Ro-Me-Ro Ro-Me-Ro

Álbumes

Paco Sala Paco SalaRo-Me-Ro

7.7 / 10

Paco Sala suena a nombre de jugador de la selección española de balonmano, de instrumentista de sesión para bandas jazz de medio pelo o, sencillamente, el tío que te cobra en la gasolinera el tabaco y los chicles; un nombre de lo más corriente y lo más gris, y que vete a saber por qué lo ha elegido Antony Harrison – glitchtarrista en el proyecto Konntinent, habitual sellos como Hibernate, Sonic Pieces y Home Normal– para identificar su nuevo proyecto, que sigue siendo tan algodonoso como el que lleva cultivando desde 2008, pero ahora con un enfoque más pop. “Ro-Me-Ro” no es la primera grabación que Harrison firma como Paco Sala –hubo una cassette, “Radial Sundown”, también en Digitalis, a principios del año pasado, de no más de 40 minutos y en la que colaboraba la poetisa Felicia Atkinson en “Tous Les Oranges”–, pero sí es el disco en el que su desdoblamiento de personalidad queda definitivamente codificado. Es probable que Paco Sala no acabe substituyendo a Konntinent como el vehículo de expresión principal para Harrison –fundamentalmente porque el material de Konntinent, por su fidelidad al flujo de sonido ambient, es más rápido de hacer–, pero si hay alguna posibilidad de ampliar su base de seguidores será a través de esta incursión en el espacio onírico que hay entre los confines más alejados del pop.

Paco Sala no es un proyecto individual. Con Harrison está, ocasionalmente, la vocalista Leyli, poseedora de una de esas entonaciones élficas, beatíficas, que en estos tiempos de deslumbramiento por la magia de Julia Holter, Grouper y Motion Sickness Of Time Travel siempre se agradecen, y lo que hacen juntos suena a lo que saldría del estudio de Hype Williams si les picara la curiosidad por experimentar con el dream-pop. Esto quiere decir que la substancia sonora de “Ro-Me-Ro” es volátil, inestable y difícil de capturar; se esparce a lo largo de los 40 minutos del vinilo como un rumor lejano, como una confusión de diferentes fuentes que, en la mezcla, sin embargo, adquieren una forma final agradable en lugar de la bruma espesa y misteriosa que suele envolver los discos del escurridizo dúo de Hyperdub. Las estrategias de trabajo son parecidas, pero los resultados son bastante distintos: Harrison maneja el sonido en bruto –guitarras tratadas, samples sin origen preciso, capas ambientales moduladas en tiempo real, algún beat furtivo– y le da una forma intuitiva, como quien va organizando los colores en una pintura fauvista. Hay, es cierto, una conexión con el pop menos críptico en piezas como “Spiral” y “Tre’s Future First”, que tanto pueden identificar una conexión con el viejo catálogo de 4AD como al de Morr Music, entre el shoegaze y la indietrónica, pero es un pop circunstancial que ocurre a partir del uso de la voz de Leyli, y que pone algo de orden en el caos. Pero cuando no está Leyli, Harrison directamente vaga por un paisaje oceánico de sensaciones, olores e impresiones que él va recogiendo, o intuyendo, en el sonido final. De igual manera en que Hype Williams es una trituradora que recoge y escupe influencias diversas, de la psicodelia al dub, y las transforma en una papilla sonora nutritiva pero en la que los ingredientes aparecen mezclados entre sí sin que haya manera de saber en qué proporciones o con qué motivo, Paco Sala consiguen ese mismo resultado con el efecto contrario de enamorar, en vez de confundir.

“Ro-Me-Ro” corre el peligro de ser identificado como un disco light, como una obra más de new age camuflada de pop hipnagógico o de masaje auditivo arreglado con unas voces bonitas aquí y allá. Es un peligro real porque Harrison sabe controlar, en un esfuerzo final que posiblemente sea más difícil de apreciar de lo que parece a primera escucha, la gran oleada de caos y azar que va incluida en este proceso. Hay instantes, como “Legacy Edition”, con un beat casi trip hop y esos soplidos de electrónica paradisiaca, en los que parece que las canciones de “Ro-Me-Ro” vayan a alcanzar una forma convencional, adaptadas para sonar en un ascensor, pero son más los minutos en los que la música circula confundida y sin dirección, permitiendo el despertar de impresiones vagas de felicidad, desamparo o desapego de la realidad. Paco Sala no acaba de cerrar un círculo, quizá porque no haya ningún círculo que cerrar y su mérito sea dejar el resultado final en esa mezcla de indeterminación y ambigüedad. O como decía antes, lo mismo que Hype Williams pero al otro lado del espejo, cambiando los grandes porros de marihuana por fruta fresca, las pesadillas psicodélicas por sueños lúcidos, y el pop deforme por un pop sin forma concreta. Este disco una grata sorpresa que trae consigo una intuición: que no será la última vez que oigamos algo de Paco Sala –pese a lo extraño de su nombre–, y que en la próxima ocasión la impresión será todavía mejor.

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