Riceboy Sleeps Riceboy Sleeps

Álbumes

Jónsi & Alex Jónsi & AlexRiceboy Sleeps

8.1 / 10

Jónsi & Alex  Riceboy Sleeps EMI

Jónsi & Alex podría ser el nombre artístico de un nuevo dueto de diseñadores de moda, de un tándem de fotógrafos modernos o de un club de ambiente frecuentado por vips, pero nadie diría que detrás de ese nombre se esconde un proyecto musical a medio camino entre el ambient crepuscular, la neoclásica y la microelectrónica. Uno de sus artífices responde al nombre de Jón Þór Birgisson, cantante y guitarrista con arco de los aún imprescindibles Sigur Rós; su partenaire, nunca mejor dicho, se llama Alex Sommers y, además de compartir inquietudes musicales también ejerce de pareja sentimental del conocido vocalista. No tenemos especiales ánimos de darle coba al lado rosa del asunto, que conste, pero es obligatorio mencionar ese dato de su relación, sobre todo porque una de las claves y secretos de “Riceboy Sleeps” es que se trata de un disco hecho en casa, con calma y mucha paciencia, más de dos años de trabajo continuado que difícilmente hubiera llegado a buen puerto si ambos no coincidieran en el lavabo por las mañanas para ducharse o lavarse los dientes.

Soy consciente de que habrá muchos lectores que al leer el nombre de Sigur Rós habrán soltado un suspiro de desaprobación. Hay mucho hater de los islandeses ahí fuera, y no deja de ser comprensible cualquier reticencia ante este proyecto si anda metido su líder de por medio. Pero ya les avanzamos a todos ellos que aquí hay pocas conexiones musicales con el discurso del grupo de Jónsi, a lo sumo algunos pasajes ambientales que podíamos encontrar en “Takk…” y que son, en cierta manera, el punto de partida de este disco. La pareja ha querido hacer un álbum de ambient, muy a su manera, marcando con claridad las pautas expresivas y emocionales de su propuesta y distanciándola del concepto más clásico y ortodoxo del género. Ese toque de autor, propio, se centra, sobre todo, en el matiz melódico y emotivo que marca la pauta de todas las composiciones, quizás una mirada o una concepción más pop, pero indiscutiblemente eficaz en una grabación como la que nos ocupa. Es cierto que muchas veces asociamos la idea del ambient a un mantra de drones o notas repetidas que sólo persiguen una atmósfera especial o la exploración de un sonido concreto que deja de lado al oyente y no le tiene en cuenta. El ambient, no vamos a engañarnos a estas alturas, que ya nos vamos conociendo, puede llegar a ser un soberano coñazo si no existe una mirada creativa e interesante de su autor detrás de él. Y aquí la hay, por supuesto.

De hecho, la gracia de “Riceboy Sleeps” estriba, fundamentalmente, en el hecho de que es difícil aburrirse o dispersarse a lo largo de su recorrido. Los islandeses facturan su música a partir del uso e interacción de instrumentos y soportes analógicos, manteniendo las imperfecciones, los errores y las imprecisiones. Parten de un colchón ambiental que evoluciona de forma orgánica, gracias a la adhesión paulatina de elementos como voces corales de fondo, sonidos extraidos del ambiente, juguetes o cualquier otro tipo de cacharro que les sirva para añadir y complementar la base. La fórmula no tiene secretos, pero funciona más que bien cuando se dibujan amagos de crescendo con las melodías que surgen de su ecuación. Es como si le diera cuerpo y más presencia y, por supuesto, marcara su propio camino más allá de sus deudas innegables con Brian Eno y otros popes del ambient. Decíamos antes que los parecidos con Sigur Rós son mínimos y en ningún caso apreciables más allá de algún que otro episodio puntual. Para empezar, este es un disco íntegramente instrumental, característica que elimina ya de entrada esos gorgoritos y cantos de sirena que tanto parecen incomodar a sus detractores. Alérgicos a la voz de Jonsi, pues, no worries. Tampoco encontrarán desarrollos progresivos con guitarras, bajo y batería, ni rastro de ese supuesto sinfonismo que sus críticos esgrimen cada vez que publican material nuevo. Se trata de un cambio de registro explícito y evidente, bonito y resplandeciente, que tiene suficiente autonomía y peso específico como para brillar con luz propia independientemente de sus orígenes y sus lazos externos.

Julio Pardo

* Más info y audios aquí

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