Diabologum (sería arriesgarse mucho), pero sí en el perfecto punto de cocción para deshacerse como el agua en vapor e irse hacia zonas empíreas. Liquidada la forma metal, conservado sólo el aroma y el imán, “Shelter” es perfecto para perderse dentro de él y lejos de aquí.

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