Scientist Launches Dubstep Into Outer Space Scientist Launches Dubstep Into Outer Space

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Varios VariosScientist Launches Dubstep Into Outer Space

8.1 / 10

Varios Scientist Launches Dubstep Into Outer Space TECTONIC

En el espacio nadie oirá tus gritos. Ellen Ripley lo sabe. Hopetown Brown, aka Scientist, también. Que nadie subestime el poder de la fuerza porrera, porque Dub Vader lleva treinta años estrangulando a sus enemigos a distancia desde la mesa de mezclas. El tipo es una leyenda en lo suyo, un pionero en letras mayúsculas de la escuela jamaicana de los 80, no en balde se curtió durante su adolescencia en el mítico estudio Dromilly Road que King Tubby tenía en Kingston. Imposible imaginar una mejor escuela para domeñar y ordeñar como es debido este género cannábico. Más de 20 discos en su curriculum –algunos de ellos obras capitales en su rollo–, una devoción casi mariana entre sus coetáneos y la canonización incondicional por parte de los nuevos gatos del dubstep confirman el aura de divinidad que este profeta del bajo se ha ganado a pulso.

La pasión que despiertan los deditos de Scientist entre los nuevos reclutas no es ninguna broma. La prueba es que el intachable sello Tectonic, propiedad de Pinch, ha decidido enviarle un telegrama desde Bristol para invitarle a un ritual de magia negra que haría temblar las piedras de Stonehenge. Todos los peces gordos están invitados y Brown ejerce de Aleister Crowley. En otras palabras, este doble CD es una de las reuniones más monumentales y completas que servidor recuerda en los páramos de la nueva electrónica brumosa. Es como construir un puente entre el dub clásico y la nueva escuela del dubstep, como juntar dos caras de una misma moneda; pasado y presente convertidos en futuro con el mejor sacerdote y los feligreses más devotos que uno pueda imaginar.

La premisa es sencilla: cogemos 12 piezas inéditas de los principales heraldos de la escena dubstep actual, las planchamos en uno de los discos para deleite del personal y le damos a Scientist el master en un maletín con esposas para que le pase su bisturí jamaicano y firme la pintura cual Picasso del bass. Doble lujo. Doble orgasmo. Además, este disco es un statement en toda regla, un back to basics necesario. En estos tiempos en que las formas más puras del dubstep han mutado en toda suerte de nuevas siluetas, no está de más recordar el genoma que define al género, esto es, el trabajo de experimentación que los productores jamaicanos más arriesgados ejecutaron durante los años 70 y 80.

Entremos en la bruma y dejemos que la marihuana reparta su perfume. En el primer CD nos topamos con temas de Kode9 & The Spaceape, King Midas Sound, Shackleton, Pinch y Mala entre otros. Destaca el caldo cenagoso de Guido, que se sale con “Korg Back”: bombo saturado, sintetizadores de otro planeta, riffs de piano, claps que suenan como una cuchilla. Me obsesiona este corte, lo reconozco. También me pone cachondísimo “Re-Up”, una animalada de Joker & Ginz con violines, interferencias mareantes, chutes de GameBoy directos a la vena y un beat aplastante. Mierda de la mejor calidad.

Eso sí, en el CD de Scientist está la auténtica cremita: una deconstrucción radical y fascinante de los 12 originales. El jamaicano no se anda con chiquitas y reduce a partículas subatómicas los tracks, aplicando todos su arsenal de trucos: reverberaciones, ecos, efectos porreros, filtros a destajo, samples narcotizantes, cajas de ritmos que se superponen como piezas de un Tetris fantasma. La percusión –metálica, serpenteante, espectral– se convierte en el telón de fondo de una lección abrasiva de minimalismo made in Kingston. La virtud de Brown es mostrar solo la raspa de la sardina y hacer que parezca bella. Su dominio de los graves, sus complejas piruetas rítmicas y su maestría en el estudio le permiten aplastar las canciones hasta reducirlas a cubos de chatarra espacial, como si fueran coches en un desguace. Los efectos son narcóticos, basta con que cierres los ojos para que te atrape la música en su basta sencillez. Es dub destilado en barrica de roble centenario, el trabajo de un artesano que se basta con muy poco para conseguir mucho. Incluso la portada, evocando los discos que publicó en Greensleeves Records en los años 80, es un acierto más en una obra que bordea la perfección hasta en los pequeños detalles. “I drop science like scientist”: Rakim no podías estar más en lo cierto.

Óscar Broc

Shackleton - Hackney Marshes Kode 9 & Spaceape -Abeng

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