Shaolin vs Wu-Tang Shaolin vs Wu-Tang

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Raekwon RaekwonShaolin vs Wu-Tang

8.3 / 10

Raekwon  Shaolin vs Wu-Tang ICE H2O / EMI

Es una daga clavada en el pescuezo. Una patada de kung fu en la boca del estómago. Un shuriken seccionando tu yugular. Un dardo venenoso que te hace escupir espuma por la boca. Raekwon no escupe espuma, escupe la mejor dicción que ha visto el hip hop americano en mucho tiempo, las historias callejeras más concisas del momento, la incómoda halitosis de ese rap underground que se alimenta de raspas de sardina y Gatorade. Sí, ha tenido bajones de consideración como “Immobiliarity” o The Lex Diamond Story”, pero en ningún momento ha arrojado la toalla y el asfalto le ha recompensado: ahí está el elogiadísimo “Only Built for Cuban Linx Part II” como ejemplo más reciente. Mientras el Chef siga vivo, Wu-Tang no morirá nunca.

Raekwon es puro compromiso con las calles. Podría haberse pasado al otro lado, pero su actitud siempre nos conduce al street credo más inquebrantable. La esencia del Clan da brillo a su dentadura. Es el miembro de la familia que mejor ha sabido mantener viva la mitología de beats crudos, samples de películas de artes marciales, cajas de ritmos lo-fi y bajos fachosos. “Shaolin vs Wu-Tang” demuestra que “Cuban Linx II” no fue ninguna casualidad. El tipo sigue siendo un monstruo indomable en su limitada cuadrícula: frases cortas, historias de gángsters, aversión a las metáforas, sílabas masticadas como si fueran tabaco en las muelas de un bateador, una capacidad para sintetizar cercana al mejor Biggie: versos adictivos en un contexto que se sostiene sobre el viejo libro de estilo Wu-Tang Clan y actualiza un discurso que, ejecutado desde las entrañas, jamás pasará de moda.

Sí. El último trabajo de Raekwon es un disco de Wu-Tang Clan, pero sin el Clan. O parte de él. No faltan a la cita Ghostface Killah, Method Man e Inspectah Deck, e incluso se suman al relato el mismísimo Nas “Rich And Black”, con esos violines desquiciados, es un pepino más street que la mierda de paloma–, Black Thought, Lloyd Banks, Busta Rhymes y Rick Ross, que colorea con su carraspera “Molasses”, el corte más “36 Chambers” del álbum. Y es que todos los productores parecen homenajear sin reservas al sonido clásico de RZA. Erick Sermon y su funk apocalíptico en “Every Soldier”; Alchemist y su épica gangsteril en “Ferry Boat”; Evidence y sus beats de soul fumado en “The Scroll”. No hay descanso, sólo puedes tomar aliento en “Rock N Roll”, la única pieza que chirría en un disco enorme, una demostración de realness que recupera el rap de cloaca y lo eleva a la estratosfera para recordarnos de dónde venimos. Algunos hablan de nostalgia innecesaria, de un sonido que no tiene cabida en estos tiempos de MCs metrosexuales. Pues yo digo que en este western negroide de principios de siglo Rae es, más que nunca, el bueno, el feo y el malo.

Óscar Broc

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