Rhine Gold Rhine Gold

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Choir Of Young Believers Choir Of Young BelieversRhine Gold

6.8 / 10

Ghostly International, con el paso de los años, ha abrazado cada vez más la música indie-friendly. De ahí han salido un buen puñado de grupos de los que se habla bastante como Gold Panda, School Of Seven Bells y Com Truise, pero también hay otros que, por aquello de que el vinilo siempre llega a menos gente, no han tenido el éxito que merecían (me vienen a la mente los geniales Kill Memory Crash). A Choir Of Young Believers ha estado a punto de pasarles esto. En 2009, Jannis Nova Makrigiannis (ex Lake Placid), un danés con sangre griega e indonesia, se fue a la isla helénica de Samos para dar con las canciones de su álbum de debut, “This Is For White In Your Eyes”, un interesante trabajo de avant-pop con arreglos orquestales que no cuajó mucho más allá de Dinamarca. Tres años después vuelve con nueva banda y renovado espíritu para entregar su segundo disco, “Rhine Gold”. Una reválida que han superado a medias.

Como en su debut, que iba de un corte a otro del avant-pop al sonido Madchester, en “Rhine Gold” Makrigiannis no se casa con nada, aunque sí se le ve más centrado a la hora de explotar la vertiente más arty del pop. Cuesta no imaginarle zambulléndose en la discografía de Prefab Sprout mientras preparaba este álbum, especialmente cuando nos encontramos con cortes como “Sedated”, que bien podría encajar en un recopilatorio de sofisticados clásicos de los 80s. Tres cuartos de lo mismo puede decirse de su primer sencillo, “Patricia’s Third”, una canción de menos de tres minutos (sorprendente cuando la media se sitúa por encima de los seis minutos), que tiene un inicio muy a lo “Cars” de Gary Numan. Si lo ponemos en términos modernos, Choir Of Young Believers podrían pasar por ser la respuesta danesa de Elbow. Su líder ahora tiene una voz mucho más madura, apuesta por los registros graves e intensos. Se parece mucho a Guy Garvey, pero ocasionalmente también tiene un rollo muy Robin Pecknold ( “Nye Nummer Et”). Lo mismo que ocurre con su música, oscura y afectada, como esa apertura, “The Third Time”, de inicio atmosférico y cuerdas arabescas.

“Rhine Gold” es un disco de largas canciones; sólo hay nueve y una de ellas se extiende a lo largo de más de diez minutos, “Paralysed”, es decir, el doble de lo que duraba la más larga del debut. Es su ocasional aportación al terreno del krautrock, aunque aquí entregan dos momentos algo desconcertantes. Más o menos mediado el primer tercio, el tema se descompone durante unos segundos para convertirse en una pieza de folk-pop de tintes psicodélicos. Esto sirve como anticipo para el final, que vuelve a recuperar esos sonidos durante dos minutos. Es decir, no sería del todo desacertado decir que “Paralysed” son dos canciones en una. Como experimento no está del todo mal, y hay que admitir que no molesta demasiado, pero uno se pregunta si era necesaria tanta duración. Lo mismo ocurre con “Have I Ever Truly Been Here”. Es el primer momento acústico del disco, la guitarra española pasa a primer plano y es quizá donde más recuerda a “This Is For The White In Your Eyes”, pero se recrean demasiado con la extensión. Realmente, esa outro de minuto y medio no aporta nada.

Makrigiannis demuestra que tiene las ideas mucho más claras que hace tres años, facturando un disco elegante (el mejor resultado de cuando se quiere poner sofisticado sin despeinarse es “Paint New Horrors”) que, aunque en sus formas tiene algunos defectos menores, debería bastarle para conseguir el reconocimiento que se merece ante tanto esfuerzo.

Patricia’s Thrist

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