I Shall Die Here I Shall Die Here

Álbumes

The Body The BodyI Shall Die Here

7.4 / 10

Tras completar uno de los discos más densos y oscuros de 2013, a Bobby Krlic ya tardaban en llamarle de según qué sitios para aportar su granito de arena, que en realidad es más bien un pedrusco de carbón extremadamente negro y tóxico. El hombre detrás de The Haxan Cloak y de la obra maestra del mal titulada “Excavation” es quien produce ahora “I Shall Die Here”, el nuevo disco del dúo de rock extremo The Body, localizado desde hace años en Portland y que ha recorrido en tres álbumes previos a este el camino tortuoso que iba de un sludge metal en la línea de OM a una derivación repetitiva y constante del doom a la manera de Earth. The Body son la típica formación minimalista de batería y guitarra que se lo juega todo con impresiones primarias de densidad, ruido y tensión, pero a la que le faltaba un punto extra de mala leche. En 2013 editaron un disco con Thrill Jockey, “Christ, Redeemers”, que ya empezaba a apuntar el camino del presente. Pero les faltaba un empujón que es el que ahora reciben de manos (manos sucias, encallecidas, pecaminosas) de un The Haxan Cloak que no hace más que aprovechar el impulso de su buen momento creativo.

Cada track en “I Shall Die Here” es una agonía. Gracias a la producción de Krlic, las composiciones se acuestan sobre un lecho de ambient pútrido, y las guitarras suenan más cavernosas que nunca; todo el desarrollo -los golpes de percusión hueca, las notas con volumen- se envuelve todavía más en una tiniebla contaminada, irrespirable. Formalmente, no hay nada aquí que no hubieran hecho antes Sunn O))) y varias bandas de vanguardia del metal extremo. El mérito del álbum, sin embargo, está en cómo le permiten estos nuevos seis temas recuperar el terreno perdido a The Body para pasar de banda del montón a banda relevante en su parcela diabólica. Las guitarras gruñen y arañan en “The Night Knows No Dawn”, un zumbido analógico lleva la metástasis al golpe de bombo tedioso en la muy oscura “To Carry The Seeds of Death Within”, y a partir de “Hail To Thee, Everlasting Pain”, entran cajas de ritmo que llevan el mundo sludge de The Body a una dimensión paralela de techno y acid con gemidos propios del black metal, para culminar en la invocación satánica de “Darkness Surrounds Us”, un viaje de calma tensa que se hace dolorosa e insoportable. Un buen disco para quien espera algo más de un metal de vanguardia que, de tanto repetirse, ya no es tan vanguardista (aunque sí terrorífico) como antes.

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