Shangri-La Shangri-La

Álbumes

YACHT YACHTShangri-La

7.8 / 10

YACHT  Shangri-La DFA

YACHT practican ese tipo de pop ligeramente descocado que garantiza ponerte de buen humor, no importa como te sientas en ese momento. En “Shangri-La” tenemos a los YACHT de siempre tomando el sonido de su álbum de 2008, “See Mystery Lights”, como punto de partida y refinándolo en algo aún más excitante e infinitamente más extraño. Aquí, los neyorquinos destilan su propia versión de lo que debe ser una música oblicua en diez cortes que meditan sobre la idea de utopía y la filosofía que la rodea. O quizá no sea exactamente así, pero el concepto se aproxima. Una de las mejores características del álbum es que consigue retener en todo momento un aire de pop subido de revoluciones mientras te obligan a pensar sobre qué quieren decirte exactamente.

“Shangri-La” entra en acción de inmediato y conjura esa utopía de la que hablábamos con los sonidos habituales del bajo y el cencerro, y es que, para qué mentir, nada galvaniza y adorna mejor una canción que cuando hay una generosa dosis de cencerro. Prácticamente todas las canciones del álbum tienen esa clase de líneas de bajo que te animan a sacudir el cuerpo, y cuando van en compañía de ese juego de voces de chico y chica ligeramente desfasado, el efecto es superior. Si así es como suena la utopía, pueden contar conmigo.

Las letras de YACHT, tan punzantes y positivas, son las que transportan esta carga filosófica a lo largo de todo el álbum. Por supuesto, la música es tan entretenida como la que más, pero hay momentos en que las letras adoptan un tono mucho más serio – “we let our children multiply because we're afraid of dying” [dejamos que nuestros hijos se multipliquen porque tenemos miedo a la muerte], en “Dystopia (The Eart Is On Fire)”, o la tan literal “we grow love in the dark and in daylight it dies, but everything is born again and born again” [dejamos crecer el amor de noche y cuando llega el día muere, pero todo vuelve a nacer una y otra vez]. YACHT tienen una filosofía propia, eso queda claro, y la suscribo completamente. Hay algo extrañamente reconfortante en escuchar palabras como “we will not grow old, we will just grow newer” [nunca nos haremos viejos, simplemente nos haremos nuevos]. Eso sí, no dejéis que las letras filosóficas os hagan pensar que todo esto va siempre en serio. Cualquier banda que pueda cantar algo tipo “dejemos que ardan los hijos de puta” con el abandono jubiloso que Claire L. Evans le inyecta a su voz es, por fuerza, una banda que merece un respeto.

No puedo decir que ninguna de las canciones en este álbum sea mala. Como en cualquier disco, hay algunas que sobresalen por encima de las otras –pienso en “Dystopia (The Earth Is On Fire)” y “Paradise Engineering”, que sin lugar a dudas es la oda de YACHT hacia LCD Soundsystem–. Entre las canciones notables hay que incluir “Beam Me Up”, donde se escucha el grito desafiante “arde, arde, arde” de Claire, readaptando su voz al estilo riot grrrl. En “Shangri-La”, YACHT han conseguido evitar que haya una sola canción de relleno. Cada corte aquí incluido se ha ganado su lugar y ayuda a que el disco crezca como conjunto.

Es muy satisfactorio poder escuchar algo basado alrededor de un concetpo central tan ingenioso y que a la vez no haga referencia a amores perdidos o penas de amor a cada medio minuto. Es un álbum para sacarte de los lugares oscuros del alma y recordarte cuáles son los ciclos naturales de la vida. ¿Podría cualquier otra banda conseguir que el fin del mundo sonara tan bien?

Emma Tucker

Dystopia (The Earth is on Fire) by RADIO YACHT

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