Sentimental Favourites Sentimental Favourites

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Andrew Pekler Andrew PeklerSentimental Favourites

7.4 / 10

DEKORDER

Imagínense a The Caretaker enamorado, en buena compañía en su luna de miel, en un hotel romántico de alguna isla del Pacífico o caribeña, sin salir de la habitación y con un hilo musical acorde para la reclusión, entre sábanas tibias y con un par de collares de flores pendiendo en el pomo de la puerta, junto a la llave. “Sentimental Favourites” podría ser ese muzak para jornadas de pasión encendida, y aunque sonaría como una transmisión extraterrestre a oídos de la gente normal que aprecia la canción ligera –de Adamo a Julio Iglesias, de Aznavour a Sergio Dalma, etc.–, no hay que olvidar lo dicho en la primera línea del escrito: que esto es amor según la escuela de la hauntology y el recuerdo nostálgico desdibujado, y que cualquier rasgo asimilado en el imaginario popular se presenta borroso en este álbum entre sintes a los que parece habérseles borrado el esplendor de tiempos pasados y que ahora aparecen cubiertos de polvo –eso sí, polvo serán, más polvo enamorado, que dijo Quevedo–.

El ejercicio propuesto por Andrew Pekler en su nuevo álbum es sencillo: recrear un tiempo perdido –proustiano, sin duda–, el del easy listening de los años 60-70 con estructura de canción, cuyo ejemplo más ilustre sería “Walk On By”, pieza de Burt Bacharach y Hal David popularizada en la versión de Dionne Warwick, aunque Pekler también cita como influencias y puntos de partida nombres como Jimmy Webb, The Carpenters, The Mystic Moods Orquestra, Santo & Johnny y 101 Strings, y resucitarlo mediante artes propias en algo reconocible. En Dekorder, eminente sello experimental en el que Pekler debuta ahora, se habla de arqueología retro-especulativa: el punto de partida de “Sentimental Favourites” es zambullirse en esa época, escuchar discos y temas, embriagarse de su optimismo y su candor, y regresar más de 40 años adelante en el tiempo para rehacerlas a partir de aromas y sensaciones volátiles, como quien intenta pintar un retrato a partir de una vaga impresión en la memoria, sin tener el modelo delante (eso tendría que ser, pues, lo retro-especulativo). Por tanto, a Pekler lo que le salen son fantasmas: líneas difusas y tentativas que unas veces se quedan en remolinos ambientales y otras veces consiguen sacar una melodía llegada de muy lejos, deformada por el viaje, mareada y confusa como la de “The Twilight Of Your Smile”, que de ser una canción de amor, sería para el fin de los tiempos.

Más hacia el final que en el principio –la conclusión del LP, “Moon Velvet (Shadows, Whispers, Rivers, Windmills)”, es sublime–, “Sentimental Favourites” muestra su verdadera naturaleza. Se transforma en una colección de sonidos que, más que recrear, pretende evocar ideas pero, sobre todo, sensaciones de bienestar y placidez que en principio quieren ser románticas, pero que se acaban amoldando más a la impresión de estar en contacto con la naturaleza, en un entorno bucólico, en una Arcadia post-glitch. Andrew Pekler había estado sugiriendo la forma de este disco en varios trabajos anteriores, sobre todo desde que abandonó el alias Sad Rockets –que partía de un audio más macizo, de una IDM pétrea con batería y escapadas al jazz– y se quedó con su nombre real, se adentró en los paisajes pulsantes del dub hipermoderno y empezó a trabajar más los detalles –los perfumes del sonido– que no las grandes estructuras. Estos doce temas son más impresiones que arquitecturas, se forman a partir de loops de todo tipo –una cuerda electrificada que se despereza y apunta una melodía, el sonido del agua, unos pájaros, una voz loopeada al estilo The Field ( “Prelude To a Summer”)–, se concentran en masas de audio post-digital que se iluminan como una estrella joven y que de paso arrojan citas furtivas a la cultura popular del siglo XX, como la banda sonora de Michel Legrand para “Los Paraguas De Cherburgo” (1964) en “Samba de Cherbourg”. Evocación, como decíamos, de un tiempo pasado, idealizado en su felicidad y color, rescatado con inocencia y buscando inmortalizarlo en una instantánea perfecta, como si fuera una postal de un verano eterno. Imagínense también a Fennesz enamorado, en buena compañía en su luna de miel, etc.

Javier Blánquez

ANDREW PEKLER - The Twilight Of Your Smile

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