Route One Or Die Route One Or Die

Álbumes

Three Trapped Tigers Three Trapped TigersRoute One Or Die

7.4 / 10

Three Trapped Tigers  Route One Or Die BLOOD & BISCUITS

El rock progresivo, ese género tan rimbombante de los 70s amado por muchos y maldecido por, bueno, muchos más, todavía sigue entre nosotros. Sus ampulosos propagadores, con sus ridículas disposiciones estéticas, sus poderosos alucinógenos y sus capas al viento ni siquiera están muertos. Simplemente, se han reencarnado en forma de tipos discretos que se llaman Gavin, visten camisetas blancas y beben a morro botellas de San Miguel. Mientras años ha merodeaban por los escenarios vestidos como girasoles humanos, ahora se acojen tras sus intrumentos, protegidos bajo una máscara de modestia.

Van apareciendo de tanto en tanto, escondidos tras géneros confusos como math-rock, nu-psych e incluso IDM, sólo distinguibles por sus nombres pretenciosos y semi-reprimidas predicilecciones por los solos eternos; gente como Porcupine Tree, The Mars Volta y Battles son los que más presencia han tenido en todo este tiempo.

Es a estos últimos, Battles, a los que más se parecen Three Trapped Tigers, en su combinación de personalidades sin pretensiones con auténticos y terroríficos dominios de virtuosismo instrumental. Y mientras su disco de debut, “Route One Or Die”, quizá carezca del humor que hace de Battles una propuesta menos cultureta, musicalmente sobrepasan casi siempre cualquiera de los momentos incluidos en el reciente disco de los de Nueva York, “Gloss Drop”.

La cosa comienza con un aviso de algo a lo que hay que acostumbrarse si se quiere extraer algo de disfrute de este disco: sonidos que se alargan y se alargan como un fideo. El tema inaugural, “Cramm”, marca el camino: dominan los riffs en dos tiempos, sin una dirección clara, poco antes de quedar abandonados en favor del motivo principal (porque, claro, ellos no hacen estribillos), que a menudo suena como si fuera a ser el tema principal de una serie anime de ciencia-ficción especialmente rara. Esto prosigue en forma de una reducción delicada de teclado que casi...te...adormece...antes...de...que *BANG* entren de nuevo la percusión y la guitarra, marcando de manera vigorosa el camino serpenteante de regreso al motivo principal.

La mayoría de los tema siguen esta vaga receta. “Noise Trade” comienza como si Lightining Bolt hubieran sido contratados por error para tocar en un club de jazz en Marte, mientras que la muy apropiadamente titulada “Creepies” permite que un ruido incómodo y molesto deje paso a un tema directamente asqueroso que conjura pesadillas propias de un diseño de HR Giger compuesto de delgadísimos aliens y miembros sanguinolentos a los que se añade el contrapunto de burbujeos ácidos y el obligatorio riff crujiente para terminar.

A partir de ahí se relaja la cosa con la opiácea “Ulnastricter”, que no sólo suena a título de Squarepusher, sino que se parece a dos de sus temas más amables, “Circlewave” y “Tundra”. Es aquí cuando sus deliciosos y repetitivos acordes jazzies apuntalan el estilo más aprovechable y razonable de TTT. De hecho, se alarga durante tres minutos enteros en los que no hay ni una sola exploración psicodélica viscosa, como los antes citados fideos. Los fideos son para comer.

Este es el principal problema que hay con Three Trapped Tigers. Como indica el propio título del álbum, se trata siempre de tomar una dirección concreta o morir en el intento. Y aparte del ambient de “Zil”, hay pocos momentos que se aparten de la vía del exceso. Mientras la calidad no decrece en casi ningún momento de la segunda parte del disco, llegados a este punto el bombardeo incesante de sonido se ha convertido en algo pesado. Llega un momento en que todas las capacidades técnicas y la sabiduría que muestran te dejan frío. Después de verles en directo hace poco (algo que aconsejo y que merece la pena, al menos para ver a Adam Betts en su salsa; es uno de los mejores baterías del momento), un amigo apuntaba que “evidentemente son grandes músicos, ojalá sólo uno de ellos tuviera buen gusto”. Sería mejor decir que ojalá todos tuvieran gusto y variado, orientado en diferentes direcciones.

La banda se empezó a ganar el respeto a partir de la edición de una serie de EPs, y creo que para ellos es el formato ideal; su manera de entender el sonido prog moderno es muy difícil de sostener a lo largo de un álbum entero. No es que el disco flaquee en cualquier momento; es más que que resulta tan tirante que acaba por llevar toda la estructura a un punto de ruptura o colapso. El título “Route One Or Die” sugiere la imagen de un equipo de fútbol de media tabla con una sola táctica, el “patapum para arriba y todos para delante” por el que Inglaterra acostumbra a recibir tantas críticas a la contra. La música de TTT suena más intrincada y expansiva que una simple analogía de patadón hacia el delantero centro y que sea lo que dios quiera, pero sí es cierto que le falta un contrapunto amable que consiga que su estilo resulte menos agotador. Tienen momentos cautivadores, y si estos tigres están atrapados, es porque ellos quieren estar en su propia jaula de oro.

Kier Wiater-Carnihan

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar