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Wiz Khalifa Wiz KhalifaRolling Papers

5.8 / 10

Wiz Khalifa  Rolling Papers ATLANTIC

¿Qué pasaría si Curren$y cambiara los beats de Ski Beatz por un elenco de productores especialmente duchos en la fusión de pop, ritmos electrónicos y R&B? ¿Qué sucedería si Devin The Dude decidiera cortar por lo sano y trasladar su universo lírico a un mosaico de synth-rap? ¿Y qué nos encontraríamos si el weed rap diera el salto al mainstream y buscara sus cinco minutos de fama comercial y popular? Lo que sucedería es una realidad: “Rolling Papers”, tercer disco del rapper de Pittsburgh Wiz Khalifa, primero con matasellos de multinacional y uno de los más esperados y anticipados de esta temporada después del ruido que armaron sus dos últimas mixtapes y el eco mediático del single “Black & Yellow”, del que se han apropiado los aficionados de los Pittsburgh Steelers a modo de himno alternativo.

Las intenciones del MC no pueden ser más claras y explícitas: convertirse en el reverso comercial de Curren$y o en la versión fumeta y semigangsteril de Drake. Es decir: trasladar una temática lírica de limitadísimo radio de acción, centrada en una ecuación fácil pero constante en la historia del hip hop (canutos + fiestas + holgazaneo callejero + crónicas sexuales), a un contexto sonoro postmoderno que entronca directamente con la microescena del synth-rap patentada por Boy-1da y representada públicamente por Drake o Nicki Minaj. El problema es que Khalifa se enfrenta a dos grandes obstáculos: primero, el sonido de Boy1-da, uno de los productores más interesantes del momento, es único e inimitable y se caracteriza, precisamente, por su personalidad y ambivalencia, que le permite cuajar bien en las listas de ventas sin perder pegada, matices y seriedad. No es el caso de los beatmakers que asoman el hocico por aquí, más empeñados en dar con el single más evidente posible que en darle entidad, consistencia y sentido a la fusión de sintetizadores, beats electrónicos y rimas humeantes. Algunas veces cantan Bingo y se salen con la suya –la ya citada “Black & Yellow”, “On My Level”, “When I’m Gone” o “Roll Up”, ésta ya en el límite de lo kitsch–, pero en otras ocasiones se cruza estrepitosamente la raya de la horterada y el pasteleo y la apuesta hace aguas por todos lados: mucho ojo con “Wake Up”, “No Sleep”, “Fly Solo” o “Cameras”, soberanas invitaciones a la vergüenza ajena.

El otro gran problema de “Rolling Papers” es que Khalifa no está a la altura de Drake. Ni de lejos. De acuerdo con que se trata de un MC honesto que desde siempre ha dejado claras sus limitaciones líricas y nunca se ha escondido, pero su arsenal de rimas y temas se agota en cuatro canciones, dejando al descubierto unas carencias que se acentúan cuando la producción de acompañamiento no es la más apropiada. Esta rutina de fumeteo y fiestas hasta el amanecer quedaría algo tapada y camuflada con un buen beat de Ski Beatz, por ejemplo, pero cuando viene de la mano de un remedo de synth-pop pasado por el barniz emo la sensación de decepción y desconcierto es aún mayor. Estamos ante un álbum que pisará fuerte en los charts norteamericanos, tiene tres singles incontestables y una propuesta musical muy hábil para funcionar en estos tiempos y venderle la moto a los hypebeasts con poco recorrido, pero anda muy lejos de lo que se podía y debía esperar de una de las grandes apuestas del hip hop contemporáneo.

David Broc

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