Rhizomes Rhizomes

Álbumes

Effi Briest Effi BriestRhizomes

7.4 / 10

Effi Briest  Rhizomes SACRED BONES

Effi Briest es la parienta lejana de Emma Bovary o de La Regenta de Clarín. Una mujer adúltera atrapada en un retrato social cuyos colores más chillones son aquellos que hablan sobre las apariencias de la comunidad y la falsa moralidad. La imagen pública que damos y que a veces es la antítesis de lo que somos en realidad. Un fresco que, en su homónimo musical, y mediante la voz conductora de Kelsey Barrett, logra transmitir la misma desesperación interior que la molesta picadura de un mosquito estival. Un rechinar de dientes encefálico y una rabieta expresada con amargura alargando cánticos y con redobles de batería casi marciales. “Rhizomes”, pues, es un disco oscuro y tortuoso, pero de corazón abierto. Alguien atormentado abre sus brazos hacia la fatalidad (imagínense a todo un Strindberg abandonado a sus paranoias persecutorias desde la habitación de un hotel durante una noche de tormenta, y “Rhizomes” será la banda sonora perfecta).

Además de catalogar el disco como krautrock (o influenciado en él), amén de fijarse uno en los arreglos y construcciones típicas del rock progresivo y el post-punk psicodélico (en “Cousins”, el tema más Can, apreciamos un efecto sonoro resultado de seguir con un solo de guitarra gritos de Barrett, confundiéndonos durante breves momentos y haciéndonos creer que a) Barrett tiene una garganta de plástico o b) estamos escuchando el canto hipnótico de una ballena), degustamos una calma aparente y un control de los tiempos excepcional (se apuesta más por el desarrollo lento y la sonoridad diáfana), algo que es muy de agradecer y que evita que Effi Briest tomen el desvío del noise (de hecho, se decantan más por las atmósferas tipo Arthur Russell). Pero volvamos al asunto principal: lo potente aquí es la exprevisidad de Barrett y su tristeza de ojo amoratado que arde al minuto de duración (en “Rhizomes”), los bajos pesados y la omnipresencia de guitarra arpegiada y batería de regimiento militar (oigan This Heat y Bush Tetras). A veces con coros ( “New Quicksand”), a veces únicamente instrumental ( “X”), y casi siempre atonal, realzando la sensación de miedo alquitranado que se adhiere como una sanguijuela (en “Long Shadow” Barrett comienza a (m)aullar de manera lastimera).

Lo bueno de Effi Briest (dejando de lado un posible debate sobre si lo que hacen ya está hecho y si aportan algo nuevo o no y, una vez debatido esto, si están pasados de moda o suenan, diciéndolo a las bravas, anticuados), es que utilizan cualquier recurso para focalizar la expresión de lo que nos quieren transmitir. Exprimen sus credenciales hasta que después de la escucha el disco muta en una amalgama deforme cuyas características ya hemos descrito. Y a pesar de todo, volveremos a escucharlo precisamente por eso: porque han logrado que se convierta en un viaje muy interesante a pesar de lo que vemos ahí afuera, tras la ventanilla del vehículo. Y lo hacen mediante palíndromos (ver el título del tema “Mirror Rim”, por ejemplo) o con ecos de un órgano en reverb en lo que parece una sinfonía espacial ( “Nights”). Son capaces de entonar un canto de misa desquiciado y rabioso (en “Shards”) con momentos de terrible belleza en los bajones salteados que hay en algunos temas y que están constituidos sólo por una guitarra y la voz de Barrett.

Al principio hablábamos sobre las apariencias y la imagen pública que ofrecemos a los demás, y esto me recuerda a Public Image Ltd., el proyecto de Lydon nacido de las mismas cenizas que estos Effi Briest, así como la personalidad musical de Miss. Barrett también puede compararse con Ari Up & The True Warriors (o The Slits). Quizá sea verdad que no inventan nada, pero hacen suyas las frustraciones de Bovarys deprimidas y las zarandean para despertarlas de un sueño que se transformó en pesadilla mucho antes de lo que ellas quisieron con mucha más pasión y credibilidad que otras bandas post punk.

Jordi Guinart

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar