Sex With An X Sex With An X

Álbumes

The Vaselines The VaselinesSex With An X

8.1 / 10

The Vaselines SUB POP

Han pasado veinte años. Veinte largos años en los que: a) ha muerto Kurt Cobain (y con él, el grunge que tanto le debe a su primer largo, el imprescindible: “Dum Dum”); b) Escocia ha exportado algo más (hablando de pop) que la producción de Lloyd Cole (desde Camera Obscura hasta Franz Ferdinand) y c) el estilo mainstream noventas (guitarreo agridulce y vacío existencial de cartón piedra) ha vuelto (¿qué era Amy MacDonald sino la versión re-noventas de Natalie Imbruglia?) y ha vuelto a esfumarse. Así que es normal que el segundo disco de The Vaselines huela a naftalina, y esto es, viejo garage pop bien alimentado que aguardó durante dos décadas (en las que Eugene Kelly casi se querelló con Marvel por intentar llamar a su siguiente banda Captain America y Frances McKee militó en Painkillers y Suckle) a que la pareja decidiera que había llegado el momento de editar un segundo álbum. ¿Las razones? Cuando hay tipos que se jugarían el cuello apostando por que eres la segunda mejor banda de la historia después de los Beatles (Kurt Cobain entre ellos), el miedo a que el sueño se acabe (y el mito se emborrone) puede llegar a paralizarte.

En cualquier caso, The Vaselines han vuelto. Y lo han hecho con un álbum que casi parece una despedida (el último corte, “Exit The Vaselines”, la única balada del disco, hace un pequeño guiño al respecto, parece querer decirnos: “Bien, eso fue todo amigos, ahora hagan el favor de salir”), aunque en realidad suena a agradable reencuentro (y nada más agradable que el fabuloso y pegadizo, al estilo “Molly’s Lips”, “Mouth to Mouth” para perdonárselo todo, incluida la larga espera). Es dulce ( “Overweigth But Over You” parece sacada de la banda sonora de una serie de instituto y Frances, la versión domesticada de la Kristin Hersh de Throwing Muses), es oscuro (sirvan como ejemplo la maravillosa murder ballad “Turning It On” y la apocalíptica “Whitechapel”), y rezuma un exquisito humor negro (¿El mejor ejemplo? “It Wasn’t All Duran Duran”) que demuestra que los años han pasado, sí, pero la química entre Eugene y Frances sigue siendo la misma. Los temas siguen siendo sencillos (dos, tres acordes) y las letras, cortas (recordad que su primer single, el lejano “Son Of A Gun” no tenía más de siete líneas). “Sex With An X”, el corte que da nombre al álbum, es un buen ejemplo de lo que decimos: sencilla (Kelly no hace más que repetir “Vamos a hacerlo, vamos a hacerlo otra vez”) pero a la vez brillante.

Basta una escucha para darse cuenta de que los tipos que convirtieron la canción dominical de su iglesia en un hit del grunge son bueno ( “Jesus Doesn’t Want Me For A Sunbeam” era una de las canciones favoritas de Kurt Cobain, de ahí que la incluyera en el famoso “Unplugged In New York” de Nirvana). Y de que volver a contar con Jamie Watson, el mismo productor que tuvo su aclamado debut, no sólo ha sido un detalle sino un gran acierto (él también quería estar a la altura, sin duda, del disco que ha marcado su carrera como productor). Que colaboren fans de la talla de Stevie Jackson y Bob Kildee (de Belle & Sebastian) es normal y se agradece, y que el álbum se haya grabado en 13 días (un tema por día, más uno, que completaron con dos caras B) toda una demostración de que Frances y Eugene siempre han tenido las cosas claras. Lo hicieron una vez (el disco perfecto) y prácticamente han vuelto a hacerlo, porque aunque este segundo disparo no tenga el valor que tuvo el primero (por aquel entonces, el garage pop, que tanto acabó influyendo en el grunge, estaba en pañales), porque mucho ha llovido desde entonces y The Vaselines no han optado por reinventarse sino por devolvernos su sonido (actualizado) y quizá había quien esperaba algo más, es un muy buen disco. Así que, bienvenidos otra vez, chicos. Laura Fernández

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar