Rough, Rugged, And Raw Rough, Rugged, And Raw

Álbumes

Octo Octa Octo OctaRough, Rugged, And Raw

7.3 / 10

100% SILK

En 100% Silk ya llevan dos cassettes publicadas –un showcase de presentación del sello y esta que firma Octo Octa– y en breve caerá la tercera, firmada por el productor italiano Flow FM. Aunque la cassette sea un formato de moda en ciertas esquinas del underground, hay que recordar que se localiza, casi siempre, en sellos experimentales de ambient, computer music o noise, pero nunca en marcas que apuestan por la música de baile, aunque sea con un sentido retro y lo-fi como en la filial de Not Not Fun (al fin y al cabo, en este gremio el vinilo siempre ha sido el rey). Así, resulta antinatural (de entrada, al menos), que jams de house burbujeante como éstas se distribuyeran, en su primera tirada, en ese formato farragoso y sucio que el consenso aconseja tildar de obsoleto –eso hasta que se repasa la historia, y se recuerda cómo Ron Hardy oficiaba muchas de sus sesiones con reproductores Revox en el Music Box, o cómo el legendario “Acid Trax” de Phuture sonó por primera vez en el Warehouse de Chicago en una grabación casera en cinta depositada por Pierre y Spanky en las manos de Frankie Knuckles–. La revisión nostálgica de los orígenes de la música de baile americana –disco, house– que desde 100% Silk se viene llevando a cabo quizá tenga en cuenta estos aspectos tan minuciosos, o quizá sea sólo economía de guerra y apuesten por un formato que alguna gente todavía ve como cool y la gran mayoría como carne de basurero: el caso es que, de querer la segunda aportación de Octo Octa –productor de Brooklyn en cuyo pasaporte se lee Mike Morrison– al sello de Los Ángeles, hay que meter el brazo hasta los codos en el más embarrado underground.

Octo Octa sólo tiene un vinilo planchado en 100% Silk, “Let Me See You”, en otoño del año pasado. En su barrio y alrededores también le han podido ver tocando en locales minúsculos –lo que él llama “gira”–, y si se tenía la fortuna de coincidir en el lugar y el momento correcto, con cash flow en el bolsillo, se podía comprar “Rough, Rugged, And Raw” –cuya tirada, por otra parte, ya era escasa, 200 ejemplares exactos–. Por suerte, existe el mercado digital y de este título hay también un paquete de mp3 a bajo precio, que no deja de ser la grabación de un live, o una secuenciación de temas inéditos y todavía por pulir, que Octo Octa va sacando en su estudio y lanzando en la mezcla cuando da con su ordenador, su pedal y su controladora en un bar de mala muerte. Por supuesto, hay algo de romántico en todo esto, algo también de reto arqueológico y mucho de WTF!, porque al fin y al cabo, de hacerse uno con la cosa, será siempre descargándola por ahí –no llega a cuatro libras en Boomkat–, pero si a alguien todavía le apetece el formato físico, por seis dólares en la web de 100% Silk te la venden; quedan pocas copias–. Una vez con ella en las manos –o en el disco duro–, lo que se aconseja es sumergirse: no cambiará la historia del house ni arrastrará una corriente de moda hacia el sonido pretérito, entre hardcore, bleep y Detroit, que dominaba el norte de Inglaterra a principios de los 90s, pero es algo que todo el mundo al que en su día le gustaran los discos de Coco Steel & Lovebomb debería escuchar con lagrimilla añadida: sonido recio, con erupciones puntuales de rabia y vigor en la mejor tradición rave y hardcore –incluso la escuela de Nueva York de Joey Beltram y Adam X–, en un continuum de 36 minutos al que le faltan picos de euforia y locura, pero al que le sobran ideas de partida.

El mix, lógicamente, está dividido en dos partes, una por cara de la cinta. La primera es más melosa, participante del revival deep house, con teclas profundas y cambios de acorde aéreos como en “Forced Nature” y la emotiva –el nombre del track aquí es más que explícito– “Memories”. Enseña también una especie de tributo entre telarañas y lágrimas a Tricky Disco en “Shower Nights (Second Chance Mix)” y al primer techno profundo y tirillas –Pan Sonic, Plastikman– en “Pitch Black” y “Wormhole Move”. La segunda parte es la que hace algo más de honor a la promesa del título, a ese exabrupto de crudeza y rabia, cuando vira su dirección hacia el old school hardcore y al bleep, con bastante acierto en “T.T.O.”, con recursos manidos en “Blush (House Mix)” –samplear una vez más el “Oops (Oh My)” de Tweet: ¿era necesario?–, pero también con ases en la manga inesperados como la referencia estética a 808 State en “This Day”, a B12 en “Float Keys” y a LTJ Bukem en “Untitled”. Aquí hay un tipo que ha escuchado lo que entre muchos clubbers ya se conoce como “música antigua” (ni que fuera del siglo XV), que la ha digerido a la perfección y que sabe cómo disponerla para seducir oídos modernos y a supervivientes de la golden era rave. Su marco de acción es similar al de Ital, aunque sin tanta mala leche ni factura borrosa, y aunque en un segundo plano, Octo Octa opta a ser un nombre importante en esa escena –el dance hipnagógico, llamémosle así– que tiene que empezar a desarrollarse a lo grande en 2012, con el más que posible estallido inicial del revival 90s.

Javier Blánquez

Octo Octa - Memories

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