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Disclosure DisclosureSettle

8.9 / 10

Lo raro en Disclosure no es que sean insultantemente jóvenes –Howard, el menor de los hermanos Lawrence, tiene ahora 19 años; 16 cuando empezaron–. Los casos de artistas precoces en el techno y el house han sido innombrables y seguirán dándose todos los años: Ron Trent planchó su clásico “Altered States” con 16 años, Carl Craig ya era dios en Detroit con 20, Nathan Fake tenía 19 cuando se puso a la venta “Outhouse”, Happa originó ruido a finales del año pasado sólo con 15 y, si queremos rizar el rizo y encontrar otra pareja de hermanos que causara sensación en el house aún siendo adolescentes, ahí están los neoyorquinos The Martinez Brothers. Lo importante en Disclosure es, en realidad, lo insultantemente buenos que son, la intuición que han desarrollado para poner al día lenguajes que probablemente ni siquiera conozcan en profundidad como el garage y darle a la escena de clubs inglesa dos requisitos que necesitaba para ser culturalmente valiosa desde que casi toda la escena dubstep se pasó en bloque al house: verdaderos himnos de alcance pop –que aquí son demasiados, pero por particularizar diríamos “White Noise” y “You & Me”– y un álbum sólido que pueda funcionar como piedra de toque para el desarrollo comercial de lo que hasta ahora había sido un underground efervescente, pero nunca aspirante a conquistar el público masivo.

Disclosure, ciertamente, lo ponen todo de su parte: casi todos los cortes de “Settle” son vocales y están basados en las mieles de dos subgéneros de máxima actualidad desde que las jóvenes generaciones recuperaron influencias perdidas: el deep house neoyorquino de la escuela Nervous Records / Masters At Work y el bloque más soulful del 2step de finales de los 90 –es decir, lo que tenía que ver con productores como MJ Cole y The Artful Dodger, y no tanto con la rama oscura de El-B y otros pioneros del dubstep–. Que Disclosure estaban más cerca de la luz que de las sombras era algo conocido para quienes hubieran seguido a los hermanos Guy y Howards Lawrence desde su tímido debut en 7” en el sello Moshi Moshi (recordamos, por cierto, que en fecha tan temprana como verano de 2010 grabaron un mix para PlayGround, un interesante documento sobre el comienzo de esta historia): por entonces, Disclosure era un proyecto en formación muy inspirado en artistas como Joy Orbison o Pangaea, hacían ese tipo de post-dubstep luminoso y liviano con algunos rasgos de estilo del house. Tenían entonces 19 y 16 años respectivamente y parecían más una curiosidad que una realidad. Pero en dos años, y en paralelo a la maduración de un nuevo house inglés de bajos firmes (ligeramente deudor del viejo speed garage) y texturas resplandecientes, ellos iban trabajando en secreto en su revolución hasta llegar a “The Face EP” (Greco-Roman, 2012), donde ya aparecían canciones como “Boiling” –que aparece en la versión deluxe de “Settle”– y avisaban del camino emprendido por el dúo. Para ellos, en esencia, era olvidarse del espíritu de FWD> y Plastic People y recuperar la atmósfera exultante de Ministry of Sound.

“Settle” es una regresión a un momento especialmente extraño en la historia del clubbing británico, y precisamente por eso muy añorado hoy en día: aquellos días en los que un white label distribuido a partir de tiendas especializadas como Black Market y difundido por las ondas de las emisoras piratas podía acabar copando puestos altos en las listas de éxitos del país y saltar de la especialización dance más profunda al mainstream. Los años del UK Garage –eslabón efímero entre el speed garage y el 2step– fueron así de veloces, así de locos, así de radiantes: aquellos temas hoy se buscan como si fueran pepitas de oro, y algo de ese espíritu, consistente en hacer buenos tracks de club e invitar a voces agradables para cantarlos, se ha transmitido a Disclosure. No es probable que en casa de sus padres tengan una colección increíble de discos de la época, pero sí han tenido el oído suficiente para captar los rasgos esenciales de este revival alimentado por las diferentes fluctuaciones de la nostalgia (en sesiones de DJ temáticas, en podcasts de revisión histórica, en clubes o en artículos publicados en FACT) y, con un par de pinceladas certeras, producir su propia pintura del momento. “Settle” es algo así como el primer disco –que no el segundo– de Roska: la obra de un artista muy joven que desconoce la tradición, y que precisamente por no dominar el lenguaje se ve libre para rehacerlo con total libertad y con resultados refrescantes.

Y en “Settle” no hay momentos flojos. Ese es el otro milagro, quizá el mejor. Es un álbum que arranca suave con una “Intro” y se dispara a toda mecha con “When A Fire Starts To Burn”, en el que no cuesta observar parecidos con las viejas líneas de bajo y el uso de samples recortados de Deep Dish, más una dinámica beat-vocal propia de maestros de Chicago como Lil’ Louis o Mr. Fingers. Disclosure no copian teniendo consciencia de hacerlo –todo ‘recuerda a’, pero nada ‘se parece descaradamente a’–, y por eso todas las sensaciones son excitantes; suena a nuevo capítulo en un linaje histórico, no a revisión oportunista. “Latch” (con Sam Smith), por su parte, prosigue con la misma técnica de producción pero cambiando la parte vocal por un R&B especialmente meloso; una de las impresiones que ofrece el álbum es que se le ha sacado mucho partido a las bases, sacadas todas de un molde muy parecido, pero que cada pieza se reinventa con la aportación vocal. Por ejemplo, “White Noise” es una mezcla entre un track de Detroit especialmente demente, con líneas de bajo que parecen jugar al ping-pong (cualquier producción de Carl Craig como 69 nos sirve), pero con una línea vocal asesina cortesía de Aluna Francis (AlunaGeorge). Y “Defeated No More” es puro Masters At Work o Armand Van Helden circa 1997, mientras que “Confess To Me” y “You & Me”, las más 2step, son como un MJ Cole de la mejor época acompañado, respectivamente, de Jessie Ware y de la muñeca del pop mainstream Eliza Doolittle. Cuando se pasan a lo instrumental, como en “Grab Her” o “Stimulation”, tampoco cuesta apreciar rastros speed garage: una bassline gorda como un tronco de secuoya y una velocidad prudente, infalible en un buen sound system –inmediatamente viene ‘reprise’ vocal con Keable en forma de “Voices”–. Y así todo el rato, salvando descansos como el medio tiempo de “Second Chance”, hasta completar 14 bangers con un sonido pulimentado y desbordante que quizá ya no les sirva para un segundo álbum –le han sacado todo el partido posible y más hasta encontrar magnitudes orbitalianas–, pero que ahora funciona como receta para cocinar un perfecto disco del verano. Como se decía antes, ‘all killer, no filler’, y aspirante a ser el termómetro que marque la temperatura del dance más estimulante del año.

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