Secret Blood Secret Blood

Álbumes

Shannon Wright Shannon WrightSecret Blood

7 / 10

Shannon Wright Secret Blood VICIOUS CIRCLE

Después de haber terminado con Crowsdell, Shannon Wright (oriunda del skyline futurista de Jacksonville, Florida) se vendió como una cantautora de aquellas que dejan una huella sentimental imborrable. En 1999 sacó “Flight Safety”. Nada remarcable. Cuatro discos después, prácticamente todo igual. Tuvo que llegar Yann Tiersen al rescate en 2005 para ayudarla con una obra contrapuntística en toda regla ( “Yann Tiersen & Shannon Wright”), y ahí pudimos comprobar en toda su magnitud cómo las melodías ricas en interpretaciones de Tiersen, que se suponía que debían irle como anillo al dedo a las composiciones suaves de Wright, eran las que aguantaban el tirón y dejaban en agua de borrajas cualquier intento de la cantautora por parecer profunda en cuestiones de feeling. Por si fuera poco, el comeback de nuestra protagonista, que se produjo en 2007 con “Let In The Light”, tuvo la mala suerte de cerrar el éxito indie de “The Greatest”, de Cat Power: es decir, el proceso aterciopelado que buscaba Wright sublimado a la enésima potencia. Así que Wright, cuyo mayor valor reside en el trastorno bipolar “atmosferismo más punk narcotizado”, tiene ahora la oportunidad de demostrar que, además de tener una bonita voz, sabe guardar distancias entre sus semejantes y hacer complicados juegos de cintura entre ambas temáticas. Y, la verdad sea dicha, rock oscurillo con nostalgia depresiva puede resultar todo un cóctel de lujo para noches deprimidas con ansias de experimentación.

Lástima que queden ganas de más con éste “Secret Blood”, un largo que es, por otra parte, prometedor (nunca es tarde para arrebatos de madurez). Interesantes, ciertamente, las propuestas electrónicas a lo Björk ( “Palomino”), presentes en “Dim Reader” (donde se busca la belleza desde una perspectiva clásica con ritmos rock, y sale un estado de ánimo Moby con ecos Sol Seppy o los Radiohead de “OK Computer”). Y tirando por el lado del extremismo tristón, temas tan efectivos como “Merciful Secret”, “Blood Of A Noble Man” o “Satellites”, se disfrutan igual que las piezas semi-orquestales (la relajante y susurrante “In The Needle”, con un final de aeropuerto intrauterino, la tristeza en minúsculas, como a veces lograba Tori Amos, de “Under The Luminaries”, o el piano antisocial de “Chair To Room”). Todo esto está muy bien. Quizás el problema sea, precisamente, el lado salvaje de Wright, la parte PJ Harvey o Sleater Kinney (por cierto, además de con la líder, Corin Tucker, Wright también ha tocado en directo con Nick Cave, Dirty Three y Low, entre otros). Hablamos de los dos únicos exponentes, la ruidosa “Fractured” y “Commoner’s Saint” (ésta última, de hecho, podría formar parte del nuevo álbum de Hole, si Hole fuera una banda real y sacara discos como los de antes). Un servidor se queda con el punto medio: la pegajosa “Violent Colors” (levemente tenebrosa y acompañada por una voz frágil y dulce, al estilo dream pop pero con evoluciones punk narcotizadas), y “On The Riverside”, de tristeza efectiva y creíble, como una melodía sacada de una cajita de música. De aquellas que contenían la figura de una bailarina que daba vueltas. Era una bailarina pija, sí, estilizada y vestida de blanco, pero que bailaba sola y al cerrarse la cajita, la mayor parte del tiempo, se quedaba paralizada en la más completa oscuridad.

Jordi Guinart

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