Rinse Presents Roska Rinse Presents Roska

Álbumes

Roska RoskaRinse Presents Roska

8.8 / 10

Roska  Rinse Presents Roska RINSE RECORDINGS

Hay quien piensa que, cuando la música de baile entra en etapas de despiste, crisis o supuesta decadencia, siempre estará el house ahí para salvarla in extremis, como un ágil superhéroe que llega en el momento justo para evitar una catástrofe o que un autobús se despeñe por un barranco. El house sería, en ese sentido, una especie de fuerza universal, inmanente, un guardián que vela por el correcto progreso de la música de club: si algo ocurre, si algo la atasca, ella viene con un musculado empellón a evitar el atoramiento: el house durante años ha sido sinónimo de fuerza, de pureza incorruptible, de resistencia en catacumbas, y aunque ha tenido etapas comerciales hasta la náusea y una saturación excesiva de material intercambiable e innecesario, algunos de los momentos claves en la evolución –y toma de prestigio– de esta historia han venido del house. El house como música desnuda, al grano, fuerte, incluso con rabia. El house callejero y puro, al que no le impresiona ni el champán ni las gafas de marca ni la ropa cara. Y es entonces cuando Roska hace buena esa opinión del principio compartida por muchos: cuando las cosas se ponen feas, el house siempre está ahí para corregir el camino.

El UK funky fue, en esencia, un movimiento del núcleo duro de la escena grime hacia donde había acción –entiéndase acción como sinónimo de billetes y vaginas–: un house de verbena, tropical, carnavalesco, un regreso a los días de ropa con hilos de oro, bíceps de matón de barrio, tangas y espumosos de cien libras la botella que afloró en la Inglaterra de 1997 en forma de speed garage. Menos velocidad, los mismos bajos fornidos, percusión más sincopada, pero la misma intención de agradar a las féminas y sexualizar la música, aunque sin sutilezas ni una creatividad especial: escúchese a Crazy Cousinz y se entenderá de lo que hablamos (el horror). Durante pocos años, el funky house fue una escena secundaria que necesitaba alguien que la dignificara, que le diera un estatus de corriente creativa: alguien que remara en la buena dirección. Wayne Goodlitt es esa figura, lo ha venido afirmando en las bien dosificadas entregas de su sello Roska Kicks & Snares “In Your Handbag”, “Love 2 Nite” y “Without It” las mejores, para el gusto de servior–, y este álbum tenía que reafirmar la tendencia para, por fin, poderle dar el brillo merecido a su nombre. Poder decir que Roska es el auténtico líder creativo del funky, que su nombre merece ser grabado a fuego en un libro de pergamino, era fundamental. Ya no hace falta morderse más la lengua.

Pero “Rinse Presents Roska” va más allá del funky, funkstep o como diantre se le quiera llamar al nuevo sonido entre deep y tribal del nuevo Londres. ¿Para qué conformarse con una descripción a medias cuando Roska está usando el lenguaje de los mayores? El álbum quizá no es la reinvención de la rueda, pero sí es house en estado de ebullición, o efervescente, porque las ideas surgen del fondo –de Chicago– y se espolvorean en orientaciones asimétricas para acabar mezclándose con las aguas de la historia, aportando su propio sabor y nutrientes. Sí, este álbum tiene las condiciones de un futuro clásico –menor o mayor, eso lo decidirá el tiempo, pero en ningún caso quedará borrado por el olvido–, y las tiene porque, a diferencia de los “pioneros” del funky house, Roska no piensa con el pito ni se pierde por el lujo. Aquí tenemos a un productor de corte old school, un músico con máquinas y las ideas bien ordenadas en la cabeza, alguien que parece tener bien interiorizados –ya sea por conocimiento exhaustivo o por simple intuición– el léxico del house inmortal.

¿Funky? Digamos también garage –a la manera neoyorquina–, y usemos el prefijo deep con todo merecimiento, y extendamos su manera de hacer hasta el origen de todo. “Love 2 Nite”, que ya apareció en maxi dos años atrás, es el “Good Life” ( Inner City) de esta escena en la que Roska manda: cuerdas sintéticas, secuencia de bajos analógica, voz de hombre apasionado, completamente gay-friendly a la vez que pop-friendly. Las mismas cuerdas sintéticas y nerviosas, y una nota como un gong con eco, y unas voces también sincopadas, son las que decoran y añaden la emoción justa al gran inicio de “Tomorrow Is Today” –sustentado sobre un break 2step que recuerda al santo nombre de Dem 2–, y siguiendo con la obsesión sintética, cruda, con la estructura tracky y sin florituras de los diez temas del álbum, ahí están las palmas maquinales y los tonos de sintetizador profundo de “I Need Love”, que trae recuerdos a la vez de Schatrax como de aquellos nombres preciosistas del sello Guidance, sean Callisto o A:xus. No tiene mucho más este “Rinse Presents Roska” que desnudez y resistencia, visión panorámica de la vieja escuela y el talento para, como decíamos arriba, volver a darle aliento a un corpus musical con más de veinte años de vida –y posiblemente todo ya dicho–.

Hay momentos que confirman a chispazos todo esto: la batucada que se transforma en wonky de “Squark”, el UK garage revisitado y tarareable en “Energy” y “Wonderful Day”, el bleep’n’bass’n’soca de “Hey Cutie” y “Burn In Flames”, el regreso de las cuerdas como latigazos en “Time Stamp” y el amago de producción limpia, progresiva y épica que se desprende de “Messages” para acabar siendo una interpretación de guante blanco del hard house de los noventa. Y sin un ápice de nostalgia, pero sí con toneladas de criterio, de juicio, de instinto. ¿Un milagro que le inyecta vida al house en global? Dejémoslo en la consagración de un artista como la copa de un pino. Roska ya ha hecho los deberes en su parcela, la del funky house. Esto es lo que, en el post-dubstep, deberá hacer Joker cuando le toque sacar su LP. El duelo del año está servido.

Javier Blánquez

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