Shangaan Shake Shangaan Shake

Álbumes

Various VariousShangaan Shake

8 / 10

La cronología de los hechos va así: en 2010, y con la fiebre por la música electrónica hecha en el continente negro todavía coleando –pocos años antes se había producido el boom del kuduro en Angola, vía Lisboa con Buraka Som Sistema, y el del kwaito un poco más abajo en el mapa, motivos suficientes para hablar del auge de los third world beats–, el sello Honest Jon’s editó una antología de música de baile producida en Sudáfrica, seleccionada por Mark Ainley y Mark Ernestus, y con un hilo conductor: las producciones del ingeniero de sonido Nozinja para diferentes artistas que operaban en la zona de Limpopo y que respondían a nombres como BBC, Zinja Hlungwani, Nkata Mawewe y Tshetsha Boys. Sudáfrica era un país de moda por entonces –el mundial de fútbol, Die Antwoord, “Invictus”, etc.– y su música tecnológica empezaba a atravesar fronteras gracias a un batido nutritivo de house, electro y el ritmo popular conocido como shangaan, una variedad de música próxima a la zulú a 180 bpms que, conjuntada en aquel “Shangaan Electro. New Wave Dance Music From South Africa”, dio pie a uno de los recopilatorios del año.

La cronología sigue en 2011, cuando a partir del material original de Nozinja y sus artistas más cercanos, Honest Jon’s comenzó a vincular a diversos agentes protagonistas de la vanguardia electrónica occidental en un proyecto ambicioso de remezclas que, por ahora, se ha extendido a lo largo de un total de ocho maxis en vinilo. A dos artistas por 12” –excepto el de Actress, que se lo agenció él solo con dos remezclas exclusivas–, en total son 15 nombres de primer nivel los que accedieron a recoger el guante y que ahora –episodio final de la cronología– se reúnen en un doble CD que multiplica el efecto y el peso del proyecto. En “Shangaan Shake”, por tanto, no hay nada nuevo si se han ido escuchando antes los EPs a medida que iban saliendo, pero que puede resultar un shock gratificante si se accede al material de primeras y sin previo aviso. En general, el grueso de los remixes ha coincidido en rebajar el tempo de los originales: a excepción de los cachorros del footwork, RP Boo y DJ Rashad & DJ Spinn, todos los invitados se mueven por espacios amplios y ritmos lentos, codificados a partir de una larga práctica de los trucos hipnóticos del dub y el deep house, y quizá con ese alejamiento del material de partida el equipo ha conseguido eso tan poco frecuente que consiste en obtener una lectura original y distinta, un verdadero ejercicio de reconstrucción y relocalización del material de partida. Verdaderos remixes, en lugar del mínimo esfuerzo para salir del paso y cobrar el cheque.

El nivel general es altísimo: el encuentro entre Mark Ernestus y BBC, que fue el primer 12” de la serie, da inicio al primer CD y somete al oyente a una fluida sesión de hipnosis con repiqueteos techno y bajos líquidos, un giro crepitante cercano a lo que el propio Ernestus publicó hace dos décadas como Basic Channel: es el mismo método de sustracción de sonidos superfluos y énfasis en la repetición –aún más lenta y más reducida en la segunda versión, al más puro estilo Rhythm & Sound–. En el turno de Anthony ‘Shake’ Shakir se eleva el tempo y se mantienen los sonidos electro típicos de la escuela shangaan, aunque no deja de ser una interpretación renovada del afro-house que Shakir ya había dejado asomar en algunos de sus temas clásicos, y con Burnt Friedman comienza a entrar en juego el dub más líquido y orgánico, adornado por instrumentos tradicionales y una inclinación hacia lo ancestral de la world music, más que a la evasión tecnológica. Los dos ejercicios de Actress son locuras descoyuntadas de ritmos acelerados hasta extremos casi ridículos en la primera toma, y enraizados en su visión neblinosa del techno en la segunda. Más neblina hay en las interpretaciones de Hype Williams y Old Apparatus –un dub pesado, una psicodelia impenetrable, como si la atmósfera entera del planeta estuviera hecha de humo de ganja– y en la de Peverelist, que consigue unificar electro tribal con dubstep macizo en su encuentro con Tshetsha Boys.

Hay más, por supuesto. Un remix de Demdike Stare con graznidos de cuervos y ritmos hechos con sonidos de huesos que entrechocan; más que brujería es chamanismo. O los casi 13 minutos de house acelerado, prácticamente hasta llegar a patrones drum’n’bass, a cargo de un Theo Parrish en racha. Incluso un imposible puente aéreo entre Johanesburgo y Berlín conectado por el techno subido de pitch de MMM. Por no hablar del house trastabillante de Ony Ayhun y el house líquido a cargo de Ricardo Villalobos & Max Loderbauer, perspectivas estéticas diferentes en un complicado cubo de Rubik post-dance que ya debe figurar como una de las mejores recopilaciones de 2012: lo mismo que en 2010, pero ahora en versión reconstruida piedra a piedra, golpe a golpe.

Actress Meets Shangaan Electro A

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