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Vondelpark VondelparkSeabed

7.6 / 10

La primera vez que escuché e incluso oí hablar de Vondelpark fue hace casi un año. En un principio iba a ver a la banda principal, pero me quedé prendado de ellos, los teloneros, como de vez en cuando ocurre, aunque no tanto como algunos querríamos. Algo así pasa con el álbum de debut de este trío inglés, “Seabed”, que llega a R&S Records casi sin hacer ruido. Algunos dirían incluso que su música, un pop con inclinaciones hacia el R&B, no encaja demasiado en un sello con tal tradición histórica techno. Pero la discográfica belga apostó por ellos desde sus inicios. Ya en 2010 les publicó su EP de debut, “Sauna”, cuando el suyo era un sonido más propio de dormitorio. Por aquel entonces se hacía difícil discernir si estábamos hablando de un proyecto solista o un grupo propiamente dicho. La realidad dice que quien empezó la banda fue Lewis Rainsbury, para que más tarde se le uniesen Matt Law y Alex Bailey y así completar la formación. Con el paso del tiempo su música ha crecido como el propio grupo. Lo que se intuía como unas canciones suaves, para escuchar a la luz de las velas en tu habitación y a ser posible con buena compañía, ha acabado convirtiéndose en algo mucho más grande. Pero las señas de identidad no se han perdido. Sirve de ejemplo “California Analog Dream”, una canción que recuperan de ese EP de debut. Por entonces era una pieza de delicadas guitarras, un beat 2-step y unas voces que sonaban en la lejanía. A sabiendas de que era su mejor tema hasta la fecha ahora aparece en “Seabed” con aún mayor lustre. Todos sus elementos aparecen en primer plano, suenan con mayor claridad y convicción. Incluso se han atrevido a añadir una acertada línea de armónica y la percusión es orgánica.

Cuenta Rainsbury que el proceso de grabación de “Seabed”, que se alargó durante 18 meses, fue muy aislado ya que pasaban días sin ver a nadie más. “De ahí sale el nombre, no sentíamos como si existiésemos en el mundo real, era como si nos escondiésemos en el fondo del mar”. Buenas palabras para describir una música que tiene como principal cualidad la intimidad. El álbum llega justo en el mejor momento posible, en estos tiempos en los que el R&B tiene tanta y tan buena presencia dentro del indie. “Dracula” gustará lo mismo a los fans de James Blake, que a los de Wild Beasts o Jessie Ware. Tiene esas texturas sedosas y blandas que acarician tu piel. “Come On” es de lo más vaporoso que te puedes echar a la cara, pero nunca llegando a sonar lo-fi. Hay algo en “Closer” que recuerda a The xx, otra de las bandas con las que han sido comparados muchas veces. Quizá tendrá algo que ver esa estructura minimalista de la canción, en la que el piano y la voz, escasos elementos palpables hasta que aparece una guitarra plañidera, entablan un diálogo tórrido. Vuelve el piano en la melancólica “Outro 4 Ariel”, un exquisito corte de electrónica de vanguardia que se crece con el paso de los minutos. Pero no todo el disco se mueve en estos terrenos brumosos. “Bananas (On My Biceps)” es un acertado número house con vientos en el que Lewis Rainsbury se olvida de cantar para ceder ese rol a un sample de Aretha Franklin. Un buen sustituto para todos aquellos quienes ya se hayan cansado del debut de John Talabot. Es esta transformación en algo más grande y distinto lo que más fascina de Vondelpark y hacia donde se deben encaminar en el futuro para triunfar como es debido. Suenan de lujo y tienen todas las papeletas para cumplir sus sueños.

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