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Oneohtrix Point Never Oneohtrix Point NeverRifts (2012 Edition)

9.2 / 10

Hace tres años, Oneohtrix Point Never era uno de los misterios más profundos de las catacumbas electrónicas, un personaje enigmático al que resultaba casi imposible conocer en lo personal –todavía hoy sigue siendo reacio a dar entrevistas, a explicarse, aunque cuando lo hace se muestra locuaz y penetrante en sus observaciones– y aún con más dificultad en lo editorial: sus álbumes y otro tipo de piezas musicales circulaban en tiradas exiguas en CD-R y algún vinilo ocasional. Era aquella época, la misma en la que estaban floreciendo otros artistas de la ola neo-cósmica como Emeralds o Rene Hell, en la que toda esta escena aún no había dado el salto de popularidad que le proporcionó el trampolín de sellos como Editions Mego o Type: era marginal, subterránea, de cassette y Tumblr, y por mucho que hoy Daniel Lopatin se nos perfile como uno de los músicos más importantes de su generación y una de las claves en la renovación de ciertos modos y estilos en la música electrónica contemporánea, en 2009 era alguien que vivía en las zonas extremas del underground. Fue con “Rifts”, un doble CD editado por No Fun Productions, a la sazón un sello especializado en las últimas convulsiones del noise analógico, cuando su onda expansiva comenzó a aumentar, en un proceso que le llevaría, meses después, a planchar “Returnal” con Mego. Pero “Rifts” sólo era una recopilación –o mejor dicho, reunión desordenada– de tres álbumes anteriores que habían circulado de manera muy restringida en tiendas especializadas: “Betrayed In The Octagon” (Deception Island, 2007; originalmente una cassette), “Zones Without People” (Arbor, 2009; originalmente vinilo) y “Russian Mind” (No Fun, 2009; vinilo), en los que estaba prefigurado el primer sonido de marca de OPN, y el que le acompañó hasta justo antes de “Replica” (2011): un equilibrio perfecto entre un paisajismo lunar y desasosegante a lo Kluster (escúchense los más de diez minutos de “Woe Is The Transgression II”, que parece también un cruce entre el Aphex Twin aislacionista de “Selected Ambient Works II” y una sinfonía nocturna de animales en la selva), los interludios deslavazados y descriptivos de los Boards Of Canada de “Music Has The Right To Children”, unas fases ambientales inspiradas en la new age alemana primitiva y el abundante uso de arpegios planeadores en la mejor tradición de Klaus Schulze y Ash-Ra Tempel.

¿Por qué reaparece “Rifts” tan sólo tres años después de la mítica edición de No Fun? Básicamente, porque ese CD resulta ya difícil de encontrar –que no caro: en Discogs los precios de segunda mano están entre los 12 y los 28 euros, pero sólo hay 11 copias a la venta a día de hoy– y el crecimiento en fama de Oneohtrix Point Never, la entrada de nuevos fans, exige tener a la disposición de los mismos un título clave en su discografía, quizá el mejor de todos. Segundo, porque puede: la inauguración de su propio sello, Software, se hizo para cosas así, para darle libertad tanto en lo nuevo como en lo antiguo, y hay que reconocer que la Edición 2012 de “Rifts” es todavía superior a un disco que aquí, originalmente, se llevó una nota de 9.1 cuando lo reseñamos en enero de 2010. Ante la pregunta de cómo se puede mejorar un título casi perfecto, hay que ponerse a escrutar el tracklist y las características de la edición. En CD ahora son tres discos –si en el primer “Rifts” aparecían aquellos tres álbumes íntegros, pero en una secuenciación alternativa, que no arbitraria, para lograr una fluidez de escucha como si fuera un disco original, aquí cada compact incluye cada uno de los álbumes con bonus tracks–, y en vinilo es una despampanante caja de cinco plásticos que cuesta un riñón, pero por la que más de uno estaríamos dispuestos a vender nuestro cuerpo, y esta reordenación y ampliación del material contribuye decisivamente a que la experiencia de escucha sea distinta y, en cierto sentido, incluso mejor.

El primer “Rifts” se podía escuchar de una sentada –y a poder ser con un libro de 800 páginas–, ya que su duración de dos horas y media, en posición de decúbito supino (y a veces prono) y con la luz bajada, era más o menos ajustada para ciertas condiciones de burbuja, aislamiento y soledad. El “Rifts (2012 Edition)” es un hueso más duro de roer, porque supera ampliamente las tres horas, pero el añadido es substancioso y sin duda lo vuelve más apetecible. Oneohtrix Point Never ha desempolvado algunos temas aparecidos también durante el periodo 2007-2009 en diferentes cassettes propias o compartidas, temas sueltos en recopilaciones o materiales de álbumes todavía más esquivos como “Transmat Memories” o “Blue Drive”, su cinta compartida con KGB MAN, y ha trufado cada uno de los discos con estas perlas del pasado que en ningún caso quedan como pegotes, sino como amplificaciones: ya que ha salido por aquí “Transmat Memories”, el tema es uno de los ejercicios más logrados de arpegiación de Lopatin, un eterno y grácil bucle, aunque más eterno y más grácil es aún todavía “When I Get Back To New York”, que cierra el CD 1, conclusión del CD-R “A Pact Between Strangers”, y que discurre como un arroyo marciano durante 16 minutos de levitación mística que se la pondrían morcillona a Íker Jiménez y demás oráculos de la nueva era. Y así, “Rifts (2012 Edition)” cubre una función esencial: recuperar prácticamente todo el material de Daniel Lopatin pre-”Returnal” –se queda fuera el álbum en Ruralfaune, “Young Beidnahga” y alguna chuchería más– y perfeccionar lo que parecía inmutable en este abrumador retrato del artista efervescente.

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