Rinse Presents Roska Vol. 2 Rinse Presents Roska Vol. 2

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Roska RoskaRinse Presents Roska Vol. 2

6.7 / 10

Ahora que los estilos musicales se pueden extender en cuestión de horas a millas de su ámbito natal, como si fueran las fichas del Risk, podríamos imaginarnos una versión bajas frecuencias del mítico juego de sobremesa. Si nos centráramos en el Atlántico Norte, éste sería el estado de la guerra: el dubstep desaparece en las Islas y emerge al otro lado del charco habiendo perdido sus bajos y atrayendo a los astros del pop con esos monstruosos eructos de frecuencia media; no hay graves, no hay dub, y el único step que hay son los pasos hacia la tumba, cuando el estilo acabe siendo juguete roto de las multinacionales. Por otra parte, el footwork, que empezó como una guerrilla de ninjas de pies hábiles en Chicago, ya tiene un enclave en Londres gracias a Paradinas y su nave nodriza de Planet Mu. Y en el centro del desmadre transoceánico, Gran Bretaña, donde los críticos únicamente hablan de bass, la música autóctona por excelencia de la isla, como nunca lo fue el brit-pop (por muchas union jacks que se vieran en los conciertos de Oasis). La miríada de estilos de que se compone ya recibe un tratamiento unitario, sea UK funky, post-dubstep o grime. Realmente un alivio para neófitos, ya que tantas etiquetas parecía que fueran las diversas facciones del Frente de Liberación de Judea de Monty Python: llámenle bass, pues. Y triunfa en el tablero, sea con bassallos –footwork– o basstardos –Skrillex–.

Y en ese ambiente tan ecléctico, todos hacen lo que les da la gana: Bok Bok ahora incluso temas de grime; Bass Clef, house con bajos reventones; Shackleton y Actress se salieron del tablero y emprenden ya su carrera aeroespacial. Pero todos hacen bass. Más sencillo. Y ya por fin llegamos a Roska. Su primera entrega, el celebérrimo Rinse Presents Roska (Rinse, 2010) combinaba un UK funky sincopado, pulcro y minimal con un house urbano, sensual, noctámbulo. Un híbrido irresistible, desplegado en un disco excelente que le distanciaba del pelotón. Sobre esta continuación, hay que dar primero las buenas noticias: Wayne Goodlitt no repite la fórmula del primer volumen y se lanza a experimentar con otros estilos, influenciado por el eclecticismo de su alrededor. Las malas serían que este disco no llega a la altura de su debut para Rinse y tiene numerosos altibajos que hacen de él una obra menor. El tono del disco, en general, es mucho más encabronado: no hay aquí el desparpajo y la soltura de temas como “Wonderful Day” que nos invitaban a “have a day with no regrets”. En este nuevo Roska tenemos al autor rompiéndose los dientes de tanto masticar gravilla. Tensión urbana. No en vano, su referente es la primera época de Wiley y el grime en general: los bajos correosos y los chirridos de sintetizador, como emulando un ecosistema de criaturas prehistóricas de 8bits.

El resultado no es desdeñable: temas como “Onrinsesincezeroeight” –disonancia, síncopa, suspense– exponen ideas primitivas pero con una buena coraza rítmica. Ahora bien, donde ha pinchado el británico es en las pistas vocales más orientadas a la pista: ni “Memories” ni “Do You Like This” son los bangers que esperábamos. No. Demasiado flácidos: estribillos no muy inspirados, sonido poco espacioso, teclados algo chuscos. No tomó nota de su colega estilístico DVA. Curioso es que el disco mejora considerablemente en la segunda mitad, sobre todo con el himno UK gangsta “Badman”, ayudado por la voz rugosa de Sweetie Irie, veterano del dancehall británico. También es digno de mención el grime pluscuamperfecto de “Go”, con la todoterreno Mz Bratt que esta vez abandona su faceta pop y escupe serpientes por la boca. “Eleven 45”, por otra parte, recuerda al niche/bassline, ese sonido crudo y macarra que hace unos años conmovió las pistas del norte de Inglaterra. Y ya cerrando el disco, está la rarísima “Spanner In The Works”, que a ratos parece una jam jazzística de Carl Craig y en otros momentos pasa a ser un tema de electro house en versión ruidosa. En definitiva, nuevos sonidos que le mantienen en el tablero, pero echamos de menos el tono más distendido del primer disco.

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