Señor Kubrick, ¿Qué Haría Usted? Señor Kubrick, ¿Qué Haría Usted?

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La Prohibida La ProhibidaSeñor Kubrick, ¿Qué Haría Usted?

6.6 / 10

La Prohibida  Señor Kubrick, ¿Qué Haría Usted?

SUSURRANDO DISCOS

Sólo si son capaces de dejar sus prejuicios a un lado podrán llegar a degustar como se debe este suculento ejercicio de pop electrónico que nos propone una de las más célebres agitadoras de la escena nocturna madrileña, que es lo petardo elevado al cubo. Si ya con aquel anterior “Flash” La Prohibida pasó a convertirse en un referente de la escena underground tanto en nuestras tierras como en buena parte de las Américas, este “Señor Kubrick, ¿Qué Haría Usted?” supone el sueño húmedo del ordenador HAL y su reafirmación como folclórica thrash melodramática del electro patrio.

Pero antes de adentrarnos en el álbum en cuestión, no está de más dejar algunos puntos claros antes de que algunos de los lectores se sulfuren en vano frente al ordenador. Punto uno: lejos de la superficialidad que algunas de sus coetáneas plasman en sus creaciones, La Prohibida prefiere hablarnos sobre su agitado corazón sin necesidad de recurrir a metáforas imperantemente cursis y sin sustancia cargadas de glitter y postizos del todo a cien. Punto dos: es travestista, y obviamente no ganará ningún Grammy honorífico por el poderío de sus cuerdas vocales, ¿pero acaso Divine, Amanda Lear y Bibiana Fernández cantaban mejor que ella? Punto tres (y no por ello menos importante): a pesar de formar parte de la troupé fangoriana, curiosamente el resultado de su segundo largo ha despertado más elogios que el incomprensiblemente ninguneado “Absolutamente” de Alaska y Nacho. ¿Qué está pasando?

En el disco hay un particular homenaje a la primera fémina que se incrustó una escafandra espacial, “Terechkova” –que suena más efectiva que en sus precedentes y ya conocidas demos–, un momento de alto voltaje kitsch, pero es “Cuando Dos Electrones Chocan” –con esos gemidos de chulería travesti que se gasta en el inicio– la canción que hay que señalar como su rompepistas heterofriendly más demoledor, a la altura de “Flash”, gracias a la producción de Stigma y a un estribillo que es carne de la remezcla. Ante un álbum de pop lo único que se le puede pedir a las canciones es que resulten lo justamente adictivas como para no deshacerse de ellas (mentalmente hablando) durante días. Y quizás otra cosa no, pero de eso La Prohibida entiende (y mucho) a pesar de temas algo prescindibles (a la vez que predecibles) como “Esto No Es Amor” o “Menos Mal”.

Después de su fracaso hace apenas dos años en el circo eurovisivo con “One Way Interrail” (influenciada por las melodías que antaño Vince Clarke firmaba cuando se desquitó de la chepa de Martin L. Gore), “La Conexión” supone su particular balada a lo Limahl demostrándonos los frutos de las clases de canto que nuestra heroína ha recibido. O al menos eso es lo que uno quiere inocentemente creer. Ese estribillo continuo que supone “La química me ha dado lo que tú no me das”, junto a la particular historia de amor a distancia synth-pop titulada “Yo En Saturno, Tú En Aranjuez” o la canción que da título al álbum, representan las principales bazas de un disco que tira de una mastodóntica tripulación de colaboradores de la talla de Nacho y Mauro Canut en las letras, Rubenimichi y Javier García a los mandos de la nave (¿o era un platillo volante?) o el mismísimo Spunky, con quien canta a dúo la tristemente fallida “Nunca Más” (o cómo mencionar las litronas en el parque sin caer en la risa fácil).

Por méritos propios, ya sea por sus constantes actuaciones a lo largo y ancho del país, el hecho de haber dotado a su nueva propuesta de una estética cuidada al dedillo o ser la intérprete de unas letras visceralmente sinceras (a la vez que familiares) envueltas en un halo de ciencia ficción de serie B, La Prohibida nos ha demostrado que va en serio en su faceta musical. Señoras y señores, las apariencias engañan. Muchos packagings, de primeras, pueden tirarnos para atrás y despertarnos una idea preconcebida de su contenido autocomplaciéndonos de no haberlo comprado. Pero en ocasiones, lo que realmente se puede encontrar en su interior (guste o no la superficialidad de su apariencia) esconde tras sí un más que estudiado producto de pop electrónico resultón (aunque en ocasiones pueda resultar sonoramente desfasado) ideal para consumir en esos momentos en los que la mente se paraliza y los pies únicamente piden contonearse a sus anchas. ¿Qué diría el señor Kubrick de todo este asunto? Como no malgastemos el dinero en un médium difícilmente lo sabremos, pero seguramente se lo habría tomado como una broma de buen gusto.

Sergio del Amo

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