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Álbumes

John Vanderslice John VandersliceRomanian Names

7.5 / 10

John Vanderslice  Romanian Names DEAD OCEANS / POPSTOCK!

Piedra angular del folk progresivo y oveja negra del pop caprichoso, el tipo que primero montó un estudio de grabación (el mítico Tiny Telephone) y luego se dijo, “qué demonios, yo también puedo grabar un disco”, firma su séptimo álbum, un “Romanian Names” que tiene más de soleada página de novela gráfica de monigotes y caballitos que de atrevido paso adelante en su desequilibrado cruce de samples, guitarras y musculosas melodías de inspiración americana.

Corría el año 1997 cuando John Vanderslice se bajó de ese monstruo del pop experimental llamado MK Ultra y se metió a productor encubierto. Puso en marcha un estudio de grabación, el Tiny Telephone, de reputación intachable en los ambientes más in del San Francisco posthippioso y pasó tres años a la sombra de los tipos que pasaban por allí. En ese tiempo se le ocurrió que al folk le sobraban barbudos aspirantes a osito de peluche y le faltaban tipos que quisieran pasar un buen rato deformando la vieja pauta de canción de mecedora en el porche y espuelas vaqueras. Así que se puso manos a la obra y firmó un debut, “Mass Suicide Occult Figurines” (2000), que todavía hoy figura en los altares del pop de raíz folk para tipos como Euros Childs (ex Gorky's Zygotic Mynci). El álbum incluye joyas de la talla de “Bill Gates Must Die” y “Big Band Stars”, puro veneno en forma de cápsula de pegadizos estribillos y algún que otro volantazo, como los que se sucederán a partir de entonces una vez al año (como buen hijo de cantautor, y aquí Will Oldham se lleva la palma, el tío es prolífico). A destacar el ruido que hicieron en la escena del folk desenfocado y bonachón sus últimos tres trabajos: “Cellar Door” (2004), “Pixel Revolt” (2005) y “Emerald City” (2007), una suerte de trilogía que le permitió colarse en las listas de lo mejor del año.

Y he aquí que, aunque en el terreno del folk progresivo no esté todo dicho (es más, el barbudismo manda y el sanote ir y venir de letras picantes sigue siendo rareza a conservar), puede que al bueno de John se le hayan agotado las ideas. Porque, aunque el arranque de “Romanian Names” es de lo mejor que se ha oído este año en sus pantanosos dominios ( “Tremble And Tear” debería ser ya un clásico en el repertorio de Vanderslice), su avance es poco más que anecdótico (sí, vale, "C & O Canal" y "Too Much Time" son un par de joyas a tener en cuenta, pero el empaque de la pretendidamente chistosa "Fetal Horses" deja mucho que desear). Destacar, además del salto de compañía (Vanderslice lo ha dejado con Barsuk y se estrena con Dead Oceans), el hecho de que este es el primer disco que John no graba en su mítico estudio. El tío ha preferido quedarse en casa con sus maquinitas y ha convertido su primer bedroom álbum en el primer disco que suena a otro disco de John Vanderslice de su carrera. Otro, en plan otro más, no uno mejor, pese a seguir siendo uno de nuestros francotiradores favoritos. ¿Ganas de quitarse el casco de astronauta y bajar a la Tierra a, simplemente, firmar un buen puñado de canciones, o el primer síntoma de agotamiento existencial del genio de Florida? Tal vez ha llegado el momento de que John se deje barba y se siente en la mecedora.

Laura Fernández

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