Rocket Road. 1997-2001 Rocket Road. 1997-2001

Álbumes

To Rococo Rot To Rococo RotRocket Road. 1997-2001

8 / 10

La historia de To Rococo Rot, que comenzó a mediados de los años 90 –y que arrancó, en lo discográfico, en un tiempo ya tan lejano como 1996, con su primer álbum en el sello Kitty-Yo–, llega todavía hasta hoy: en 2007 entraron en la familia Domino con “ABC123” y prolongaron la relación en 2010 de nuevo con “Speculation”, y a día de hoy siguen preparando conciertos y nueva música: su caso es de una longevidad y constancia que no se ha dado con ninguna otra banda de aquel sonido alemán que trasladaba las pautas del post-rock a la manera de Tortoise hacia postulados más propios de la IDM europea y el dub germánico: un árbol genealógico que comienza con Mouse On Mars, que prosigue un poco más tarde con bandas prestigiosas en su día como Kreidler y Tarwater, y que logra su momento de mayor abstracción en 1998, con el primer álbum de Pole, el azul. Su sonido y su trabajo es, por tanto, la síntesis de una época muy especial y fructífera en la vanguardia electrónica que, lamentablemente, parece haber caído en el olvido. Y quizá por eso aparece, de manera muy oportuna, “Rocket Road. 1997-2001”.

No es un recopilatorio, sino una discreta cajita en la que reaparecen, reeditados y con interesantes bonus tracks y remixes, los tres mejores álbumes de To Rococo Rot: “Veiculo” (1997), “The Amateur View” (1999) y “Music Is A Hungry Ghost” (2001), disco este último que les llevó directamente a una de las portadas de la revista The Wire de aquel año gracias a su colaboración con el productor dub neoyorquino I-Sound. To Rococo Rot lo formaban Robert Lippok, su hermano Ronald (que estaba en Tarwater también) y Stefan Schneider, miembro por entonces de Kreidler, así que en cierto modo era un supergrupo post-rock con base en Düsseldorf que sus miembros usaban como vía de escape fuera de sus bandas originales y donde existía la libertad de experimentar, de practicar una alquimia electrónica con abundancia de ecos, estructuras abstractas y relación líquida entre una percusión post-rock y una modulación de bajos y efectos al estilo del dub.

“Veiculo” fue, de los tres discos que reúne este box, el más libre de todos: nadie esperaba nada de To Rococo Rot en 1997 y el trío se dedicó a jugar con máquinas en su estudio y les salió uno de esos pequeños secretos olvidados que merecen un rescate, porque sigue sonando increíble, absolutamente vigente: quizá pesa más su condición de background music, no conserva un gran vigor, pero la constante erupción de bajos, su latido vivo, no ha perdido nada de su atractivo original. Fue un disco también editado antes de que tanto Kreidler ( “Appearance And The Park”, en 1998) como Tarwater ( “Silur”, en 1998) empezaran a llamar la atención con insistencia: se nota que no hay ninguna presión, que forma parte de un acelerado proceso de aprendizaje.

“The Amateur View”, en cambio, llegó dos años después con muchos más ojos sobre el trío, y la respuesta fue una colección de miniaturas que partían del mismo presupuesto de “Veiculo” pero con una forma y un perfil más definidos, casi pop –un pop robótico y romántico como el de los Kraftwerk de “Autobahn”– y con pequeñas joyas como “Telema” y “Prado”, que contribuyeron decisivamente a afianzar un prestigio para To Rococo Rot que se consolidó con “Love Is A Hungry Ghost”, donde finalmente tomaron la decisión de integrar voces y nuevos ángulos en el proyecto –fue I-Sound, activo productor de la escena illbient de Nueva York y dueño de la tienda Kim’s Video en St. Mark’s Place, ya cerrada, quien se encargó de ese papel–, deslizando su sonido otra vez hacia paisajes aún más irreales, con borbotones de sonido sintético a la vez que cálidos e inquietantes.

Después de tantos años, la música de To Rococo Rot no ha perdido ni un ápice de su valor inicial e incluso por momentos se percibe como visionaria, avanzada a su día, todavía con una sorpresa guardada para oyentes jóvenes y curiosos que aprovechen la edición de este box para acercarse a ellos. Hace tiempo que perdieron el momentum de aquellos tiempos –la macro-dub infection– y difícilmente volverán a remontar, pero su legado se ha vuelto a preservar de una manera barata, bonita y, además remasterizada, con bonus tracks generosos –y con tres remixes que añaden valor extra a cada álbum, firmados por Four Tet, Mira Calix y Sunroof (Daniel Miller y Gareth Jones). No es la caja de Pandora, que desencadena todos los males, sino una agradable y disfrutable caja de sorpresas.

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