Room(s) Room(s)

Álbumes

Machinedrum MachinedrumRoom(s)

8.1 / 10

Machinedrum  Room(s)

PLANET MU

Mucho se ha dicho y sentenciado sobre el nuevo disco de Machinedrum, incluso antes de que se editara oficialmente. Y todo lo que se ha dicho ha sido con justicia, pues es uno de esos álbumes que inmediatamente traen a la cabeza pensamientos del tipo “este podría ser el lanzamiento del año”. En cualquier caso, escribir esta crítica se ha convertido, por todo ello, en algo complicado.

Travis Stewart, el hombre detrás del seudónimo, puede reclamar con todo derecho diferentes títulos, desde el de pionero (gracias a su trabajo a lo largo de toda la década anterior en sellos como M3rck) al de camaleón (especialmente cuando comparas sus lanzamientos recientes en LuckyMe, Normrex o Hotflush), además de un gran intérprete en directo (ve a verlo si puedes en alguna de sus fechas a lo largo de su gira europea en curso durante este verano). “Room(s)” es un álbum que enfatiza todos estos aspectos.

Editado a continuación del “Sacred Frequency EP” que apareció el mes pasado, “Room(s)” prosigue la inmersión de Machinedrum en un espacio de la música de baile firmemente afianzado en la franja de los 160 bpms y –según la nota de prensa– componiendo siempre a partir del espoleo de la inspiración del momento, con muy poco trabajo adicional de post-producción para evitar extraerle el mínimo de magia a las primeras tomas. El resultado son once cortes maravillosos, mágicos, muy bien conectados sonoramente entre ellos, y a la vez diversos en su forma final. Es jodidamente bueno este tío.

Mucho se ha indicado, también, sobre las similitudes y conexiones sonoras entre “Room(s)” y el sonido juke, principalmente debidos por la opción de velocidad en bpms antes apuntada, y es cierto que las cualidades rítmicas de muchos de los temas son la manera que tiene Travis de aceptar que, en efecto, hay un interés por su parte hacia este género tan particular de Chicago. Sea o no cierto, al final es una elección personal de cada uno –quiero decir que la analogía no es tan obvia, y que la influencia está ahí pero no lo suficientemente fuerte como para encasillarle en el género–. Lo que sí me resulta más fascinante son las otras influencias desperdigadas a lo ancho de “Room(s)” y que se entremezclan a la perfección con el ángulo juke: las del rave y el jungle. Es algo que ya había apuntado en el EP previo, un primer ensayo de la receta que une a nivel sonoro, estilístico y estético los elementos de estas tres influencias y que convierten la música en algo irresistible para cuerpo y mente.

Desde el tema de apertura, “She Died There”, hasta “Where Did We Go Wrong”, la energía no se apaga nunca –aunque en “Where Did We Go Wrong”, que es cuando se acaba todo, hay un descenso hacia unas texturas melosas y atmosféricas–. Y es esa energía inagotable, y la diversión que conlleva, lo que convierte “Room(s)” en un álbum especial.

Ritmos de percusión acelerada, melodías coloristas en cascada, punzadas y bajones extáticos, muchísimo sampleo vocal y todo tipo de manipulaciones: todo esto está presente a lo largo y ancho del álbum, pero Machinedrum nunca se aferra en exceso a una sola idea, lo que produce un resultado memorable. Es difícil destripar cualquiera de los cortes o elegir uno solo como el mejor, ya que la compenetración y la cohesión de todas las partes del álbum obligan a examinarlo como un todo, no como una sucesión de temas, al menos si se quiere ser justo con él. Es, en verdad, uno de esos discos que puedes ponerlo, sentarte y escucharlo de principio a fin sin tener la tentación de saltarte ninguna pista. Además, está tan replento de material para la pista de baile que también sirve a la perfección para las sesiones de club, una cualidad doble que muy pocos álbumes han conseguido obtener en los últimos años.

Si me tengo que forzar a elegir algunas piezas favoritas de aquí, entonces tengo que quedarme con los dos cortes en los que el hombre despliega partes vocales generosas, “Sacred Frequency” y “Come1”. La primera trae a la mente un movimiento de caderas hip hop mezclado con el éxtasis de la música de baile, mientras que la segunda recupera recuerdos (o imaginaciones, si nunca viviste la experiencia) de las viejas raves, gracias a sus compases épicos del comienzo, antes de asentarse en un groove cómodo que te transporta con un bucle hipnótico de piano.

Al final, de este disco se aprovecha todo, como del cerdo. Lo digo ahora y no me pienso mover de esta opinión. Es uno de esos álbumes raros en lo que todo, absolutamente todo, es bueno. Así que si has conseguido llegar hasta el final de esta crítica, muchas gracias por leer, y ahora vete corriendo a comprar el disco y a ver a Machinedrum en directo, porque te cambiará la vida. Si has leído en diagonal hasta llegar al final, aquí va el resumen: este disco es enorme, ve a comprarlo y dame las gracias después.

Ahora comienza la lenta y paciente espera hasta su próxima reencarnación artística.

Laurent Fintoni

“Come1”

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar