Rubber Rubber

Álbumes

Mr. Oizo & Gaspard Auge Mr. Oizo & Gaspard AugeRubber

6.9 / 10

Mr. Oizo & Gaspard Auge Rubber ED BANGE

“Rubber”, el segundo film de Quentin Dupieux – Mr. Oizo para los enemigos– tiene como protagonista a Robert, un neumático que cobra conciencia, descubre que tiene poderes telepáticos y un buen día decide cargarse a todo bicho que se cruce en su gomosa senda. Nos puede gustar más o menos la idea –si me lo preguntáis, conozco a fumetas que la superan con un simple brainstorming de dos minutos, la verdad–, pero lo cierto es que el caprichito ha provocado erecciones en la escena indie y, lo que nos interesa, ha dado pie a esta banda sonora ejecutada por el propio Oizo en compañía de Gaspard Augé, el miembro de Justice que se parece a Weird Al Yankovic. Si como cineasta la trayectoria de Dupieux me la trae más bien al pairo, debo admitir que en su faceta como productor musical siempre me ha parecido un cerebro a tener cuenta. Dañado, sí, pero a tener en cuenta. Tópicos de Flat Eric, Levi’s y la madre que los parió aparte, el francés ha hecho gala siempre de una dulce e inspirada esquizofrenia bailable que le ha llevado a convertirse en un arrecife creativo imprevisible y alejado de los cauces más obvios del dance francés.

Por eso no podemos tomarnos esta banda sonora con la ligereza cabaretera con la que sí podríamos juzgar la parida del neumático. Cuando este tipo se sienta en el estudio es capaz de lo mejor, lo peor y lo que hay en medio, y siempre le pica a uno la curiosidad por saber qué ha hecho de nuevo. En ese sentido, “Rubber” no decepciona demasiado, pues combina pulsaciones puramente bailables, con poso Ed Banger y axila Justice, con empachos sinfónicos de sintetizadores, pianos y vientos en lo que parece una carrera enajenada de acelerones taquicárdicos, descansos lisérgicos, retropasión kitsch y romanticismo 70s. Los momentos de mayor frenesí se resumen en “Le Caoutchouc” –parece el Scan X de los 90– y “Rubber”, un collage acelerado de beats, sintetizadores, samples, parches y sonidos estrepitosos que suena como si le hubieran dado un QBase y dos gramos de cocaína peruana a Ace Ventura. Hay secuencias electro que tienen también una pisada notable. “Trycicle Express” suena a Daft Punk mezclado con los Queen de “Flash Gordon” –la ducha de teclados es copiosísima y la caja de ritmos puro Kraftwerk–. “Room 16” sigue la misma línea de abuso del sintetizador, latido electrónico, clavicordio y siringa. Son cortes cuya atmósfera se mantiene en precario equilibrio entre la boutade lisérgica y el delirio new age.

Pero seguramente es en los pasajes sin beats donde el absurdo creado por Dupieux y Augé cobra mayor relevancia y el álbum muestra su yo más kitsch. “Racket”, con su flauta y su piano a lo Richard Clayderman, es pura música de ascensor. “Crows & Guts” es más de lo mismo, dos minutos sin ninguna utilidad más allá de escuchar la pianola y una sección de viento que parece sacada de la clase de música de un parvulario. “No Reason” alcanza tal nivel de amaneramiento setentas que parece sacada de una película perteneciente a la peor época de Jess Franco. Y así todo el rato. “Rubber” es una banda sonora inquietante, desconcertante, tripolar, decadente, kitsch, cheesy, moderna, absurda y decididamente anecdótica: la anti-sinfonía perfecta para una película cuyo héroe de acción es un apestoso neumático. Dicen que Bibendum se voló la tapa de los sesos después de verla.

Óscar Broc

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