She Was Coloured In She Was Coloured In

Álbumes

Solar Bears Solar BearsShe Was Coloured In

7.4 / 10

Solar Bears She Was Coloured In PLANET MU

Dos noticias interesantes para los aficionados al mundo interior coinciden –día arriba, día abajo– en el tiempo. Una es la de la decisión de la Comisión de Organizaciones de Beneficencia de considerar el druidismo como una religión en el Reino Unido, y no sólo una práctica pagana para cuatro locos que todavía creen que Merlín y el Rey Arturo fueron personajes históricos. Es decir, usted puede ser hoy –si es ciudadano británico– un druida del mismo modo en que puede ser musulmán o cristiano (aunque olvídense de celebrar los solsticios a tutiplén: el perímetro de seguridad para acceder a Stonehenge seguirá siendo el mismo). La otra noticia es la publicación del primer álbum de Solar Bears, que bajo su capa superficial de placidez balearic esconde un importante atracón de psicodelia folk y sinfonismo planeador en conexión directa con la escena Canterbury de los 70 y con referencias inevitables –vía el actual revival cósmico– con la new age de los 80. Solar Bears, o sea, Rian Trench y John Kowalski, son irlandeses –de Dublin y Wicklow, para ser más exactos– y la consideración del druidismo como religión en Gran Bretaña no les tiene que afectar en lo más mínimo, aunque tampoco pasa nada: no hay tierra más de druidas que Irlanda. Este disco, y perdonen el cliché, no merecería una portada de fondo azul y figura femenina estival descompuesta como un arco iris, sino un fondo verde y una muchacha vestida como una vestal, con trenzas adornadas con flores y una corona de laurel. “She Was Coloured In” forzosamente alude a la luz, a la vida en el exterior, diurna, al verano, pero no es un disco de vacaciones. Al contrario, es un disco que parece querer despertar toda una cultura ancestral y actualizarla según los tiempos que corren.

De entrada, no se puede escuchar este debut de Solar Bears sin tener en la mente los que fueron segundo y tercer disco de Mike Oldfield. No se puede escuchar el comienzo de “Hidden Lake”, o el desarrollo de “Forest Of Fountains”, sin reconocer ahí algunos pasajes de “Hergest Ridge” (1974) y “Ommadawn” (1975): se les filtran la influencia céltica entre la sinfónica yendo de camino hacia un atardecer en Ibiza, aunque sin los alardes instrumentales de Oldfield. Hay que decir que esa referencia no es frontal ni persistente, es sólo puntual –dentro de su aproximación balearic, el álbum es variado y no se circunscribe únicamente al folk-rock progresivo–, pero igualmente hay que tenerla presente, siempre puede reaparecer como en las guitarras con eco de “Neon Colony” o en las vistas del mar desde un acantilado en “Cub”. Y no sólo Oldfield; también hay que tener en mente otra influencia aún más importante: Boards Of Canada –más los de “Geogaddi” que los de “Music Has The Right To Children”–. Solar Bears explotan al límite la misma retórica del recuerdo difuminado de un pasado perdido y feliz –es decir, la propia infancia, que más mágica y más idealizada se vuelve cuanto más remota es–, aunque no lo hacen con la misma intensidad emocional. En Boards Of Canada hay incluso un lado oscuro, una construcción geométrica de ritmos y una deconstrucción del folk que en Solar Bears no ocurre sistemáticamente: de “Solarization” y “Division”, que suenan como la primera luz del amanecer refractándose contra la superficie de un arroyo, ellos pueden pasar a “Primary Colours At The Back Of My Mind”, que tiene un punto easy listening con su groove elegante para fiestas sociales.

Pero esta ligereza no tiene por qué sorprender. Va incluida en el guión. Aunque éste es un disco horizontal y melancólico, es también un disco que le debe mucho a Soft Machine y demás bandas proto-paganas de la época y, en un plano más contemporáneo, a Bibio. Su nacimiento no está en la IDM, sino en el folk –¿no tiene “Perpetual Meadow” algo de Pentangle?– y el rock de raíz progresiva. No se cierra en sí mismo como un acertijo, sino que se expande por laberintos mentales propios de la psicodelia, y por eso Solar Bears ponen tanto esfuerzo en sumarse a esa tradición de arpegios hipnóticos extraídos de sintes elípticos y primitivos, la que va de Harmonia a Oneohtrix Point Never – “Twin Star”, “Crystalline (Be Again)”–. Y una vez sale de esa amplitud mental inducida por la psicodelia, el dúo se abre a los espacios naturales, a las costas y a las praderas, en aportaciones tan tiernas, y a la vez tan eighties como “Children Of The Times” –¡ese bajo funk!– o “She Was Coloured In” –rasgueos propios del AOR–. Es un debut notable: a veces peca de querer abarcar sonidos muy separados en el tiempo y en otras ocasiones corre el riesgo de quedar atrapado en una telaraña hippie, pero ¿no era esa la gracia de la etiqueta balearic? Solar Bears le añaden ese toque prog, esa singularidad pastoral irlandesa y druídica que, comprobados los resultados, no está de más.

Javier Blánquez

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