Rolling Blackouts Rolling Blackouts

Álbumes

The Go! Team The Go! TeamRolling Blackouts

7.4 / 10

The Go! Team  Rolling Blackouts MEMPHIS INDUSTRIES

Un disco de The Go! Team es un 30% sampling, otro 30% bubblegum pop y otro 30% de clase de aeróbic, y el porcentaje restante queda repartido entre otro tipo de efluvios sonoros circunstanciales. Así fue en 2004 con el sorprendente “Thunder, Lighting, Strike”, que estaba grabado como si fuera un larguísimo puzzle de pop festivo, en un solo corte dividido en segmentos al azar y que tanto nos recordaba a los desaparecidos The Avalanches, y también en 2007 con la continuación “Proof Of Youth”. Lo mejor y lo peor que se puede decir de “Rolling Blackouts” es que es una continuación de “Proof Of Youth”: la renovación, la autocrítica, es cero, parece el mismo disco con diferentes canciones y algunas voces invitadas que, lógicamente, no estaban antes en el engranaje pero que no alteran en absoluto la dinámica frenética de Ninja, Ian y el resto de la banda. Por aquí asoman Bethany Cosentino (Best Coast) en “Buy Nothing Day” y Satomi Matsuzaki (Deerhoof) en “Secretary Song”, pero sólo te enteras de sus cameos cuando lees los créditos del disco con atención, no porque alteren ninguna dinámica ni varíen la paleta de ritmos y alaridos habitual en The Go! Team. Aquí hay una fórmula efectiva que conviene no tocar. Los experimentos podrían arruinar el invento, es lo que parecen estar pensando.

Por eso hay fanfarrias de película blaxploitation ( “Bust-Out Brigade”) o himnos de pop para campus universitarios hormonalmente alterados ( “The Running Range”). Todos estos momentos que forman el nuevo rompecabezas ultramelódico de la joya de Memphis Industries, sin olvidar la apertura que arrasa con todo ( “T.O.R.N.A.D.O.”), las voces de pito rapeando con una técnica supersónica y la instrumentación eufórica y variada, entre una banda funk a lo Parliament y una hardcore a lo NOFX, todos esos momentos, decía, están urdidos con la eficacia de las anteriores ocasiones. Lo están preparando todo, por lo tanto, para acudir a los festivales y ser la party-band perfecta (una vez más), el reconstituyente energético perfecto para que, tras una larga jornada de ir de un lado para otro, saltar y mover la cabeza, haya un motivo poderoso para dejarse la piel por última vez y echar el resto. Pero diría más: hay algo que no es continuista en “Rolling Blackouts” que hace de este disco una pieza mejor que la anterior: no está grabado a ese nivel de volumen insoportable, sucio e irritante que echó por tierra “Proof Of Youth” (sinceramente, ¿alguien se atreve a volverlo a escuchar sin apostarse una jaqueca). Aquélla era una colección acertada de bombazos pop, pero un productor cabrón la convirtió en un amasijo informe de vómito sampledélico. Aquí no ha vuelto a pasar, y menos mal. El cuarto será igual, imaginamos. Estamos en el día de la marmota.

Robert Gras {youtube width="100%" height=273"}0jlg3oBLkf4{/youtube}

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