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La Bien Querida La Bien QueridaRomancero

8 / 10

La Bien Querida  Romancero ELEFANT

El problema de ciertos discos es que, antes de que aparezcan, la mayoría de la gente ya tiene una opinión formada sobre ellos. Con el disco de debut de La Bien Querida (proyecto en solitario de Ana Fernández-Villaverde, bilbaína instalada en Madrid) pasa algo así: se suponía que todo el mundo ya sabía cómo iba a sonar (o peor, cómo querían que sonara), que todo el mundo sabía qué canciones iban en él o, lo peor, qué significaba el disco (en sus vidas y en la escena independiente nacional). Es lo que tienen las canciones buenas, la gente piensa que les pertenecen. ¿Les pertenecen? Discusiones al margen, “Romancero” es todo un hallazgo. Con una producción ambiciosa, atrevida, incluso lujosa, de David Rodríguez ( Beef, La Estrella de David), que saca el máximo partido a cada una de las hermosísimas canciones del disco, colocando la (estupenda) voz de Ana en un primerísimo plano, y rodeándola de una instrumentación precisa, delicada. Con un repertorio por el que otros (y otras) matarían, la ópera prima de La Bien Querida transita por los territorios del amor en sus muchos estados, la excitación, el enamoramiento o el irremediable desencanto. Del reproche que se convierte en liberación en la rarísima “Ya No” al pop perfecto de “Corpus Christi”, de la apatía existencialista de “A.D.N.” a esa preciosidad de “7 Medidas de Seguridad”, con los inolvidables versos finales, a ritmo de bulería, entre la esperanza y el temor: “Virgen de la Cueva, por favor / que ahora no llueva”; del júbilo de palmas y violines de “De Momento Abril” a la celebración en forma de desfachatez techno (¿una gran broma?) de “9.6” (o cómo querer desmontar la canción más clara de su repertorio arrojándola a la pista de baile). Disco generacional, clave, “Romancero” tiene, además, una virtud literaria, estética, indiscutible. Da voz, concede todo el protagonismo, a un personaje hasta ahora más o menos inédito en el panorama pop español. A saber, una mujer, de treinta y tantos, desorientada, melancólica, que busca una sola cosa. Una sola por encima de todo: el amor. Como la “Gertrud” de Dreyer, la “Bovary” de Flaubert o Emily Dickinson, la protagonista de las hermosísimas canciones de este disco es siempre una mujer que habla de amor, con franqueza y honestidad, con y sin miedo, que lo busca, lo persigue o huye de él como del demonio. El debut de La Bien Querida dota de vida al reverso femenino del imaginario indie y lo hace, por tanto, más complejo, más maduro. Le da, por fin, forma.

“Romancero” consigue narrar, al mismo tiempo, una ruptura y un comienzo. Es a la vez un disco de amor entregado y sumiso y uno sobre amarguras y reproches. Es esperanzado y desolador. Leo por algún lado que es el disco del año. No lo sé. Puede. Pero si no lo es, se le parece mucho.

Fernando Navarro

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