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Steve Hauschildt Steve HauschildtSequitur

7.7 / 10

Va lanzado: justo un año después de su álbum de estreno – “Tragedy & Geometry”– y once días más tarde del regreso de Emeralds, Steve Hauschildt tiene ya planchado otro vinilo con el que aspira a borrar por siempre su imagen de secundario (de lujo) en el escenario del revival analógico en la electrónica actual y establecerse como protagonista del momento. Si hay que medir su evolución en términos de velocidad, ciertamente su entrada en Kranky ha sido meteórica: mientras sus otros dos compañeros en Emeralds ya llevaban cada uno varios álbumes al margen del trío, acunando en solitario sus características más resaltables –el dominio de la guitarra planeadora por parte de Mark McGuire, las texturas cósmicas y expansivas en el caso de John Elliott–, Hauschildt parecía haberse quedado atrás, pero ya no es el caso; su carrerilla le ha dado impulso y altura. En esto doce meses ha recuperado, no el tiempo, pero sí el terreno perdido, y del mismo modo en que “Just To Feel Anything” se aprovecha decisivamente de sus aportaciones para lucir como el mejor resumen del trabajo individual y conjunto de la célula de Ohio –básicamente la disciplina rítmica y los eventuales virajes melódicos–, “Sequitur” incide igualmente en esta manera de acercar el vetusto krautrock espacial a una idea más concisa de pop. Si alguna vez nos hemos de preguntar hacia dónde irán Emeralds, la respuesta quizá esté en Hauschildt, el hombre que ha dejado de ser el patito feo para mostrarse como un bello cisne.

En “Sequitur” hay vocoders, intentos de hacer canciones – “Constant Reminders”, por ejemplo, tiene ese deslizamiento suave, como de patinaje sobre una cúpula de cristal con vistas a un sistema solar muy lejano y arrebatador, que se encontraba en los discos de aquella rara banda disco, Space, y en menor medida en Kraftwerk–, y sobre todo hay hipnóticos pasajes que reproducen los mejores momentos de todos aquellos artistas alemanes de los años 70 que han dejado profunda huella en Emeralds, y que ya en la crítica de “Just To Feel Anything” de hace unos días citábamos sin respiro: Christopher Franke, Klaus Schulze, los Ash-Ra Tempel más metronómicos, Robert Schroeder, Software, Mind Over Mater y, en definitiva, aquellos que reclamaron para sí, hacia 1978, la etiqueta de ‘new age music’ en su definición primigenia. “Sequitur”, el tema titular, es pura música cósmica comparable a la que se encontraba en las memorables caras A de “Oxygène” y “Equinoxe” (Jarre) o en el también popularísimo “Albedo 0.39” (Vangelis; exprimido por Carl Sagan en la banda sonora de su serie “Cosmos”), y no es el único ejemplo de esta manera candorosa y viajera de plantear el contenido del álbum: ahí están también “Vegas Mode”, que suena como lo harían el roce de las Perseidas al entrar en contacto con la atmósfera, y la conclusión de “Steep Decline”, una solemne fanfarria ambiental que describen inmensidades de espacio inconcebibles para la experiencia humana; es ese tipo de música que representa como ninguna la magnitud y tranquilidad de una galaxia desde varios millones de años-luz de distancia.

Pero “Sequitur” no es sólo esto. No es un disco meramente imitativo de aquellos días de fascinación por la carrera espacial y la astronomía; de hecho, hay ciertas incursiones en territorio más ‘ochentas’ en aperturismo melódico y ritmos maquinales (exactamente como sucede con el álbum de Emeralds, lo que lleva a pensar que son dos animales muy parecidos, casi hermanos siameses) que abren nuevos temas en su lenguaje. Explica Hauschildt que una de sus influencias ha sido al teórica del feminismo Camille Paglia, que ha estudiado profusamente cuestiones sobre género y sexualidad, y que le han llevado a intentar hacer un disco ‘andrógino’, que ni suene masculino ni femenino –de ahí el uso del vocoder, que no es para sonar a robot, sino (aunque parezca lo mismo) a no sonar distinguiblemente humano. Algo que, por otra parte, la propia música ya apunta por otros medios: afirma Hauschildt que ha empleado unos 20 instrumentos (analógicos, por supuesto) fabricados desde los años 60 hasta la actualidad, razón por la que “Sequitur” suena tan lujoso, variado y cálido. Sería prematuro y arriesgado decir que es lo mejor que ha surgido de la factoría Emeralds, pero sin duda está en ese selecto grupo de discos por los que no duele dejarse los ahorros.

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