Seven Waves Seven Waves

Álbumes

Suzanne Ciani Suzanne CianiSeven Waves

7.4 / 10

La revitalización de Suzanne Ciani en 2012 ha sido como milagrosa: del olvido casi generalizado hacia su figura, algo que se comprende por haber abandonado su trabajo en la electrónica pura a partir de “The Velocity Of Love” (1986), la italoamericana ha pasado a ser reinstaurada con honores como una figura básica en la pequeña historia del sintetizador. Evidentemente, su caso no es aislado y viene inserto en una corriente de revisión de figuras fuera del canon de siempre, sobre todo en lo referente a mujeres –es el mismo caso de Laurie Spiegel y la recuperación de su sensacional “The Expanding Universe”–, pero lo interesante del caso Ciani es lo mucho, y muy rápido, que se ha ido rescatando su fondo de archivo para uso y disfrute de las jóvenes generaciones. Aquí ya hemos dado cuenta de dos vinilos servidos por Andy Votel y Sean Canty a través de sus sellos Finders Keepers y Dead-Cert –la reedición de su misterioso primer LP, “Voices of Packaged Sould”, ejercicio primerizo con bobinas de cinta magnética, y la selección de grabaciones inéditas para publicidad y piezas sueltas titulada “Lixiviation”, a los que habría que sumar una limitadísima doble cassette con entrevistas y varios de los cortes que luego irían recogidos en “Lixiviation”, “Logo Presentation Reels 1985”–, y en su ávido lifting del legado de Ciani, Votel ha querido ahora volver a prensar el que fuera su primer disco “comercial”, una perla del romanticismo ambient titulada “Seven Waves” (1982).

En cierto modo, no es una reedición pertinente ni necesaria: “Seven Waves” –al menos en su versión de 1988, la que planchó el sello new age californiano Private Music– se ha podido encontrar mucho y barato en diferentes cubetas; otra historia, eso sí, es localizar la primera edición, la japonesa de 1982 en Victor o su equivalente americana del mismo año en Finnadar. Pero enmarcada en el proceso revisionista de este año sí es totalmente necesaria, ya que la etapa más interesante de la larga carrera de Ciani se prolonga exactamente hasta aquí (y, según los gustos particulares, hasta cuatro años después con “The Velocity of Love”, que se abría con una “The Eight Wave” que, no por casualidad, ya estaba en “Lixiviation”). En “The Velocity Of Love”, sin embargo, Ciani utilizaba el piano con fruición, y daba espacio a su apasionamiento por la música romántica europea, sobre todo por Rachmaninov, en lo que fue y es un clásico de la new age más burguesa y útil para recepciones de hotel –la portada le mostraba en traje de gala, ante una mesa de mezclas y con sintetizadores al fondo–. No forma parte del todo, pues, de esta etapa primitiva en la que Suzanne Ciani se demostraba como una verdadera nerd de los teclados: “Seven Waves” es un disco completamente analógico, articulado a partir de diferentes instrumentos –muchos de ellos, según explica ella, “ya desaparecidos”; se trata de modelos que ya no se fabrican o pequeños monstruos de Frankenstein hechos a medida–, y es así como hay que entender la reedición, como el acto de justicia que cierra un capítulo muchas veces menospreciado. La Ciani pianista y relamida de “History of My Heart” y “Pianissimo” que sonaba tan a menudo en los programas de radio de Ramón Trecet ha ocultado a la mujer que hace poco fue descrita con absoluta precisión como “la Delia Derbyshire de la generación Atari”, y esa corrección sí que sigue siendo obligatoria.

“Seven Waves” es un disco sobre el mar, casi una obra programática –no habría que descartar una influencia del poema sinfónico “La Mer” de Claude Debussy; hay momentos como “The Third Wave: Love In The Waves” que parecen compartir un ideal estético con “Snowflakes Are Dancing”, aquel álbum de Isao Tomita armado, precisamente, de versiones del maestro impresionista francés– y se compone, cómo no, de siete piezas que tienen ese movimiento bamboleante, esa frecuencia de mecedora, de las olas del mar en el comienzo de una marea. De hecho, los sonidos de oleaje que van y vienen a lo largo del disco son perfectamente sintéticos, creados en estudio –nada de field recordings–, y son un metrónomo constante, un bajo continuo, con el que Ciani se dedica a dibujar melodías y volutas rítmicas con la intención de crear esa sensación de ir a la deriva –dentro del tema, cuando se ha introducido en la inmensidad de su océano de notas– o de admirar la belleza del horizonte desde la orilla.

Hoy probablemente su música nos suene cursi: las melodías son edulcoradas en exceso y todos los arreglos están adornados hasta el último rizo, desde que comienza –al más puro estilo Botticelli trasladado al universo ambient– con “The First Wave: Birth Of Venus”– hasta que se aleja en “The Seventh Wave: Sailing Away”. La música pretende ser activamente sugestiva y cautivadora –como en “The Second Wave: Sirens”, titulada de manera muy adecuada–, y alcanza momentos de belleza insobornable ( “The Fourth Wave: Wind In The Sea”) que se han convertido en clásicos del repertorio de Ciani: si se busca el mejor instante de todo el disco, sin duda está en “The Fifth Wave: Water Lullaby”, encuentro insólito entre la música de Maurice Ravel y Raymond Scott en un estudio atiborrado de Moogs y Buchlas. Y aunque tenga sus momentos ampulosos e irritantes, hay varias fases de “Seven Waves” en las que se reconocen pasajes futuros de Angelo Badalamenti o Steve Hauschildt (Emeralds): sólo por eso, si no se conoce, o si no se encuentra algún vinilo de los 80 perdido en cualquier rincón polvoriento de una tienda de saldos cualquiera, esta reedición merece la pena –súmese, de paso, el nuevo mastering, un mejor sonido y un mayor grosor de vinilo–.

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