Running High Running High

Álbumes

Poirier PoirierRunning High

6.3 / 10

Poirier Running High NINJA TUNE

Decía Ghislain Poirier en su página web oficial, a propósito de este “ Running High”, que estaba muy orgulloso porque era su primer álbum doble. Hay gente que se propone hacer un álbum –sencillo, doble, triple–, lo hace y está muy orgullosa. Hay gente que va produciendo y publicando y, cuando se le acumulan los EPs, los junta en un álbum. Y está muy orgullosa. Sigamos matizando. Cuando el doble álbum “del orgullo” contiene un cedé dedicado únicamente a remixes –ya sean propios o ajenos– una se lo toma como un “bonus extra”, un regalito de la casa o una jugarreta comercial ( esa mitad de aire que tienen las bolsas de Doritos). Uno no se lo toma como dos discos enteros de música de Poirier. Nos queda todavía un disco. Sorpresa. El otro cedé es el resultado de juntar los tres EPs que ha publicado en el último año. Ingenua de mí, pensaba que el canadiense hacía canciones como quien hace croquetas, de 30 en 30. Pero no, llama doble álbum y titula “ Running High” a un recopilatorio de su último año que incluye un cedé extra con remixes y que podría haberse llamado “The Best Of The Last Year Of Poirier”. Y ni eso, porque entre los remixes no están sus trabajos para Crookers o Gotan Project, que también fueron publicados en los últimos doce meses y que, viendo las intención de usura que tiene el asunto, le hubieran sido de mayor ayuda a la hora de vender. Cosas de los sellos grandes, seguramente…

A Poirier, desde que dejara de llamarse Ghislain Poirier, repudiara su faceta de beatmaker más rapper y fichara por Ninja Tune en 2008, parece que le ha poseído el éxtasis de la avaricia. Suponemos que vio doblones en el rollo del guetto tras los pelotazos de artistas como DJ /rupture, Diplo, Buraka Som Sistema, Radioclit y un largo etcétera que ha ido apareciendo hasta llegar a nuestros días. Suponemos también que, a raíz de organizar las fiestas Bounce Le Gros en su Montreal natal, se ha percatado de que la juventud lo que quiere es un bass bien gordo, ritmos calientes para arrimar la cebolleta y acabar pillando cacho esa noche con lo que, seguramente, al día siguiente será un orco. Ahí están los billetes; y si no son muchos ahí están los viajes gratis por todo el globo, las sesiones como guest artist y las fans/mujerzuelas que te amenizan la estancia. La verdad es que, visto así, cualquiera culpa al chaval de que su creatividad se haya centrado en mezclar el booty bass con diferentes ritmos de raíz étnica. Del apego por el rollo afrocaribeño salen la mayoría de sus producciones. A dancehall suena “ Trust None Of Dem”, “ Let Them Hate” o “ Can’t Stop My Flow”, cortes salvables de la quema. El canadiense es comedido con la producción y correcto con el ritmo; sin embago, pierde los papeles firmando cortes de 160 bpms como “ Wha-La-La-Leng” (¿ os suena la base?), “ Get Crazy” o “ Inmigrant Visa”. Resulta difícil diferenciar los tres temas entre ellos, de no ser por las colaboraciones vocales de MC Zulu (genial también en “Gyal Secret Pictures”), Face-T o Mr. Slaughter. Cuando Jamaica no está en su mente, el invento suena merenguetón chiptunero: “ Marathon” tiene su aquél, pero “ Karnival” o “ Coco Drunk” llegan a desquiciar. “ 90’s Backyard”, el tema más limpio del disco en cuanto a mierda étnica se refiere, parece ser el único momento en el que Poirier encuentra la forma de hacer las cosas correctamente, encontrando el equilibro en lo más ancestral del guettotech y no en intentar dar cabida a un sinfín de sonidos en la misma canción. En la sencillez, muchas veces, está el gusto.

Precisamente el remix de “90’s Backyard” es uno de los más aprovechables del segundo CD. Wildlife! le da la vuelta al tema con los ecos y las atmósferas. A la lista se le suman Marflix, que con un par de cencerros, unas buenas marimbas y un par de sirenas apaña un tema a priori desechable. Lo mismo hace Douster con “ Coco Drunk”, pero en vez de con cencerros y marimbas, con unas selváticas voces a lo Welcome To The Jungle, la botella de anís de la abuela y esos petardazos de ruido blanco cosecha propia del francés. “ Let Them Hate” se convierte en reggae eighties de Barrington Levy de la mano de Mungo’s HiFi; hace gracia. Pero la batucada esquizofrénica del remix de “ Inmigrant Visa” cansa. Además, tanto “ Que Viva” con Boogat como “ Militaris Riddim” o “ Click My Finger” son más de lo mismo (pongo un vocal, quito un vocal, cambio un vocal). El colega recicla bases como si fueran tetrabricks.

Dejando de lado que desde Ninja Tune nos han querido vender “ Running High” como un montón de música de Poirier en un nuevo contexto diferente –el lector no sé qué opinará, pero a mí el “cariño, esto no es lo que parece” ya me lo han colado y no lo tolero a no ser que esté muy pero que muy enamorada, que no es el caso–, Poirier llega tarde y sin afeitar a la fiesta del new guettotech. Sin pena ni gloria, ni chicha ni limoná. Parafraseando a mi abuela, ni frío ni calor: a cero grados.

Mónica Franco

* Escucha y compra aquí

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar