Scars Scars

Álbumes

Basement Jaxx Basement JaxxScars

6.3 / 10

Basement Jaxx  Scars XL / POPSTOCK!

Hubo un tiempo en que con media pastilla y un par de cubatas robados te montabas tal desfase que volvías a casa con los ojos como pelotas de ping pong y la tez más blancuzca que las nalgas de Iniesta. Hubo un tiempo… Las cosas han cambiado. Los que ya superamos la treintena no entendemos la forma de divertirse de los cachorros del schranz, no comprendemos qué se ha torcido desde entonces, qué nos ha hecho pasar de los corazones azules y el garrafón a la anestesia para caballos y las dichosas bebidas energéticas. Pero, diablos, nos hacemos viejos: nuestros jugadores de fútbol favoritos se retiran; Michael Jackson, Paul Newman y Michael Crichton la diñan; los Petit Suisse no tienen el mismo sabor de antes y los músicos de la década pasada son dinosaurios tratando de sobrevivir al impacto del cometa. Ni siquiera Basement Jaxx se salvan de la rotación terráquea y la consecuente pitopausia. Una lástima, porque todavía recuerdo con lágrimas rabiosas sus sesiones y directos en el club Nitsa de Barcelona, auténticas bacanales de hedonismo 90s con house, breakbeats, electro, guitarras, crestas de diseño y actitud hooliganesca. Ahhhhh, pero cuando tienes cierta edad, por mucho que te guste el pendoneo ya no posees los mismos arrestos de antaño, ni la misma energía genital que te hacía hincar la pija hasta en los agujeros de un Donuts.

Han pasado ocho años desde “Rooty” (su último buen disco), seis desde “Kisk Kash” (aceptamos pulpo como animal de compañía) y tres desde “Crazy Itch Radio” (caquita de la buena), mucho tiempo, sin duda, el suficiente para que Simon Ratcliffe y Felix Buxton hayan sentado un pelín la cabeza y hayan sustituido la noche por el carajillo, la boina y la partida de dominó. En este tira y afloja entre el yo yayo y el yo joven, el dúo británico ha intentado mantenerse a flote entre dos aguas: las marismas pegajosas de su eclecticismo bailable más cazurro (lo que a mí me gusta, vamos) y los sonidos a medio tiempo más elaborados y quizás “adultos” (era de esperar que jugaran la carta del crossover). De un modo u otro, lo que tenemos es un disco con rastros del acné de antes y algún que otro viraje hacia ritmos mutantes, como la mezcla de crunk, R&B, hip hop y makineta de “Scars” (con Kelis, la churri de Nas, entre las voces invitadas); el delirio con steel guitar de “A Possibility” (una mezcla de Beach Boys, Falete y Chris Issak, con la pepona negroide de Amp Fiddler dándolo todo); la patética “She’s No Good”, que empieza como la basura jamonera de Alesha Dixon y termina como una especie de ska de videojuego más indigesto que la pizza de pepperoni y masa pan de Domino’s. También hay fumadas inexplicables, como el pop emocional con bleeps mariposones de “Stay Close” o el orgasmo achinado de Yoko Ono en “Day Of The Sunflowers”.

Que no decaiga socios, que en “Scars” encontramos también los Jaxx de siempre, los Jaxx de bar de copas de la Costa Brava y sangría. A las pruebas me remito. “Raindrops” es un hit verbenero que parece diseñado para una macrodiscoteca guiri de Lloret de Mar. Te pueden salir más cicatrices en las plantas de los pies que a los indios de “Apocalypto” de tanto bailarlo. “Feeling Gone” es el momento gáyer del LP, con ritmo house sudoroso y Sam Sparro haciendo el moñas. Me gusta el featuring de Santigold (esta chica me pone a cien, para qué negarlo) en la saltarina “Saga”. O “Twerk”, electro house testicular con la ayuda de la grasa rapera de las chicarronas de Yo Majesty. Ah, y si os va el house facilón de radiofórmula con voz negra nasal, ahí va ese “What’s A Girl Gotta Do”, con Paloma (San Basilio) Faith.

Cuales diplodocus, tiranousaurus rex y otras lagartijas extintas del pasado, Buxton y Rattcliffe también desaparecerán de la faz de la Tierra, como Michael Jaxxon o Jaxx Costeau, y lo harán en breve, a menos que aguanten milagrosamente hasta el 21 de diciembre del 2012, fecha en la que según el calendario maya y Roland Emmerich nos iremos todos a tomar por el culo. Si eso ocurre, esta crítica no habrá servido de nada y yo habré perdido 60 preciosos minutos en los que podría haber estado tocándole las ubres a la vecina, antes de que se acabe el mundo. Quede como pobre consuelo que los últimos coletazos de los Jaxx, aunque decadentes, superan los límites de la decencia.

Óscar Broc

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