Scintilli Scintilli

Álbumes

Plaid PlaidScintilli

7.3 / 10

Plaid  Scintilli WARP

A estas alturas de su trayectoria –más de 20 años si contamos los comienzos dentro de Black Dog Productions–, pedirle a Plaid que nos sorprendan estaría fuera de lugar. Todo lo que han podido decir, todas las maravillas que han podido componer en el campo del techno abstracto y el ambient de intención cinematográfica, ya se pueden encontrar en un puñado de discos que cualquiera que diga amar con sinceridad la música electrónica debería tener en su casa, en un espacio privilegiado. Como mucho hay que pedirles que sigan en la línea sólida que nunca han abandonado, y “Scintilli”, en ese sentido, está ahí donde dejaron las cosas en 2001 con “Double Figure” –aunque sin un corte tan merecedor de eternidad como “Eyen”– y en 2003 con “Spokes”, en esa IDM colorista y en ningún caso monolítica: hay momentos en los que tienden a una construcción uptempo, como en “Unbank” –con un inicio que recuerda mucho a las músicas incidentales de la serie de televisión “Doctor Who”–, y otros en los que asistimos al momento en el que Andy Turner y Ed Handley, relajados en su estudio y mirando por la ventana, ven la vida pasar.

Técnicamente, “Scintilli” es su regreso al formato álbum tras ocho años sin hacerlo. Es correcto, puesto que “Greedy Baby” (2006) era un trabajo audiovisual indisociable de las imágenes de Bob Jaroc, y su aventura japonesa –que se saldó con las bandas sonoras de la masterpiece anime “Tekkon Kinkreet” y el primer film con actores de Michael Arias, “Heaven’s Door”–, cierto es que se planchó en CD (y sólo para el mercado nipón), pero sin la libertad de movimientos que muestra su regreso a casa, a Warp y a Europa. Pero es como si no se hubieran ido en absoluto: a veces da la impresión de que Plaid han alcanzado ese pacto con el diablo que les permite no envejecer más, instalados en esa meseta del tiempo en la que las cosas siempre son igual una vez alcanzado un grado de excelencia. Escucho “35 Summers” y resuenan los mejores momentos del dúo de hace una década en lo que es un perfecto tema onírico, música electrónica despreocupada del futuro –ya nadie piensa en el futuro, con la de problemas que tenemos– y curiosa por cómo funcionan las cosas en el fondo de la mente.

Ése es uno de los mejores momentos en un álbum que apenas baja la guardia. “African Woods” recuerda incluso a esos momentos de ritmos lúdicos que ya aparecían en 1991 en piezas de “Mbuki Mvuki”, como “Scoobs In Columbia”; siguen entreteniéndose también con lo que parece ser una lectura personal de la música barroca –por la abundancia de teclados que parecen clavicordios, algo que a Orbital también les gustaba hacer mucho– en momentos como “Thank” o “Missing”, activan resortes de la nostalgia en “Craft Nine” –Plaid meets Satie–, recuerdan que todavía dominan los recursos de la IDM con inclinación a lo abrupto ( “Sömnl”, “Upgrade”) y hasta cierran el disco con lo que parece ser una canción perdida de Stereolab, retrofuturista y vagamente lounge ( “At Last”). Y no, no es un nuevo “Not For Threes” (1997), y ni mucho menos la reedición de “Rest Proof Clockwork” (1999), pero cuántos artistas con dos décadas de trabajo sobre sus espaldas quisieran mantener esta línea impecable y recta que han seguido Plaid desde que aparecieron por primera vez. En aquella época se les vio como un proyecto caprichoso, de desquite tras la disolución de The Black Dog. Pero no, Plaid era un plan de vida y la vida sigue igual, igual de bien.

Robert Gras

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