Room Mist EP Room Mist EP

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Nadsroic NadsroicRoom Mist EP

8.3 / 10

Nadsroic  Room Mist EP

LUCKY ME

Tras el alias Nadsroic esconde la cara Ciorsdan Brown (lean su primer nombre al revés), joven de tan sólo 22 años que un buen día decidió cambiar las bucólicas highlands escocesas por las más bulliciosas calles del West End y el centro de Glasgow, terreno abonado para las relaciones con esa posse de jóvenes airados ( Rustie, Hudson Mohawke , et al) que tanto buzz está levantando desde el frente del beatmaking más tangente y enrarecido. ¿Que al factor femenino de LuckyMe le tira el micro pero le aburre la idea de pasarse horas golpeando triggers y retorciendo knobs virtuales? No importa. Ahí está el camarada Mohawke brindándole a la niña su surtido de bases cojas.

Dependiendo del ojo con el que mires, Nadsroic puede pasar por el proyecto personal de la joven Ciorsdan tanto como puede parecer el invento de un Hud Mo interesado en explorar –desde un punto de vista siempre aberrante, pero menos– los formatos del rap, el pop o el R&B sin arriesgar el crédito de su nombre propio. A Hud Mo se le tiene por mago de lo raro, y en este EP sus bases parecen seguir por momentos caminos demasiado “rectos”. La cosa es que, después de su abocetado Polyfolk Dance (Warp, 08), este mayor “ir al grano” se agradece. Las bases bucean por las mismas aguas de siempre, pero duraciones, niveles, dinámicas y timbres parecen hablar un lenguaje más depurado, mesurado, sobrio y preciso. El espacio que uno se imagina ocupado por poluciones acídas, filigranas sintéticas, samples bizarros y adornos irritantes en los discos del propio Hud Mo, aquí queda reservado para la atractiva voz de una Ciorsdan que canta, susurra, suspira o rapea con voz etérea, perezosa y sensual.

En “Room Mist EP”, Mohawke se viste el traje de un Timbaland hipotenso que tira de ruidos vocales, de sintes raros y musitado beat boxing, de golpes de bombo secos y cajas con reverb brillante para que Ciorsdan seduzca desde su papel de Missy joven, delgaducha y blanca. “All Hot” es la canción que más sorprende del lote, por hechuras (breaks de timbre acústico con cierto regusto a free jazz re-estructurado, sintes ululantes de gramática IDM, metralla sónica a lo space invaders, y melodías vocales con un punto etéreo que conectan el mundo de la avería wonky con la tradición folk de ascendiente gaélico que Ciorsdan mamó durante su infancia en las Tierras Altas), y por lo agreste de una producción que parece disfrutar –ese clipping digital parece estar puesto ahí a drede, para boicotear el potencial pop de una canción tan extraña como sugerente– con el hecho de que los bombos distorsionen a saco. Luego, en “Leopards”, Hud Mo se viste de seda y le entrega a la Brown una base cargada de brillos que esconde sus arrítmias a la Dilla entre paños de jazz modal, psicodelia ligera y R&B con alma pop. La pareja vuelve a tomarle el pulso al crunk en “Step Back”, aunque aquí los beats se engordan –para dar el peso en la báscula del club– y las sutilezas de “Room Mist” se transforman en todo un banger de acento synth-hop. Para cerrar, Ciorsdan se pone sensual sobre una base ligeramente desencajada en la que rastros melódicos del techno de Detroit parecen buscar la manera de sedimentar sobre una sutil estructura rítmica que tiene tanto que ver con el half step dubstep como con el viejo y renqueante minimal techno de Profan.

Tras escuchas repetidas, la sensación que queda es la de que ambos podrían pasar sin el otro. La voz y el flow sedado, chulesco y sensual de Ciorsdan encierra encantos suficientes como para poder funcionar cabalgando las bases de cualquier otro, bases que podrían venir servidas desde ámbitos alejados del glitch-hop o la electrónica wonky. Al otro lado, como bien demuestra el corte que cierra el álbum –esa versión instrumental de “Step Back” que parece pensada para reventar cajas–, los beats que Hud Mo ha cortado para Nadsroic podrían casi siempre mantener el tipo sin voces. En ausencia de dependencia mutua, cabe hablar pues de prometedora convergencia sinérgica. Gran debut.

Luis M. Rguez

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