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Álbumes

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6.5 / 10

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WARP

Después de “Quique” (Too Pure, 1993) y “Succour” (Warp, 1995), no deberían existir más discos de Seefeel. Los ha habido y, en perspectiva, todos han sido un error (exceptuando la reedición expandida del primero, publicada no hace muchos años). Cuando se ha alcanzado la perfección, todo lo que queda es una cuesta descendente que, a medida que pasan los años, sólo ayuda a incrementar la velocidad de la caída y el dolor del impacto. Y eso que “Seefeel”, reactivación por la espalda de la banda que inauguró el post-rock inglés, ni siquiera es un mal disco. No lo es porque suena envenenado y deja mal cuerpo, como debería hacerlo cualquier producción en la que Mark Clifford estuviera tras los mandos. Pero es un disco que lleva el sello Seefeel estampado y tiene que lidiar con el peso de la historia. Ante este regreso esforzado pero desdibujado –no es la banda original, de la que sólo se mantienen Sarah Peacock y Clifford; entran en juego E-Da, ex Boredoms, y Shigeru Ishihara, a quien los fans del breakcore recordarán como DJ Scotch Egg–, es inevitable recordar cómo fue la disolución del cuarteto allá por 1996: por la puerta de atrás, sin haber cerrado del todo bien su propio recorrido, con una fragmentación que dio proyectos como Disjecta –IDM geométrica y ataráxica, que era Clifford en solitario– o el pop vaporoso de Scala, que era la vendetta de los otros tres. Lo que se quedó colgando se despachó con prisas y mal en “(Ch-Vox)” (Rephlex, 1996) y aquello ya más bien parecía un proyecto ambient, irrespirable y solitario de Clifford, los primeros esbozos de lo que luego sería “Clean Pit And Lid” (Warp, 1996), único álbum de Disjecta.

Dentro de esa tendencia interrumpida, “Seefeel” puede parecer la evolución ¿lógica? de “Quique” y muy poco tiene que ver con el sonido gélido, irreal, extraterrestre de “Succour”. No es la IDM aislacionista de la obra maestra del grupo, sino una recreación de las bases del post-rock tal como se entendió a principios de los 90 y que empezó a brillar en maxis como aquel “Pure, Impure”: instrumentos del rock sonando a algo que no es rock en absoluto. La percusión es orgánica, dirigida por una batería que se escurre como puede entre efectos intermitentes –muchas veces suenan como chispas de un electrodoméstico averiado cuyo cable pelado está en contacto con el agua: “Rip-Run”– y paisajes ambientales desolados, sin color ni vegetación: algunos son electrónicos y grisáceos ( “Making”), otros son las guitarras de antaño pero mucho más lentas y desorientadas ( “Dead Guitars”, “Airless”, “Gzaug”). En resumen, “Seefeel” da la imagen de un grupo que se intenta reconstruir sobre sus viejas bases y que quiere retomar el camino sin que parezca que ha pasado el tiempo a la vez que se muestran conscientes del momento singular en el que han decidido retomar el paso. Por momentos, “Seefeel” hace entrar en una breve hipnosis cuando la texturología de guitarras difuminadas, la electrónica planeadora y la voz espectral encuentran el engrasado adecuado para ir al mismo ritmo. Pero hay fases en que “Seefeel” parece un disco de ensayos y errores que busca, sin tenerlo todavía muy claro, un camino propio.

Robert Gras

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